Opinión

El estado de naturaleza en la era Milei

Seguramente tuvieron que hacer el esfuerzo para que no se les note. Es muy probable que durante los sesenta minutos en los que el presidente les habló apasionadamente sobre la teoría de uno de sus pensadores favoritos de la escuela austríaca, los integrantes del Gabinete hayan tenido que disimular y hacer gestos de ocasión.

Cuentan que Javier Milei, después del Tedeum del 25 de Mayo, en medio de la crisis interna desatada por el Adornigate y la guerra a cielo abierto entre Las Fuerzas del Cielo, los Menem y Karina, habló una hora entera de la obra de Robert Murphy. Se trata de «La Teoría del Caos», en la que el autor propone reemplazar al Estado por un sistema de pólizas privadas de seguros para asistir a la gente.

Si. El topo que vino a destruir el Estado desde adentro dedica gran parte de su tiempo a delinear una estrategia con ese fin, aunque eche mano a pensadores que desarrollaron sus teorías cuando el sistema democrático tal y como lo conocemos no existía. Habría que estar alerta. En su afán por avanzar hacia el pasado, la propuesta del libertario podría terminar en la vuelta al estado de naturaleza del que nos hablaba Thomas Hobbes, el transitar pre-político y sin autoridad común, en una guerra de todos contra todos, donde ganaba el más fuerte. Una forma de vida previa a lo que Jean-Jacques Rousseau desarrolló como el contrato social. Un acuerdo básico de convivencia entre la sociedad y eso que Milei quiere destruir por dentro.

Es evidente que la teoría anarcocapitalista llevada al extremo es imposible de llevar a la práctica. Tanto, que el Banco Central que quería incendiar Milei esta semana compró reservas para fortalecerse, como pidió el FMI. Es evidente que la realidad, la praxis, le muestra a Javier que sólo en su cabeza puede hacerse realidad un país sin Estado. Sin embargo, más allá de las contradicciones evidentes y el pragmatismo al que lo obligan a aplicar quienes lo rodean, detrás de la cáscara del delirium tremens, de fondo, el experimento libertario es la versión recargada del neoliberalismo que no solo no destruye al Estado, sino que lo pone al servicio de las corporaciones en detrimento de las mayorías. El Estado no se retira ni se destruye. Está presente más que nunca, pero para laudar en favor de las grandes empresas y los intereses económicos. Debilita al más débil y fortalece al poder real. Sistemáticamente. El ejemplo más claro de esta semana fue la quita de subsidios en los pasajes de larga distancia para pacientes oncológicos y personas con discapacidad. Como contó en La Pluma Celeste Del Bianco, al dejar de considerar a las empresas de transporte como un servicio público, las compañías establecieron en forma unilateral que ya no deben entregar pasajes gratis a discapacitados y a quienes necesitan trasladarse para hacer sus tratamientos contra el cáncer. La desprotección es total. La verdad es que, pensándolo bien, es casi como el estado de naturaleza en la era Milei. Que gane el más fuerte, sin importar quiénes queden en el camino.

El voto licuadora de la era Milei

En medio del ajuste sin fin, en el Latam Economic Forum, el ministro Toto Caputo dijo ante empresarios que el año que viene la que va a ganar las elecciones es la economía, no la política. Un mensaje a la interna que no cesa y al propio presidente. Javo, vos seguí sin arreglar los quilombos políticos, total, las elecciones las voy a ganar yo. Está claro que no hablaba de la economía real, la que te afecta a vos todos los días, en donde las grandes mayorías no llegan a fin de mes y sufren un deterioro constante de su calidad de vida. Toto hablaba de la macro, que esta semana le dio buenas noticias de la mano del nuevo desembolso del FMI. De los mercados. De la nueva economía reprimarizada, importaciones indiscriminadas y base de endeudamiento crónico para lo cuál él es experto. Habría que prestarle atención. Ocurrió en la elección de medio término y existe la posibilidad de un escenario similar. A pesar del ajuste, la inflación, la corrupción flagrante, los salarios pisados, la desocupación creciente, el cierre de empresas, la degradación de la salud y la educación públicas y el aumento de todos los servicios, la artificial estabilidad del dólar y el temor a que eso se pierda el lunes después de la elección puede pesar una vez más a la hora de las urnas. El voto licuadora de la era Milei.

Si bien el escenario no será el mismo que en las legislativas y el gobierno tendrá a cuestas el desgaste de cuatro años de gestión, nadie debería subestimar -otra vez- al proyecto libertario y la oposición debería estar pensando desde ahora un programa alternativo. Y tendrá que ser una propuesta no sólo anti-Milei, sino con contenido y direccionamientos propios. ¿Qué propone hacer la oposición con la deuda? ¿Cómo piensa devolver derechos, volver a financiar las universidades, los hospitales, las escuelas? ¿Qué vínculo piensa establecer con la sociedad a la que debe volver a representar? ¿Qué propone la oposición para bajar los niveles de agresión y violencia? ¿Qué va a hacer con los subsidios a los servicios públicos? ¿Los va a mantener con este nivel de recorte o va a buscar alternativas para que baje el precio del gas, de la luz, del boleto de colectivo o de tren sin desfinanciar a las empresas?

Solo ejemplos de un camino que es imperioso empiece a escribirse desde ahora, al compás de los armados, los nombres, las estrategias electorales y las internitas de siempre. Porque es urgente. Y para que nadie se sorprenda después, si Javier Milei o una alternativa libertaria con buenos modales gana las elecciones del año que viene.

 

SC

Sofía Caram

Sofía Caram

Sofía Caram nació en Buenos Aires, en 1983. Es periodista, conductora y locutora. Desde el año 2003 trabaja en radio, televisión y medios gráficos. Autora de «Condenada – El juicio contra Cristina Kirchner». Directora de La Pluma Diario. Mamá de Juan y Rafael.

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