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El extraño caso del jet que aterrizó en Santa Fe, provocó eyección de funcionario y vinculan al hombre más rico del Perú

Un intervención de las autoridades del ARCA permitió liberar al costoso Gulfstream G600 con matrícula N318AG matriculado en un paraíso fiscal y relacionado con el magnate minero Eduardo Hochschild. El jerárquico de la Aduana responsable de la requisa de la aeronave por su extraño historial de vuelos terminó desplazado. ¿Otro vínculo del billonario con la provincia?

El extraño caso del jet que aterrizó en Santa Fe, provocó eyección de funcionario y vinculan al hombre más rico del Perú

Un jet privado de alta gama que aterrizó a fines de marzo en el aeropuerto santafesino de Sauce Viejo, quedó retenido por su historial sospechoso de itinerarios y lo liberaron dos días después por gestión de alto nivel desde el ARCA (ex Afip), derivó en el desplazamiento de un funcionario jerárquico de la Aduana y suma más misterio: periodistas porteños vincularon la aeronave, valuada en unos 60 millones de dólares, con el empresario más rico de Perú, un magnate que hizo fortuna con la minería y se diversificó en otros negocios.

Los periodistas Alejandro Bercovich y Andrés Lerner confirmaron en su programa Datita que el Gulfstream G600 con matrícula N318AG ingresó al país desde Perú, pasó por Córdoba y luego aterrizó en Santa Fe, donde realizó vuelos internos pese a que la normativa prohíbe ese tipo de operaciones para aeronaves extranjeras.

El jet, agregaron, está vinculado al empresario peruano Eduardo Hochschild, que figura en el ranking de billonarios de Forbes. El registro del aparato, sin embargo, es a nombre de CSC Delaware Trust Co Trustee. Es una firma con sede en Wilmington, principal ciudad del estado que es considerado un paraíso fiscal. La compañía se especializa en fideicomisos estatutarios, vehículos de propósito especial, fideicomisos de aeronaves y transacciones en los mercados de capitales.

La aeronave tocó la pista de Sauce Viejo el pasado 29 de marzo. Despertó sospechas al personal de Aduana apostado en la estación, que la inspeccionó junto con agentes de Migraciones y a la par rastreó su historial de vuelos. Los trayectos, en principio, lucieron irregulares. Y quedó retenida. Pero dos días después, el martes 31, el Gulfstream G600 fue autorizado para despegar al cabo de una secuencia oscura que incluyó un «retoque» de la normativa ad hoc.

El Gulfstream G600 llegó a Santa Fe proveniente de Ezeiza. las alarmas saltaron cuando el piloto, de nacionalidad chilena, solicitó autorización para un vuelo internacional con destino a los Estados Unidos.

Según registros de la plataforma FlightRadar24, el avión ingresó al país vía Córdoba, sin pasajeros, para después realizar vuelos internos transportando extranjeros que no figuraban en el ingreso original de la aeronave.

Los registros públicos de seguimiento aéreo indican que el avión voló el 25 de marzo desde Salta a Toronto (Canadá) y luego a Teterboro (Nueva York), regresando el 26 de marzo vía Lima (Perú) hacia Córdoba.

Luego cumplió con una serie de vuelos dentro de Argentina. De Córdoba a Santa Fe, desde Sauce Viejo a Buenos Aires. Nuevamente a Santa Fe y otra vez a Buenos Aires. El domingo 29 de marzo, a las 21.36, tocó la pista de Sauce Viejo y entonces quedó demorado.

Intervención para liberar el jet

La información que recabaron los periodistas porteños apunta a que el titular de la Dirección General de Aduanas (DGA, en la órbita del ARCA), Andrés Velis, fue quien inició las gestiones para destrabar la situación y al mismo tiempo evitar que el episodio llegara al conocimiento público.

El 31 de marzo, y por medio de una insólita reglamentación publicada en el Boletín Oficial, el lujoso jet quedó autorizado a despegar y abandonó el país. ¿Caso cerrado?

Funcionario fletado

Hubo consecuencias políticas, igualmente llamativas. Días después, el 10 de abril, la Disposición 38/2026 formalizó la finalización de funciones de Ludovico Hernán López Meyer como titular interino de la Aduana de Santa Fe. Fue, precisamente, el responsable de las inspecciones y búsqueda de registros de vuelos que detectaron las presuntas irregularidades y motivaron la retención de la aeronave.

El peruano que construyó un imperio luego de una tragedia familiar

En 2025, Eduardo Hochschild estaba ya considerado el hombre más rico del Perú. Su fortuna, según la revista Forbes, es de unos 2.400 millones de dólares.

Es el líder del Grupo Hochschild, un conglomerado minero e industrial cuya empresa insignia es Hochschild Mining, dedicada a la extracción de metales preciosos como la plata y el oro. Su influencia trascienden las fronteras peruanas: tiene presencia en Brasil y Argentina y diversificó negocios a otros rubros, como el del cemento.

Eduardo consolidó un imperio familiar a partir de un hecho trágico. En 1998, asesinaron a su padre, Luis Hochschild, en un intento de secuestro. De acuerdo a los informes de la época, integrantes de la banda coocida como «Los Injertos» interceptaron el vehículo del empresario y lo mataron junto a su chofer. En el auto estaba su hijo, quien tras la balacera fue secuestrado. Lo liberaron seis días después. Desde entonces, asumió la conducción del holding y lo potenció.

Un antecendente del peruano en la provincia: ¿cotos de caza?

El 9 de noviembre de 2017, la Policía Federal secuestró en la localidad santafesina de Villa Cañás más de 450 ejemplares de especies de fauna silvestre protegidas, algunos de los cuales estaban taxidermizados y otros, congelados.

En ese momento, Rafael Colombo, abogado especializado en ambiente, integrarte de la Asociación Civil Capibara y actual referente de la Asociación de Abogados Ambientalistas, afirmó que el hallazgo era parte del «negocio millonario de la caza de animales en Santa Fe».

El especialista agregó, en reproche a la tarea del Estado: «La caza, el comercio y el tráfico ilegal de especies animales ocurre en nuestras propias narices en la provincia de Santa Fe y las instancias de control son bastantes deficitarias». Señaló que se trata de un negocio millonario y estimó que existían unos 15 cotos de caza en la provincia sobre lo cual no había información oficial.

Colombo se refirió en aquel entonces al famoso coto «La primavera», en la localidad La Cabral del departamento San Cristóbal, que cuenta con servicio de hotelería y turismo. Recordó que era un criadero de especies exóticas varias veces denunciado. Y agregó que en pleno proceso judicial por esas acusaciones, «el predio fue vendido a uno de las personas más ricas de Perú». Se refería, justamente, a Hochschild.

«A partir de la contratación de un biólogo, dijo que iba a armar un santuario de la naturaleza, pero el problema es que uno de sus fines es la prestación del turismo cinegético (caza deportiva)», contó.

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