“Victoria Villarruel, perrísima”: demoledor editorial de Víctor Hugo sobre la interna libertaria
El periodista y conductor de La Mañana analizó el faltazo de la vicepresidenta al homenaje a un año de la muerte del papa Francisco, con el objetivo de no cruzarse con funcionarios del gabinete nacional, entre ellos Manuel Adorni.

La expectativa que suscitó la billetera de Manuel Adorni fue parecida al momento previo del penal de Paredes. Todos los presentes contuvieron el aliento.
Menem y Santilli que no fueron capaces de sacar un peso para la colecta de la misa, miraron azorados las manos de Adorni que buscó en el bolsillo interior del saco y extrajo una billetera cuyo grosor pareció bastante normal, cabe reconocer.
Con dedos hábiles y sabiendo ocultar el monto disponible, Adorni dio su limosna con la seriedad que el ritual imponía.
Kicillof lo observó desde la otra fila, pero no veía bien la jugada. La joven que llevaba la bolsita se consagró a la vista de toda la basílica porque le sacó plata a Adorni, y además, el hecho de no ser jubilada la salvó de un mangazo al estilo del inusual jefe de gabinete.
Victoria Villarruel, perrisima, anunció que no iba porque no se podía sentar al lado de Adorni. Como si no hubiera filas más atrás. Pero la declaración de principios de la fiel amiga de los genocidas corrió por el pasillo central como un puñal en el aire.
El gesto de Adorni, aportando ante Dios, fue lo que congeló la tarde. Todavía lo estoy viendo cuando saca la billetera. La facilidad de escruchante con que tomó su billete de 10 mil o 20 mil causaron envidia de los conocedores.
Allí faltaba Milei, es verdad. Estaba con la cabeza pegada al muro de los lamentos y bailando a los saltos para ignorar el aniversario de Francisco.
Dijo una frase de ocasión, menos creíble que el número de la inflación. Y mandó a Luján y al pobre Adorni al frente de un séquito integrado por Menem chico, sobrino de los ases de antaño y tío de los muchachos que sacan plata del Banco Nación. Y también estaba Santilli, otro santo.
Sería bueno hablar en serio, pero cada día es más difícil, escuchando cantar a Milei, viéndolo bailar y darse la cabeza contra la pared. Recibir una medalla, un libro, un pergamino y escucharlo decir que no se puede convivir con los que piensan distinto, en acuerdo total con Netanyahu que los asesina y chau. Uno dice, así no se puede.
Francisco merecía un día más fraterno. Con tantos abuelos durmiendo en la calle, con los discapacitados luchando por los derechos adquiridos, con los estafados protestando en las calles, hubiera reclamado un poco más de piedad.
