La niña de 6 años falleció tras un accidente escolar en Rosario. Su padre publicó una carta en la que explicó la decisión y llamó a reflexionar como sociedad.

La muerte de Luna Miqueo Cuello, de 6 años, tras un accidente escolar en Rosario, generó una profunda conmoción. En medio del dolor, su familia decidió donar sus órganos, una determinación que fue acompañada por una carta pública de su padre en redes sociales.
“Quiero que se la recuerde por su vida, no por su final. Donar es multiplicar el amor”, comenzó el mensaje difundido en Facebook.
«Mi hija Luna era una niña profundamente alegre, ocurrente y llena de amor. Tenía una forma única de mirar el mundo, con una dulzura y una generosidad que se sentían en cada lugar al que iba. Le encantaba jugar, reír, compartir, y tenía esa capacidad tan especial de hacer sentir bien a los demás», detalló.
«Desde muy chiquita, a sus 2 años, comenzó el jardín, la colonia y distintas actividades. En cada uno de esos espacios dejó una huella. No sólo por su energía y su alegría, sino también por su forma de vincularse, por su cariño sincero y su manera de incluir a todos».
«En medio de tanto dolor, como familia decidimos donar sus órganos para que su amor y su luz sigan presentes en otras vidas. Elegimos que su historia también sea una oportunidad de vida para otros».
En otro tramo del texto, el padre reflexionó sobre el rol de los adultos: «Los niños necesitan jugar, es parte de su naturaleza, y como adultos no podemos ni debemos impedirlo. Pero sí tenemos la responsabilidad de brindarles herramientas, espacios seguros y la contención necesaria para que puedan hacerlo de manera cuidada».
También expresó: «Reconocemos profundamente el trabajo de la mayoría de las docentes, que ejercen su labor con verdadera vocación, muchas veces en condiciones que no son las ideales y sin el acompañamiento necesario de las autoridades».
«Sabemos, como padres, que no es fácil cuidar a un niño, y mucho menos a muchos a la vez, cada uno con su historia y su forma de ser. Por eso, este mensaje también es de respeto y de pedido: que se generen las condiciones adecuadas para que puedan acompañar a nuestros hijos como merecen».
Finalmente, concluyó: «Que este terrible accidente no sea en vano. Que nos impulse a crecer como sociedad, a revisar, a mejorar y a cuidar más. Que nos encuentre más atentos, más comprometidos y más humanos. Quiero que se la recuerde por su vida, no por su final. Donar es multiplicar el amor».
