Claves. En otra insólita conferencia, Fernández anunció restricciones que no se ejecutan. Nadie quiere dar pasos hacia atrás en la cuarentena. La anomia complica a Rosario y la economía jaquea al gobierno nacional
Nadie se anima a pulsar el botón rojo, ahora que la pandemia se extendió como una mancha del humedad hacia las dos provincias más grandes, exceptuando a Buenos Aires.
“¿Yo señor? No señor”, dicen gobernadores e intendentes. Incluso, el propio presidente de la nación encabezó junto a Omar Perotti y Gerardo Morales una extrañísima charla en la que amenazó con cambiar y aumentar las restricciones en 18 distritos, pero termino diciendo: “En estos días lo vamos viendo”, palabras mas, palabras menos. Insólito.
Rosario está en una situación extrema. Lo que no sucedió en meses, apareció en quince días. Los casos están a la orden del día, la ocupación de camas es récord a nivel nacional. Pero que nadie espere que el intendente apriete el botón rojo. En todo caso los decretos son provinciales.
Es tal el desquicio económico que ha dejado la peste y sus contextos, que ya ninguna encuesta privilegia la salud por sobre los temas económicos. Como dijo Facundo Manes, allá lejos y hace tiempo, “habrá que aprender a convivir con la pandemia”. El problema es que los argentinos, tan anómicos e irresponsables en buena parte de sus estamentos no saben nada del manual de la sana convivencia.
Convivir con el virus
Y esta no es una elucubración teórica. En cuanto se decidió abrir Rosario, la ciudad se llenó de casos. No le pidamos peras al olmo, decían nuestros abuelos. Ahora, hay que maniobrar en la pandemia, con números promedio de 1.000 casos. “El lobo está acá”, cantaba Pity Alvarez.
Alberto Fernández creía que algunos gobernadores (entre ellos Perotti) iba a dar dos pasitos para atrás. No hay margen. Por eso ayer, aunque pasó inadvertido, el presidente fue taxativo: “Santa Fe es la provincia donde más crecen los casos”. Salvo un decreto nacional que involucre a las provincias, nadie se moverá de donde está.
El hecho de resignar a la pandemia como prioridad, dimensiona aún más la debacle económica. Fernández se cayó como un piano en imagen y la negativa ya supera a la positiva. Todo fue dicho en esta columna cuando las encuestas les daban baños de espuma a los gobernantes. Ahora, seguirán en baja.
Ayer, el gobernador reunió a 450 funcionarios por videoconferencia. Los alentó a convertirse en difusores del cuidado de la salud, cual mensajeros del Señor. A su lado, el único funcionario que estaba era Marcos Corach. ¿Una señal de lo que vendrá en el gabinete o una demostración de lo que ya esta? Imposible saberlo: Perotti es hierático.
Atravesó una semana complicada, como la atravesarán otros. Santa Fe siempre anticipa los tiempos. Al margen de los episodios en Venado Tuerto (¿cómo lo dejan tan solo al gobernador de la provincia a la hora de tener que enfrentar momentos de irascibilidad?), el peronismo de Diputados votó en contra del veto que rechazaba darle una suma fija a los reemplazantes en educación. Si ese día se sesionaba para tratar la cuestión de las ART, el peronismo también le votaba en contra.
Y, hay en cola, leyes como la de la reforma policial, que podría seguir el mismo camino en el Senado. Además de la reunión que el gobernador encabezó ayer con los funcionarios, deberá encontrar sintonía fina con sus propios legisladores. En Diputados depende de la voluntad del Frente Progresista. El gran tema está en el Senado.
De a poco, empieza a filtrarse el tejido preelectoral. El año próximo, para esta fecha, habrán pasado las elecciones. La mejor noticia para el peronismo es el limbo de la oposición, que cree que, dividido, puede ganarle al Frente de Todos en medio de una pandemia.
Fernández sabe que Santa Fe es clave para tener dos últimos años con cierta gobernabilidad y no escatimará esfuerzos —ni plata— para que Perotti también pueda disfrutar de una victoria de mitad de mandato. En la vereda de enfrente no hay oposición, hay oposiciones: socialismo, radicales divididos entre el Frente Progresista y Juntos por el Cambio, macristas enfrentados entre sí, progresismos varios (Carlos Del Frade, Rubén Giustiniani, Ciudad Futura) e izquierda clasista.
Pero, claro, como le dijo un peronista de los importantes a La Capital: “El problema somos nosotros, no le metemos un gol a nadie. Algunos siguen demasiado acostumbrados a ser oposición al Frente Progresista y no se dieron cuenta de que gobernamos la provincia. Perotti tiene que mover el gabinete. ese es el botón rojo que tiene que apretar”. La fuente pidió reserva de nombre, apellido y cargo. Se respeta.
Perotti, con la multitudinaria reunión de ayer por Zoom, parece decidido a cambiar de estrategia, de subir a todos al barco (aunque a los ministros no les guste compartir estas cuestiones con semejante multitud en la cubierta) y, tal vez, a ampliar la cuotaparte.
El rafaelino debe recuperar los aires de futuro que tenía al momento de ganar, cuando algún asesor de campaña (famosísimo él) se entusiasmaba con hacerlo jugar en la disputa nacional de 2023. Lo mismo que se escribió por estos días en un diario nacional, aunque prohijado por el siempre sospechoso Juan Schiaretti.
