Rosario

La Municipalidad quiere que las islas de los bares se queden para siempre

Están satisfechos con su implementación y destacan la importancia del uso del espacio público. Mientras afinan el lápiz para reglamentar la ordenanza vigente, los gastronómicos celebran y algunos vecinos se quejan

Las islas callejeras usadas por bares y restaurantes para ampliar su capacidad llegaron para quedarse. Pese a las quejas de algunos grupos de vecinos y concejales opositores, la Municipalidad avanza en reglamentar una norma que fue aprobada por el Concejo en 2017 y que regula su funcionamiento. Considera que la implementación de estas islas durante la emergencia sanitaria “fue muy favorable” para aprovechar el espacio público y planea que queden instaladas de forma permanente.

La urgencia que enfrentaron los gastronómicos en la pandemia obligó al intendente Pablo Javkin a regularlas a través del decreto Nº 1.259/2020, que modificó la ordenanza N° 9.727 de 2017 del concejal Martín Rosúa, que nunca llegó a implementarse. La medida fue acertada para respetar el distanciamiento social y la ventilación, y permitió que reactivara el sector, uno de los más golpeados por el aislamiento social, preventivo y obligatorio, y tuvo buena recepción.

Más tarde, llegaron las vacunas, disminuyeron los contagios y desaparecieron las restricciones. El escenario cambió y este verano la totalidad de las actividades se desempeñan con normalidad, sin embargo las islas callejeras continúan copando el espacio público de la ciudad y los vecinos exigen su reordenamiento. Actualmente más de 140 bares y restaurantes de distintos barrios las siguen utilizando.

Sebastián Chale, secretario de Desarrollo Económico y Empleo, aseguró en diálogo con La Capital que la evaluación de las islas “es muy favorable”. En ese sentido, recordó que muchas ciudades de las mismas características que Rosario también las han ido implementando.

“Más allá de la rentabilidad empresarial, es una gran política de uso del espacio público y genera actividad económica”, evaluó el funcionario. En la misma línea, argumentó que está demostrado que “cuando hay ocupación del espacio público los niveles de inseguridad bajan”.

Por estos días la Municipalidad trabaja en reglamentar la ordenanza de 2017. Según anticiparon, no modificarán puntos del escrito original y rescatarán “el espíritu de la norma”. El secretario de Desarrollo Económico y Empleo precisó a este medio que se está analizando la ordenanza original y, teniendo en cuenta la experiencia de los últimos años, definirán cuáles serán los ajustes que se harán.

 

«No todos los bares y restaurantes pueden tener islas. Hay cuestiones que tienen que ver con la movilidad, las paradas de colectivos, los estacionamientos para personas con discapacidad», ejemplificó. También están determinando cuáles serán los mecanismos de control de las mismas y el canon que deberán pagar los locales.

Por último, Chale valoró: «Esos lugares antes eran un box de estacionamiento de particulares y ahora está la posibilidad de que cincuenta personas estén en el espacio público tomando algo».

La normativa de Rosúa prevé entre sus puntos principales que el espacio a ocupar en la vía pública no pueda extenderse más de dos metros de ancho, que se deban separar las mesas de la vía por donde circulan los autos con estructuras sólidas, decorarlo con plantas y que incluso se lo provea de un piso artificial, es decir que no pueden colocarse las mesas y sillas sobre el piso de la calle.

También estipula que no podrán colocarse en calles que presenten carriles exclusivos, donde esté prohibido estacionar, en las esquinas, sitios de paso de peatones, paradas de taxis o transporte urbano de pasajeros o frente a las rampas.

Gastronómicos a favor

La Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines de Rosario (Aehgar) manifestó su apoyo a la reglamentación de la ordenanza vigente y celebró que las denominadas islas callejeras se instalen de forma definitiva. «Consideramos que este tipo de utilización del espacio público mejora la economía, el empleo, la convivencia y los niveles de socialización de la ciudad», justificó Alejandro Pastore, uno de sus miembros y referente del Paseo Pellegrini.

Al mismo tiempo, agregó: «Es una linda apuesta para el turismo y mejora muchísimo la seguridad. Basta con ver los niveles de inseguridad en los espacios que tienen actividad nocturna asociada a bares, con público en las veredas e islas, y compararlos con aquellos lugares de la ciudad donde lo tienen».

El referente de gastronómicos mencionó que este formato de ocupación del espacio público «funciona bien» en distintas partes del país y del mundo. «En Rosario tiene que consolidarse como algo permanente», analizó.

Por último, aclaró que entienden que «por obvias razones va a haber que pagar un adicional» y dijo que es «lógico pagar un tributo por el uso de ese espacio». «Aguardaremos a ver la reglamentación, pero entendemos que va a ser como el resto de los tributos municipales», finalizó.

Quejas de los vecinos

Sin embargo, no todos están conformes con la instalación de las islas callejeras. Aunque la Municipalidad sostiene que los reclamos son muy pocos, deslizan que «siempre hay alguien a quien pueden molestarle». Los vecinos de Pichincha hicieron en enero una presentación en la Defensoría del Pueblo para que se deje de usar esta modalidad ya que, aseguran, ni siquiera pueden caminar por la vereda y cada vez se amplía más.

 

Como contó La Capital, no es la primera vez que los vecinos de este barrio piden que se terminen los corralitos y las islas en la calzada. El año pasado ya habían solicitado públicamente que deje de regir el decreto por distintos problemas de circulación por las calles del barrio, principalmente por Alvear, Jujuy y Güemes. En esa ocasión, algunos habitantes de la zona advirtieron que en distintas oportunidades las ambulancias no pueden acercarse a los domicilios donde se solicitan los servicios médicos, mientras que también dieron cuenta de las maniobras que tienen que hacer los camiones de bomberos cuando pasan por la zona en horarios pico.

Por su parte, señalaron que basta que un solo camión de residuos esté haciendo el servicio de recolección en una de las calles del barrio parque que se forme un cuello de botella importante, sobre todo a la noche.

Habrá que ver si la normativa final contempla estos inconvenientes y termina por satisfacer a todos los actores. Por ahora, las autoridades están convencidas de que las islas callejeras tienen que quedarse y trabajan para reglamentar su permanencia.

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