El mercado automotor volvió a mostrar señales de enfriamiento: menos operaciones, compradores más cautelosos y un contexto económico que frena cualquier decisión de gasto grande.
La venta de autos usados registró en julio una caída marcada en todo el país, profundizando la tendencia que el sector viene mostrando desde comienzos de año. Las concesionarias y agencias coinciden en que el mercado está “planchado”, con menos consultas, operaciones demoradas y un público que prioriza liquidez antes que comprometerse en una compra.
Entre los factores que explican el retroceso aparece en primer lugar la pérdida del poder adquisitivo, que golpea de lleno a la clase media, principal motor del mercado de usados. A esto se suma la incertidumbre económica, que desalienta decisiones de consumo durables y empuja a muchos potenciales compradores a esperar una mayor estabilidad de precios.
Otro punto clave es la financiación casi paralizada: las tasas altas y la poca oferta de créditos accesibles dejan fuera de juego a quienes dependen de planes bancarios o prendarios para cerrar una operación. En paralelo, los vendedores particulares también se muestran más cautos, lo que reduce la disponibilidad de unidades en buen estado y con papeles al día.
Las agencias señalan que los modelos más buscados —compactos, sedanes económicos y utilitarios livianos— también sufrieron la baja, mientras que los vehículos de gama media y alta directamente quedaron fuera del radar. El sector espera que la actividad repunte recién hacia fin de año, siempre y cuando haya señales de estabilidad macroeconómica y una mejora en la capacidad de compra.
