El alivio de la empleada agredida: “Siento que denunciar valió la pena”

La condena a tres años de prisión de ejecución condicional por abuso sexual simple al exfuncionario provincial Marcelo Dellaporta significó un alivio para la empleada que lo denunció. “Siento una mezcla de emociones. Por un lado alivio, porque fue un camino muy difícil y largo. Y por otro, mucha emoción porque llegar hasta acá significó para mí enfrentar situaciones que nunca uno quiere vivir”, le dijo la joven a Rosario/12.
Dellaporta era Secretario de Participación Social del Ministerio de Salud de la provincia, el cargo de segundo rango después de la ministra.
La condena en juicio abreviado fue homologada por el juez de Santa Fe Leandro Lazzarini, con intervención de la fiscal Vivian Galeano. La sentencia incluye reglas de conducta como “abstenerse de mantener contacto personal y por cualquier medio (telefónico, electrónico, tecnológico, redes sociales o por interpósita persona) y de acercarse a una distancia menor a los 200 metros de la víctima”.
También dispone la identificación genética del condenado a los fines de su inscripción en el Registro Nacional de Datos Genéticos vinculados a los delitos contra la integridad sexual.
“Siento que fui escuchada y que denunciar valió la pena, cuando era algo que yo me preguntaba mil veces, si estaba haciendo bien lo que hice”, dice la empleada del Ministerio de Salud de la provincia. “Y si bien no se puede borrar lo que pasó, sí puedo decir que hubo una respuesta de la parte de la justicia”, suma.
Después de enfrentar miradas de sospecha entre sus propios compañeros, y la indiferencia de las autoridades, sabe que fue una buena medida denunciar a quien era su superior.
Lo sabe también porque otras mujeres -que no se animaron a avanzar en la Justicia- le contaron que habían vivido situaciones parecidas.
El 23 de octubre de 2024, la joven -en ese momento de 26 años- sufrió la agresión sexual en la oficina donde trabajaba. El entonces funcionario venía cometiendo acoso desde hacía tiempo, y ese día pasó al abuso.
Ahí empezó un largo camino. Pudo presentar la denuncia a fines de diciembre de ese año, pero en el Ministerio de Salud de la provincia, a cargo de Silvia Ciancio, parecía que nada había pasado. Dellaporta seguía en su cargo. El 22 de enero, el Ministerio de Salud de la provincia recibió un oficio judicial sobre el tema. El medio feminista Periódicas y este diario lo hicieron público. El tiempo siguió pasando.
El 6 de marzo de 2025, finalmente renunció el funcionario que había sido director del Hospital de Esperanza y concejal de esa ciudad, cercana a la capital provincial, por el Frente Unidos.
Ahí comenzó a avanzar la investigación, que este martes terminó en un juicio abreviado.
“La decisión de denunciar no es algo fácil. Fue difícil, porque no es solamente contar lo que pasó, sino es enfrentarse y atravesar los momentos que pasé de angustia”, cuenta la chica, que atravesó tratamiento psicológico y psiquiátrico. Su identidad se reserva por respeto a su integridad.
“Lo que es ministerial lo hice todo sola. No tuve apoyo”, dice ahora.
Lo que también cuenta es que lo vivido la cambió “mucho en lo laboral”. Estuvo un año con licencia médica. Le parecía muy difícil volver a trabajar con hombres, “volver a confiar, por así decir”.
“De hecho hablaba mucho con mi psicóloga el tema de la vestimenta, que era algo que él todo el tiempo me decía, ‘tenés que venir así vestida’, cosas así”, cuenta ahora, que va a trabajar con un jean y remera. “Parezco una crota, pero me siento cómoda y no me siento mirada ni observada”, describe.
Tampoco se sintió apoyada por sus compañeros. “Sé que ellos tienen miedo o, por ejemplo, cuando ahora estoy en una oficina sola, entran a hablar conmigo y dejan la puerta abierta o te hablan por los pasillos o hay gente que te mira”, relata esa revictimización sorda que viven muchas personas que han sufrido agresiones sexuales.
Porque denunciar una agresión sexual significa exponerse a la sospecha de haberla provocado, de haber exagerado o de haber incurrido en cualquier otra conducta que exculpe al agresor. La sospecha invertida.
“Siento que hasta que a una no le pasa y no lo vive, no se entiende”, subraya.
En el propio Ministerio, no atendieron su denuncia. “La ministra que nunca me quiso recibir. Yo le he mandado notas, tampoco nunca me las respondió”, agrega.
Incluso, volver a trabajar fue problemático. “Fue todo una odisea, me dieron muchas vueltas sobre adónde ir”.
“Se hablaba de que yo era quien lo provoqué, que quería crecer, que quería categoría y cosas así”, rememora.
Y por eso dice: “Con eso capaz cambian la mirada, de hecho siento que hay gente que me tiene que pedir perdón”.
