Entre la economía real y el discurso oficial, la carrera electoral se adelantó. La proliferación de precandidatos, las internas en LLA, la fractura del PRO y la reconfiguración del peronismo revelan un tablero cruzado por la tensión entre el miedo al vacío y el desgaste social.

Llegó agosto y con él se desató una lluvia de candidatos. A un año de las posibles PASO y terminado el Mundial, hay salida de largada para los candidatos y empezó la carrera electoral con toda su fuerza. Hay rumores de que Victoria Villarruel encabezaría una fórmula de derecha por fuera de La Libertad Avanza con una intención de votos cercana al 7%, similar a la de Myriam Bregman en sentido ideológico opuesto. El economista Hernán Lacunza, al igual que Melconian, se propuso para candidato a presidente por el PRO, Jorge Brito, y el peronismo todavía tiene prelanzados que van desde Grabois, pasando por Kicillof.
Hay tantos candidatos que hasta volvieron las llamadas candidaturas testimoniales del 2009, cuando Néstor Kirchner y otros se postularon a cargos que no iban a asumir. Ahora son testimoniales al cuadrado porque no solo es una candidatura que no podrá asumir, sino que tampoco podrá inscribirse. Hablamos de la candidatura a presidente de Cristina Kirchner que llega hasta a ser medida por consultoras y publicada por todos los medios, inclusive los llamados por el kirchnerismo de la corpo mediática como La Nación, Clarín o Perfil. El pastor Dante Gebel no se ha bajado aún, a pesar de que su campaña no terminó de despegar y la candidatura de Myriam Bregman sigue creciendo, lo que configura la mayor sorpresa del periodo preelectoral.
El hecho de que Lacunza y Melconian se propongan, sumado a la candidatura natural de Kicillof, todos economistas, muestra el punto de contradicción de la Argentina libertaria. Hay buenos números macroeconómicos, un discurso triunfalista del Gobierno y un deterioro muy fuerte del día a día de la mayoría de los argentinos. Del estamos mal, pero vamos bien de Menem al estamos mal, pero nos aseguran que de estamos bárbaro y vamos a estar mejor de Milei. Las candidaturas económicas se postulan para explicar las mentiras y desmontar la manipulación de los números que hace Milei. Hoy, la caída de la industria se combina con el crecimiento del área energética, la caída de la pobreza se combina con un empeoramiento general de la condiciones de vida de la población , ¿qué está pasando? Eso empieza por ser el debate en la actualidad.
En la vereda del oficialismo, la vicepresidente Victoria Villarruel apuesta a ser la nueva cara de la extrema derecha. Milei dijo que tiene candidato a vice, pero no dijo su nombre. Usó la palabra candidato en masculino y, frente a las especulaciones de que podría ser Martín Menem, lo desmintió. Desde Casa Rosada aseguran que “no pueden volver a cometer el mismo error que con Villarruel” e irán por alguien de más confianza. Ya en estas columnas adelantamos la hipótesis de una fórmula Milei-Milei, con la hermanísima de vice.
Esto deja a Villarruel un mundo por ganar. Si presenta una lista alternativa tratando de sumar al PRO y libertarios caídos en batalla como Marcela Pagano u otros, puede ser quien termine de generar que Milei pierda y a la vez, una apuesta por la renovación de la extrema derecha. Milei tiene menos argumentos para decir que le fue funcional al kirchnerismo, porque él mismo la echó del espacio.
Patricia Bullrich declaró que quiere ser candidata a presidente en 2031, luego de la reelección de Milei, pero su juego político, como siempre, es difícil de prever. Como dijimos reiteradamente en estas columnas, Bullrich solo se es fiel a sí misma y a su misión: la conquista de La Casa Rosada, algo que declaró que lograría cuando tenía menos de diez años. Toda una vida lanzada a un solo objetivo sin medir con quién se alía, bajo qué bandera milita y a quién traiciona. Sucede que los planteos para diferenciarse dentro de La Libertad Avanza resultaron en avances.
Finalmente sí se votó el pliego de la jueza, Verónica Michelli, que había sido vetada por Milei por ser la cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. Además, Bullrich había planteado en privado que Adorni debía dejar el Gobierno, aunque en público sostenía que el ahora destituido jefe de Gabinete, tenía que presentar explicaciones que todos sabían, era imposible que las presente sin inculparse. Con Adorni afuera, las diferenciaciones de Patricia Bullrich mostraron su poder de fuego dentro del oficialismo, pero la dejaron sin ángulo para mostrarse como algo diferente. Esto no significa nada. Bullrich puede estar esperando un momento mejor para lanzarse. Recordemos el video que había hecho.

