Mercados mayoristas y cooperativas reportan desplomes históricos en ventas. La pérdida de poder adquisitivo empuja a las familias a reducir compras esenciales y ya hay cierres de verdulerías, changas y productores que abandonan fincas.
El consumo de frutas y verduras atraviesa uno de sus peores momentos en años. En distintos mercados del país, las ventas se desploman entre un 40% y un 50%, un derrumbe que comerciantes y productores atribuyen a la pérdida del poder adquisitivo y al cambio de prioridades en los hogares.
En Rosario, el principal mercado de productores marca una baja del 50%. “La gente no viene a comprar”, resumió Héctor Mariani, quien advirtió que ni las ofertas ni la estacionalidad logran revertir la tendencia. Los puestos lucen vacíos y el segundo semestre no ofrece señales de recuperación.
En Salta, la Cooperativa Cofruthos también registra una caída del 50%. Su presidente, Juan Russo, describió un panorama crítico: comerciantes que venden por debajo del costo para evitar pérdidas y jóvenes que buscan changas ante la falta de empleo. La papa es el caso más extremo: llegó a $2.500 el kilo por problemas climáticos en Balcarce, Mar del Plata y el sur de Córdoba. La bolsa podría bajar recién a fin de mes, cuando ingrese producción de Jujuy.
En Chaco, la Cooperativa Frutihortícola reporta una retracción del 40%. Su titular, Américo Barúa, señaló que la caída se sostiene desde hace un año y compromete la continuidad de la actividad.
En Mendoza, pese a que productos como tomate, zapallito, pimiento, berenjena, choclo, lechuga, papa y cebolla bajaron de precio, las familias compran cada vez menos cantidad. Los valores apenas cubren costos de producción y transporte, y la demanda está por debajo de niveles históricos.
El contexto nacional profundiza el cuadro: según el INDEC, en enero los alimentos subieron 4,7%, con frutas al 6,3% y verduras al 5,4%. El CEPA registró un aumento interanual del 65,4% en frutas en el Mercado Central, el doble de la inflación general. La Mesa Agroalimentaria advierte un “acelerado deterioro productivo y social” y productores que abandonan fincas.
Solo el 6% de la población consume las cinco porciones diarias recomendadas por la OMS, un dato que agrava el impacto sanitario del derrumbe.
