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En el área de Trabajo

Las ratas abandonan el barco: se producen nuevas renuncias en el Ministerio de Sandra Pettovello

La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, más sola que perro malo. (Dibujo: GROK-IA)

 

 

 

La gestión libertaria parece haber convertido la Secretaría de Trabajo en una puerta giratoria, donde los funcionarios entran, hacen su número y salen antes de que alguien alcance a recordar sus nombres. Esta vez, las bajas fueron Miguel Ángel Ponte y Luis Palomino, dos piezas que, al parecer, ya no encajaban en el rompecabezas de Julio Cordero.

Desde el Ministerio de Capital Humano, con su clásica frialdad burocrática, informaron que las salidas “forman parte de las reorganizaciones habituales”. Claro, porque en este gobierno despedir gente es casi un deporte nacional.

¿Quiénes son los nuevos caídos?

Ponte, que venía con experiencia en la gestión de Mauricio Macri, trabajaba ad honorem, porque ser funcionario sin sueldo es el nuevo lujo de la casta. Había sido uno de los cerebros detrás de la reforma laboral de Milei, pero ahora decidió mudarse a un think tank llamado Instituto para el Crecimiento.

¿Su misión? Promover “el pensamiento crítico y el crecimiento sostenible”. Suena lindo, pero con este gobierno, el único crecimiento garantizado es el del desempleo y la inflación.

Palomino, en tanto, venía dirigiendo la unidad que maneja el programa “Volver al Trabajo”, el nombre marketinero que le pusieron a Potenciar Trabajo tras un rebranding poco inspirado. Ahora vuelve a su antiguo puesto como concejal en Vicente López y, de paso, tantea el terreno para una candidatura a intendente. Porque nada dice “vocación de servicio” como renunciar a mitad de mandato para buscar otro cargo.

Si algo ha caracterizado a la gestión de Sandra Pettovello es el desfile incesante de funcionarios que entran y salen. Primero cayó Pablo de la Torre, tras el escándalo de los alimentos acumulando polvo en depósitos en lugar de llegar a los comedores.

Luego, Constanza Cassino tuvo que irse después de que trascendiera la compra de una cafetera de 2 millones de pesos. Porque si algo no se negocia en la casta libertaria, es el café de alta gama.

En la Secretaría de Trabajo también hubo cimbronazos: Omar Yasín tuvo que irse por el escándalo del aumento a funcionarios de Milei, y Mariana Hortal Sueldo renunció en solidaridad.

Mientras tanto, el Gobierno sigue repitiendo que estas salidas son parte de una “revisión constante” para “optimizar recursos”. Lo cierto es que, con tantas fugas y renuncias, la gestión parece más un barco a la deriva que un gobierno con rumbo claro. Y si este es el plan maestro de la “nueva política”, más de uno ya debe estar buscando los salvavidas.

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