“¿Quiénes son mis enemigos? Mis padres, mi familia, el medio en el cual crecí, la sociedad burguesa, Suiza, el sistema. En el concepto de lo burgués se oculta algo que es hostil a todos. En mi calle, en Zúrich, todo debe estar en calma siempre. Se manifiesta como un imperativo: ¡Calma, calma!, como quien dice ¡No vivan, no sufran, no hagan ruido! Yo fui atacado por el mal que ataca en mayor o menor grado a toda nuestra sociedad actual. Yo soy el ocaso de Occidente. Yo soy el carcinoma de Dios.”
Cuando Fritz Zorn escribe Mars, o como se conoció en castellano Bajo el signo de Marte, se estaba muriendo. El cáncer lo obliga a escribir el libro. En él cuenta su enfermedad, su vida de neurótico y la falsa tranquilidad que asistía en la sociedad suiza a principios de los setenta: una aparente calma que recorría los cuerpos, transformándose en dolor. O al decir de hoy, “el efecto psicosomático”.
¡Cómo la vio el suizo! En la actualidad, a consecuencia de ello, estamos asistiendo al gobierno de los hijos del dolor. Y todos sabemos bien, el sufrimiento, entre otras sordideces, pare resentimiento, sino veamos.
Caso 1: Un muchacho, de escasos veinte años, quiere triunfar en el mundo del cine, sus padres forman parte de él. Lo intenta, pero fracasa reiteradas veces. Entonces elige el confort familiar, trabajando en la productora fundada por el abuelo (sólida y rentable). Se emparenta con el jet set, convirtiéndose en la cara visible de un conglomerado comunicacional importante. De ahí a la presidencia, y dos veces… Se cuentan por millones las víctimas de sus decisiones
Caso 2: Otro pibe, pero más de este lado del mundo, no pudo con el ciclo básico de la universidad insignia de su país. Emprendió el camino en la universidad privada, a modo de atajo-favorecido por la posición económica de papá-. También quiso ser popular de muchas formas, dando en verdad, un poco de vergüenza. Hoy es mandatario, dirige los destinos de casi cincuenta millones de personas, y desfinancia la educación pública.
Caso 3: Joven con pocas inquietudes, pero muchas ambiciones; igual a las que contó Oliverio Girondo en “las chicas de barrio Flores”. Siempre al alarido de la moda de lo banal: el teñido, el tarot, la astrología, la repostería, en definitiva, la mediocridad absoluta. Ah, pero la democracia representativa burguesa le dio la chance, una gratificación especial por haberse sabido ubicar en los intersticios del poder, a la sombra de lo privado, bien al filo de lo secreto y lo irreproducible; casi a unos tres centímetros del elegido (puede expresarse igualmente en porcentuales)
Al parecer, el mundo va por ahí. Ya no es la lucha de clases el motor de la Historia, sino los resentimientos sociales. Otra vez, el testimonio literario, en este caso el de Fritz Zorn, predijo el futuro.
Nota al pie: Fritz Zorn era el seudónimo de Fritz Angst. Este apellido significa angustia, mientras que el alias Zorn, ira.