Este video fue lanzado apenas hace un mes y Patricia Bullrich había desafiado con fuerza a Milei y se presentaba como una alternativa de extrema derecha más racional y con algunos elementos de mayor cuidado por la institucionalidad. En la imagen del laberinto se ve con claridad con tres opciones de salida del laberinto: Jefatura de Gobierno, vicepresidencia y Presidencia.
Caído Adorni, está libre el cargo de jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, pero Jorge Macri se acerca a Milei y empezó a mimetizarse con su perfil, algo que lo llevó a asperezas con su primo Mauricio; en breve vamos a retomar este punto. Sin embargo, si la cercanía entre Jorge Macri y Milei se sigue consolidando, Bullrich perdería una de las tres salidas al laberinto. Además, si los off de la Rosada de un candidato a vice que sea fiel para no repetir el mismo error que con Villarruel son ciertos, se cerraría la segunda salida del laberinto. Claro que Bullrich tiene sus propios planes y, según la reforma constitucional de 1994, un vicepresidente luego de cumplir su mandato puede ser electo y reelecto, porque su cargo como vicepresidente no cuenta a la hora de la reelección.
Sin embargo, si se confirman los off de la Rosada, quedaría solo la tercera salida del laberinto, por eso Bullrich reactualiza su discurso y dice que será en 2031, pero aún faltan algunos meses para oficializar la candidatura y, si la imagen de Milei sigue deteriorándose, puede volver a cambiar de opinión y Milei sería otro líder traicionado por Patricia Bullrich.
El último caído en traición fue Mauricio Macri, que cuando Bullrich se quiso acercar tras el saludo afectuoso en la cena de la Fundación Libertad se mostró distante. Ahora el submarino amarillo del PRO está atravesando una discusión en el seno de su tripulación. Como decíamos, Jorge Macri luce más cerca de Milei y Mauricio Macri más lejano y proclive a mantener la identidad PRO. Hubo una cumbre del macrismo en la que se volvieron a juntar los primos, pero no queda claro si hubo una síntesis.
Lo concreto es que Hernán Lacunza, exministro de Economía del PRO, se anota para ser candidato a presidente por el PRO, en línea con el argumento de Mauricio Macri de preservar la identidad amarilla, aunque manteniendo alianzas estratégicas en las provincias. El PRO sabe que si van separados gana el peronismo en provincia de Buenos Aires y le dan chances en la propia ciudad. Recordemos que en las últimas elecciones legislativas Leandro Santoro salió segundo, solo a tres puntos de Manuel Adorni, hoy fuera de juego, y el PRO quedó tercero. El PRO tiene la posibilidad de hacer que Milei pierda el poder y eso lo harán jugar con fuerza.
En el peronismo, Máximo Kirchner parece querer acercarse a Kicillof, de quien dijo que no lo separa ninguna diferencia programática importante, y Cristina Kirchner intenta forzar una candidatura testimonial al cuadrado, como dijimos, para presionar al gobernador bonaerense con los lugares en las listas. Kicillof se resiste porque, como dijimos en otras de nuestras columnas, no quiere ser albertizado. Es decir, no quiere encabezar un gobierno colegiado en el que Cristina tenga una permanente injerencia y se paralice la gestión por las internas, algo que resultó insoportable para la población, que se encontraba hackeada por la inflación y el deterioro de los salarios y veía como el gobierno que venía a llenar la heladera y recuperar el asado no hacía otra cosa que pelear.
Una encuesta que salió favorable al Gobierno, aunque mostrando su baja en la popularidad, midió a Cristina Kirchner contra Kicillof.
Es de CB Global Data. La medición la encabeza Milei con 32,4% y sigue Cristina Kirchner con 15,2% y Kicillof con 14,7% y Bregman 7,6%. Seguido por un muy interesante cuarto lugar de Victoria Villarruel con 6,4%. Lógicamente, Cristina no se presentaría y esos votos los representa Kicillof mejor que nadie, ese es el problema del kirchnerismo. Eso dejaría al gobernador bonaerense con casi un 30% y con posibilidades de avanzar sobre los votos de Bregman, quien trataría de resistir la polarización. Ese también es el escenario de Victoria Villarruel con respecto a Milei. De cualquier manera, el escenario que aparece fragmentado en la actualidad, en el que los matices y diferencias se discuten ampliamente, es posible que tienda a polarizarse entre quienes votan en contra de Milei y quienes lo hacen en contra del kirchnerismo.

