Dujovne lo presenta el lunes y el jueves expone en Comisión. «Casi todo el ajuste es nuestro», se resignó Frigerio.
El Gobierno confía en sancionar el presupuesto en un mes, pese a que los gobernadores no quisieron una foto con Mauricio Macri y que los bloques opositores más amigables no están entusiasmados en ser los socios del ajuste.
Rogelio Frigerio ya había pedido «un trámite express» a los jefes legislativos, pero ante los gobernadores prefirió hablar de números y no de plazos. Pero este mediodía mostró optimismo ante los legisladores macristas.
«El mayor ajuste lo hará la Nación al no actualizar por la inflación las partidas. Los gobernadores no pierden tanto como para comprarse un problema», se confió.
La hoja de ruta ya está diseñada: el lunes Dujovne presentará el presupuesto a las 12.30 en el Salón Delia Parodi del Palacio de Diputados; y el jueves asistirá a la Comisión de Presupuesto, presidida por Luciano Laspina. Lo esperaban para el martes, pero tenía problemas de agenda.
La Comisión volverá a reunirse la semana siguiente con más funcionarios invitados y Cambiemos buscará dictaminar en esos días o a más tardar el martes 1, llevar el presupuesto al recinto al día siguiente, aprobarlo, y esperar que el Senado no se demore más de dos semanas para convertirlo en ley.
Su apuesta son los votos de Argentina Federal, los bloques identificados con los gobernadores, donde no hay ánimo de archivar el presupuesto pero tampoco de cumplir órdenes sin chistar.
Expectantes, en algunas tertulias ya encontraron una excusa para una eventual rebelión: los mandatarios no se expresaron por unanimidad, como hicieron con la reforma previsional sancionada en diciembre con el Congreso sitiado.
«Esa vez el Gobierno pagó el costo de la ley, pero ahora nos operan los medios como socios de un ajuste y eso puede complicar las cosas», sostuvo ante LPO un senador del Justicialismo, cuyo jefe provincial estuvo el martes con Macri, pero todavía no lo llamó.
«Ni siquiera nos están aconsejando qué hacer. Vamos a esperar a ver el proyecto», bromeaba. La hipótesis, lineal, de una obediencia debida a los jefes provinciales, puede ser un arma de doble filo porque al sentirse ninguneados los legisladores tensan la cuerda o aprovechan a resolver sus internas.
«¿Qué es esto de que se negocian las leyes fuera del Congreso?», protestó el martes la senadora misionera Magdalena Solari Quintana. Su gobernador, Hugo Passalacqua, es una de las esperanzas del Gobierno para sumar votos.
Como explicó , Miguel Pichetto debió contener una rebelión en su bloque, porque varios de sus pares exigen posiciones claras contra la política económica.
Los más fastidiosos responden a la línea dura de gobernadores (Gildo Insfrán, Caros Verna y Juan Manzur), Macri puede alcanzar a la mayoría en ambas Cámaras sin ellos, pero tal vez no en los tiempos que sueña.
Surgió otro problema: hay legisladores de bloques «dialoguistas» que no gobiernan sus provincias y temen sacrificar su futuro electoral si quedan pegados al acuerdo con el FMI.
Un ejemplo es el senador jujeño Guillermo Snopek, que salió de la mesa chica de Pichetto por temor a quedar tildado de cómplice por el kirchnerismo y perder terreno como rival de Gerardo Morales.
Casos así hay muchos y en la Casa Rosada no hay un plan para contemplarlos, aunque tampoco saben si es posible intervenir cuando lo que está en juego son expectativas electorales.
La urgencia de Macri puede abrir otra opción: aprobar el presupuesto con muchos cambios, pero en los tiempos que anhela. «Sólo se rechazan nuevas planillas de obras y las cifras no se tocan nunca», son los límites en el oficialismo. Cualquier otra pretensión puede ser bien recibida, con tal de acelerar los trámites.
