Durante meses, los investigadores lo buscaron en vano. Sabían que Waldo Alexis Bilbao, uno de los narcos más buscados de Santa Fe, seguía en Rosario, pero nunca lograban ubicarlo. Fue un detalle mínimo, casi doméstico, el que terminó de dar la pista: el pedido de pastillas anticonceptivas que su pareja realizó en una conversación interceptada por orden judicial.

Desde enero, equipos especializados habían montado guardias con cámaras de largo alcance frente a una torre de calle Colón, a metros del Monumento a la Bandera. En uno de esos departamentos cumplía arresto domiciliario Guadalupe Torres Servín, pareja de Bilbao e imputada como testaferro. Nunca se lo había visto entrar ni salir, pero los agentes sospechaban que él estaba allí, escondido.

El operativo final se lanzó el viernes a la noche. Tras irrumpir en el piso 18, la Tropa de Operaciones Especiales aseguró a Guadalupe y a sus hijos, mientras un grupo revisaba cada ambiente. El hallazgo estaba en el baño: una estructura metálica que funcionaba como escondite. Allí estaba Bilbao, que sufrió una crisis hipertensiva al ser descubierto.

La escena sorprendió incluso a los efectivos: celulares ocultos en lugares insólitos —uno en la caja de un tensiómetro, otro bajo el lavarropas— y un departamento convertido en refugio precario, que los agentes describieron como “un gallinero”. Bilbao llevaba dos años prófugo y había logrado permanecer invisible en pleno centro de Rosario.