Quien puede relanzar su candidatura presidencial dentro del peronismo es Gerardo Zamora, líder del Frente Cívico por Santiago, una coalición que incluye peronistas, kirchneristas y hasta radicales, que sacó anoche el 66% en la provincia, quedando segundos los libertarios con un 8% de los votos. Zamora empezó a hacer correr que sería candidato y este triunfo lo proyecta con todas sus fuerzas, porque llega en el momento mismo de la largada de candidatos.
De ser así, a este líder provincial se le sumarían Sergio Uñac de San Juan y Jorge Brito, dueño del Banco Macro. El outsider Dante Gebel y Daniel Hadad aún no confirman si quieren ser candidatos realmente o es solo una movida mediática para ganar centralidad.
¿Quién quiere ser presidente? es un juego de mesa sobre elecciones que fue creado por el docente marplatense Nicolás Martínez Sáez; comenzó a gestarse en 2014 y fue publicado en 2020 tras varios años de pruebas y ajustes. Su intención nunca fue reproducir con exactitud el funcionamiento de la política argentina, sino construir una sátira de la política latinoamericana, donde el poder es inestable, las alianzas cambian constantemente y las crisis pueden alterar el rumbo de los acontecimientos de un momento a otro.
El juego admite entre tres y seis participantes. Con los protocolos válidos en el pasado, todos comienzan representando a gobernadores que compiten por llegar a la Presidencia, aunque siempre hay un presidente en funciones. Quien ocupa ese cargo dispone de herramientas para influir sobre el resto de los jugadores, pero también debe enfrentar conflictos, administrar recursos y evitar que una combinación de negociaciones y maniobras políticas termine desplazándolo del poder.
La mecánica gira alrededor de tres elementos centrales: conseguir votos, acumular dinero y construir poder político. Sin embargo, el verdadero corazón del juego está en la negociación. Los participantes deben formar alianzas, hacer promesas, intercambiar favores, romper acuerdos cuando les conviene y aprovechar las debilidades de sus rivales. Las cartas introducen acontecimientos inspirados en la vida política latinoamericana —como denuncias de corrupción, crisis económicas, conflictos sociales, devaluaciones o intentos de desestabilización— que obligan a replantear las estrategias de todos los jugadores.
El plan de Kicillof para 2027 y la condición del kirchnerismo para sellar un acuerdo
A diferencia de muchos juegos competitivos, nadie queda eliminado. Incluso quien parece haber perdido toda influencia puede regresar al centro de la escena mediante un acuerdo inesperado o sacando provecho de una crisis. El resultado final depende menos de haber ocupado la Presidencia durante más tiempo que de la capacidad para administrar el poder y sumar puntos a lo largo de toda la partida.
Más allá del entretenimiento, ¿Quién quiere ser presidente? funciona como una metáfora del ejercicio del poder. La Presidencia aparece menos como una recompensa que como una posición frágil, sometida a presiones permanentes y a un delicado equilibrio entre intereses contrapuestos. En ese sentido, el juego propone una mirada irónica sobre la política: gobernar implica negociar, las convicciones suelen convivir con el pragmatismo y ningún liderazgo está completamente asegurado. Sin señalar a dirigentes o gobiernos específicos, convierte los mecanismos más reconocibles de la política latinoamericana en una experiencia lúdica que invita a preguntarse hasta dónde estaría dispuesto a llegar cada jugador para conquistar y conservar el poder.
Milei, que hace un mes parecía totalmente acabado y hace dos semanas que iba a una reelección asegurada, ahora vuelve a tener un futuro oscuro. Sobre el telón de fondo de un deterioro de las condiciones de vida de la sociedad, se largó con todo la carrera electoral y ahora se vive una proliferación de candidatos o precandidatos que presentan sus matices y sus propuestas; esto hace un momento de los más democráticos y plurales de la campaña.
Lamentablemente, la grieta y la polarización luego lo convierten en un escenario de rechazo contra rechazo. Hoy, Milei trata de infundir miedo sobre el escenario nuevo, aunque hay mucha gente muy enojada con su gestión. En la última elección era el peronismo quien planteaba que Milei era un salto al vacío, aunque había mucha gente enojada con los dos gobiernos anteriores. Paradójicamente, en parte hoy a Milei lo sostiene el miedo al vacío. Esperemos que en esta oportunidad se puedan votar por ideas más que solo por emociones.
«Quiero ser presidente» es un tema de Pochy y Su Cocoband, la histórica banda dominicana de merengue liderada por Alfonso «Pochy» Vásquez, uno de los grupos más populares de América Latina a comienzos de los años noventa. Un tema musical lleno de humor y sátira política que se escribió hace casi 30 años en República Dominicana, pero sigue siendo vigente para nuestro presente argentino.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
MEG/ff
