El Gobierno celebra la baja de la inflación (1,7% en agosto) y un superávit primario de $1,86 billones, pero los informes técnicos cuentan otra historia: agosto fue el mes de mayor ajuste real del gasto público de toda la gestión de Javier Milei. Según la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), el gasto primario cayó 10,2% interanual en términos reales; el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) calcula una baja de 9,96%. Nunca antes, en tres años, se había recortado tanto en un solo mes.

El recorte no fue lineal: pegó donde más duele. Las transferencias a las provincias se desplomaron 86,1% interanual en agosto (81,9% según IARAF) y acumulan una caída del 64,6% en los primeros ocho meses del año. Las jubilaciones y pensiones cayeron 10,1% en términos reales, las ayudas sociales y asignaciones familiares perdieron 19,3% y los salarios públicos, 7,9%. En la comparación contra 2023, la obra pública quedó 83,6% por debajo y las universidades nacionales acumulan un recorte real del 39,7%.

El dato más incómodo para el relato oficial lo aporta la propia ASAP: el superávit de agosto se sostiene sólo si se ignora cómo se financia el Tesoro. El organismo advierte que, si los intereses capitalizables de las Letras del Tesoro y los bonos se registraran con el criterio contable convencional, el resultado financiero del año sería deficitario. Es decir, el «equilibrio fiscal» que Milei blande ante el FMI depende de un maquillaje contable que oculta el rojo real.

El ajuste récord responde a una caída de la recaudación tributaria (5% interanual entre enero y agosto) y a la necesidad de sostener la meta de superávit primario del 1,4% del PBI comprometida con el Fondo Monetario Internacional. «El Gobierno viene recortando. Agosto fue el mes de mayor reducción real del año. Eso obedece a la caída de la recaudación y a sostener el equilibrio», admitió el director del IARAF, Nadín Argañaraz.

La otra cara

Mientras tanto, los datos oficiales de empleo dibujan la otra cara de la «película» que pregona el mandatario: en junio se perdieron 15.000 puestos de trabajo registrados y los asalariados privados cayeron a 6.126.000, el nivel más bajo en 50 meses. La Canasta Básica Alimentaria –lo mínimo para no ser indigente– subió 39,6% interanual, casi 6 puntos por encima de la inflación general, y la mitad de los trabajadores cobra menos de $2 millones de bolsillo.

El malestar ya no es sólo de la oposición. La encuesta de Qmonitor detectó el peor clima social de la era Milei: el 59% considera que el país está peor que en 2023, el 75% de los hogares tuvo que recortar gastos para llegar a fin de mes, el 89% cree que el ajuste «no valió la pena» y el 91% sostiene que el plan perjudica a los sectores más vulnerables. Incluso el 31% de quienes votaron a Milei en primera vuelta hoy desaprueba su gestión. El INDEC dará su veredicto oficial sobre la pobreza el 24 de septiembre; los datos de las canastas anticipan que subió.