Las dictaduras genocidas que asolaron nuestro continente en los ‘80 prepararon el camino para pasar del crimen planificado y sistematizado, a la actual criminalidad del “dios Oscuro” del libre mercado. Esta farsa requiere hoy del aparato mediático y de las llamadas redes sociales, para que cada habitante alienado tenga que transformarse en un verdadero aparato que tenga respuestas para todo.
Esto parece establecerse con cierto respaldo público (¿suicidio social?). Claro que para consolidar un poder fascista se necesita un enemigo, un chivo expiatorio, que oportunamente va a mutar de acuerdo a la región y a la cultura socio-política imperante. Estos enemigos públicos que atentan contra la modernidad, sean negros o latinos, zurdos o “progres”, comunistas o populistas, tienen una condición en común, deben ser arteramente estigmatizados para resultar propicios de exclusión y de escarmiento.
El Plan Condor -adoptado por dictaduras del Cono Sur bajo liderazgo estadounidense, instaló un periodo de exterminio no menor a 10 años-, parece recoger su cruel cosecha a través de posiciones de extrema derecha, que siembran una desconfianza absoluta hacia la política y un desprecio absoluto por las organizaciones populares, operando a través de un cerco mediático y con mal intencionadas operaciones judiciales, carente de pruebas y de hechos. Y perpetrando ofensivas geopolíticas (amenazas y maniobras militares) destinadas a recolonizar la región y de no resultar factible, acudir a nuevos baños de sangre.
El neofascismo descarga toda su violencia para intimidar y aleccionar a cualquiera que pretenda alzar su voz o vertebrar su protesta, su política social se centra en la imposición del terror y en el castigo sin tregua ni atenuantes. Si llevado a la luz, los tremendos y atroces hechos cometidos por la dictadura y ante la posibilidad de que crímenes de “lesa humanidad” quedasen impunes, se alzó la voz popular con la consigna: “No hubo errores, no hubo excesos, son todos criminales los milicos del proceso”. Considero que, en este modelo de terror financiero tampoco se trata de errores y de excesos, ya que el endeudamiento y la entrega del patrimonio nacional, son parte del plan, mientras que la corrupción y la estafa, resultan estructurales a la lógica de este capitalismo.
Un capital desterritorializado (que invierte aquí, allá, o más allá), buscando la tasa y la impunidad más elevada, parece arrasar con nuestros países, que decididamente no son países pobres, si no empobrecidos. América Latina plena de recursos, ha sido dominada y saqueada por potencias extranjeras durante cinco siglos. Esto pudo sostenerse, en tanto una pequeña elite (calificada en términos raciales), tomó el poder y vivió a la “europea” antes y ahora a la “americana”, en detrimento de la mayoría de la población que permanece en la pobreza. Elites enriquecidas antes por el comercio (puertos mediante) y hoy por formar parte de los macabros movimientos financieros (aeropuertos mediante), que fomentan (como único plan) la exportación de materias primas, sin preocuparse por ningún tipo de valor agregado (es otra plusvalía la que les interesa) en detrimento de la diversificación y del desarrollo productivo. Lo que produce que esa economía que ellos gerencian para los amos de turno, vaya una y otra vez al fracaso.
Entonces, es cuando el capitalismo se ofrece, cada vez en peores versiones, para solucionar la misma crisis que ha generado, en eso consiste su mayor artimaña: generar escenarios de derrumbe, para luego proponer salidas que no son otra cosa que su reproducción ampliada, sus juegos de acumulación y excesiva rentabilidad, montados sobre el despojo. Para eso hay que demoler el Estado nacional, tal cual lo concebimos y lo construimos, para imponer otro modelo de Estado que insisto, es fascista.
Cuesta comprender porque raro motivo “el mundo de los negocios” rechaza el “estado de bienestar” y desde oscuras motivaciones, sigue sosteniendo las recetas de austeridad y de ajuste, cuando está claro que un “estado de bienestar” redundaría inmediatamente en un aumento del consumo y en la posibilidad de que algunos de los sectores más postergados puedan tener acceso a vivir de otra manera. Sin embargo, el neoliberalismo aumenta la pobreza, la marginalidad y la desocupación (o el empleo “chatarra”). Las políticas de “apriete”, disfrazado de disminución del déficit fiscal, se han transformado directamente en mecanismos destructivos y letales. Ahora esta reforma laboral, tal como la están proponiendo confirmaría el exterminio.
En los últimos dos años en Argentina, la represión ha sido durísima y no ha respetado ni siquiera a ancianos o a discapacitados. Esto que los medios hegemónicos nombran como incidentes o escaramuzas, son métodos consensuados y dirigidos en base a una represión violenta, que incluye gases, disparos y fuertes golpizas.
El 28 de noviembre de 2025 el Comité contra la Tortura (CAT) organismo especializado de Naciones Unidas, tuvo expresiones muy duras con respecto a la situación en Argentina, destacando situaciones vergonzosas para nuestro sistema penal y alertó al Estado argentino por las graves violaciones a los derechos humanos que se vienen registrando desde la aplicación del protocolo antipiquetes, subrayando el uso excesivo de la fuerza en marchas y manifestaciones y en sus últimos párrafos, manifestó su “consternación por el desmantelamiento de equipos y programas encargados de investigar y analizar la documentación y los archivos existentes respecto del accionar de las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar, más los recortes presupuestarios a las instituciones que trabajan en cuestiones de memoria, verdad y justicia”.
- Dramaturgo y psicoanalista
