Opinión

La guerra de los roces

Claves. A menos de un mes de haber asumido el gobierno peronista, es indisimulable y cada más intensa la tensión entre oficialismo y oposición. Una mala transición que se traduce, ahora, en malos episodios cotidianos.

 

La relación que empezó mal en la transición, está peor en estas primeras semanas del nuevo gobierno santafesino. Y, durante cuatro años, no cambiarán las condiciones objetivas de la correlación de fuerzas institucionales como para esperar un cambio copernicano.

A menos de un mes de haber asumido, el ministro de Seguridad, Marcelo Saín, acusó al socialismo de haber aportado militantes para escrachar la casa del gobernador Omar Perotti. En el mismo lapso, el Ejecutivo vio reducido a cenizas sus proyectos de emergencias. La tensión política es indisimulable.

Hay una primera verdad que debe ser dicha: desde la oposición juzgan estos días de Perotti en el poder como si hubiera asumido hace un año. Aunque la sociedad ya no le dispense una luna de miel en la mano a ningún gobernante, en algún ítem hay que dejar pasar el tiempo para que los equipos del rafaelino se acomoden.

Sí son preocupantes algunas cuestiones en Seguridad, porque ahí sí se nota más el vacío de la relación entre el gobierno saliente y entrante durante la transición. Han sucedido episodios en los últimos días que marcan una continuidad con los ataques ocurridos durante la gestión del Frente Progresista, como la balacera al Centro de Justicia Penal. No hubo prevención ni represión.

Tensión en La Perla del Oeste

La situación que se vivió en Rafaela fue preocupante y, verdaderamente, la familia del gobernador no la pasó bien. Aunque algunos funcionarios toman distancia de la acusación de Saín al socialismo, resaltan con preocupación que «hubo mensajes de Whatsapp llamando a participar de la marcha» de personajes conocidos. Los escraches nunca son una buena noticia ni deben ser celebrados.

En paralelo, ante la ausencia marcada de patrullajes en Rosario, desde el gobierno santafesino dijeron ayer a este diario que en los próximos días habrá más despliegue y, «como medida urgente se incorporarán más policías», además del funcionamiento de una mesa institucional en la ciudad, compuesta por representantes del Ministerio de Seguridad, el municipio y la policía.

Seguridad es el ámbito clave para Perotti. Allí se encontraron las falencias más severas de los doce años de gobiernos socialistas y, allí también, el actual gobernador hizo germinar su mayor promesa de campaña: «Orden y paz». Por ese resultado será evaluado.

Las declaraciones de Saín marcarán seguramente un antes y un después en el tránsito de la relación. «Lifschitz y (Rubén) Galassi deberán responder qué hacían ahí sus militantes. Hubo una participación, sin dudas, son militantes socialistas», disparó el picante funcionario de Perotti. En el Frente Progresista hay tres acciones a evaluar: llevarlo a la Justicia, citarlo a dar explicaciones a la Cámara de Diputados o dejar que las propias palabras lo castiguen. Seguramente, no harán nada de eso.

En paralelo al tema seguridad, antes de lo pensado aparecieron las primeras fricciones entre sindicatos y el gobierno peronista. La decisión de ralentizar el cronograma de pagos fue la justificación para las críticas y la acción gremial.

Respecto del adelanto de paritarias de 4.000 pesos a pagarse en dos cuotas que estableció la administración nacional para privados y estatales, según pudo saber LaCapital, Santa Fe no seguirá el camino de Fernández. Atento, incluso, a la reorganización del cronograma de pago de salarios, que quedará completado el 15 de enero.

Marzo caliente en Santa Fe

Como siempre en la provincia, las paritarias serán clave para definir el futuro de la relación entre el gobierno y los sindicatos. Ese será uno de los partidos cruciales del gobernador.

En lo político, empieza a crecer adentro de la Casa Gris la necesidad de hacer más política en la relación con el oficialismo, fundamentalmente en la Cámara de Diputados.

«Hay que hablar con los radicales, no está todo bien entre ellos y Lifschitz. Debemos explorar con política y mejorar el vínculo desde abajo hacia arriba», reveló a este diario una espada oficialista que, incluso, reseñó la tirria histórica que Perotti mantiene con el socialismo. «Con el radicalismo puede ser diferente», confió.

Algo deberá hacer Perotti, porque los números le juegan en contra en la Cámara baja (el peronismo sólo tiene 7 sobre 50 diputados). En el Senado, la votación a favor del Ejecutivo de los seis senadores díscolos genera ahora más confianza.

La mala relación de oficialismo y oposición no ofrece un panorama optimista. No es una buena noticia. En plena transición, desde esta columna se repitió que había un diálogo de sordos entre las partes. Como de alumnos de primaria.

Desde el 16 de junio hasta el 10 de diciembre no hubo forma de que los representantes del gobierno del Frente Progresista y del entonces futuro gobierno peronista generen algo de concordia. De aquellos polvos nacieron estos lodos.

El vínculo entre gobierno y oposición es la guerra de los roces.

Por Mauricio Maronna

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