“El remedio trajo efectos no deseados: los cierres de empresas”
Entrevistado por Rosario/12, el titular de CAME y de la Asociación Empresaria local, Ricardo Diab, fue contundente.

Un plenario donde se abordó el deterioro sostenido del consumo, la destrucción de puestos de trabajo y las transformaciones impuestas en el terreno laboral congregó el jueves 3 de septiembre a dirigentes sindicales, empresarios locales y referentes del Derecho del Trabajo en el Salón de Actos del Sindicato de Luz y Fuerza de Rosario. El mismo fue convocado bajo el lema “Las transformaciones en el mundo del trabajo”.
En los debates participaron referentes gremiales y productivos. Por su lado Ricardo Diab, titular de Came a nivel nacional dio detalles sobre la caída de la actividad económica en nuestra región, a su vez el secretario general de la CGT Rosario, Miguel Vivas, expuso cifras sobre el impacto del ajuste en la provincia de Santa Fe, registrando la pérdida de más de 20.000 puestos laborales formalizados, junto al cese de actividades en más de 400 comercios y 400 plantas industriales. A su turno, Martín Lucero (SADOP) analizó la tensión entre el esquema de protección del trabajo y los intentos de flexibilización laboral, al tiempo que remarcó la importancia de la unidad Intersindical. El espacio institucional y jurídico sumó los aportes de Juan Milito (Centro Unión Almaceneros), Juan Sisca (APYME), Mariano Ferrazzini (FISFE), la camarista María Victoria Acosta y los abogados Jorge Elías, Aníbal Cuadrado, Ramiro Ruiz Fernández y Pedro Sebastián Pusineri.
Frente a este escenario Rosario/12 dialogó con Ricardo Diab para profundizar algunos aspectos de los temas abordados en ese plenario.
La mirada de la CAME: consumo, crédito y rentabilidad
—Planteabas en ese encuentro una advertencia central sobre la coyuntura: la situación está mal y, de no modificarse, esto va a empeorar. ¿Cuáles son los elementos concretos para hacer tal afirmación?
—Si partimos de la base de que hay una baja generalizada del consumo, el panorama queda expuesto. Independientemente de que podemos atribuir la problemática que acarrea la apertura de la importación en forma indiscriminada —que hace que muchas industrias no puedan ser competitivas y tengan que cerrar, con la consecuente pérdida de puestos de trabajo—, por cada empleo que da la industria se derraman otros dos y medio fuera, en los servicios y la cadena de suministros. La baja del poder adquisitivo genera la baja de consumo, como también lo genera la falta de financiamiento.
—Se observa un crecimiento en las transacciones digitales. ¿Alcanza ese movimiento para compensar la caída de las ventas en los locales tradicionales?
—Vemos día a día que la venta online va creciendo, pero crece de una manera que no sustituye la caída que tiene la venta física, por lo cual el promedio general nos sigue dando negativo. Cualquiera de las acciones que pretendemos que se tomen —que tienen que ver con la mejora salarial o el incentivo al consumo— puede llegar a aumentar los precios y movilizar la inflación, o poner en riesgo algo del equilibrio fiscal, que bienvenido sea. Pero nuestros representados se sienten muy agobiados por la rigidez del programa. Es como cuando tenés una enfermedad, tenés un remedio y tenés acciones colaterales. La pregunta es si las acciones colaterales van a seguir hasta ver hasta dónde aguanta el paciente. No vemos que se tome ninguna actitud para modificar esto, por lo cual no vemos cómo a determinado plazo podemos tener un resultado diferente. Cuando hablamos de incentivar el consumo hay un montón de ítems que podemos desarrollar. En materia de financiamiento, una de cada tres pymes tiene acceso a un financiamiento razonable, pero con eso no alcanza. Estamos viendo el endeudamiento de las familias argentinas en líneas generales con transacciones imposibles de pagar. También hablamos de la competencia desleal, por la cantidad de mercadería que entra por la frontera y después se vende en cualquier lado sin una caja registradora.
Asfixia fiscal y desacople con las políticas nacionales
—¿Qué rol juegan los organismos de control tributario y la matriz impositiva actual en la actividad diaria de las pymes?
—El ARCA interviene cuando alguien no puede pagar los impuestos por mil motivos y le embarga la caja, lo inhabilita y lo inmoviliza para poder seguir produciendo. También hablamos de un Rigi (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones) para pequeñas y microempresas, pero resulta inaccesible para que una empresa local pueda acceder. Necesitamos discutir una nueva matriz impositiva donde hablemos de ingresos brutos, sellos y otros tributos. Es una serie de ítems que necesitamos que sean tratados y hoy por hoy el Gobierno todavía no nos escucha.
—Trasladando la perspectiva nacional al sur de la provincia de Santa Fe, ¿qué escenario estás viendo en la región? ¿Estamos acoplados a la dinámica nacional o hay elementos propios?
—Con los dirigentes que nos acompañan en todo el país, vemos que nadie se puede desenganchar de lo nacional por la política macro que tenemos. Ahora, la provincia de Santa Fe tiene algunas aptitudes propias que otras provincias no tienen, que le dan más posibilidades de desarrollo y alguna inversión en la obra pública con recursos propios. Por eso digo que está más atenuado, si bien se siente el impacto. Hay provincias que realmente están devastadas porque no tienen la multiplicidad productiva de Santa Fe. Podemos hablar de producción, financiamiento o mejora impositiva con el gobierno provincial, pero en el contexto global es imposible escaparse de lo nacional.
Diálogo sectorial y perspectivas para el mediano plazo
—¿Cómo está la interacción con los distintos actores económicos, considerando que representás a la mediana empresa, pero también están la gran empresa y los trabajadores?
—En lo particular tengo una excelente relación con las otras entidades del agro, la industria, el comercio, los servicios y los trabajadores. Más allá de la ideología de cada uno, se va sintiendo que todos están con muchos problemas. Por ahí algún sector del campo está un poquito mejor, pero la construcción está muy mal, por lo cual la problemática es general. Una inyección de herramientas para que mejore el consumo sería lo que está necesitando el empresario nacional para incentivar la inversión, aunque tenga el riesgo de ir a precios. En las circunstancias que estamos, se hace muy difícil seguir este rumbo.
–¿Cuál es el diálogo que tienen con el Gobierno nacional en estos momentos frente a este escenario?
—A primer nivel, es nulo. Con las segundas líneas hay aproximaciones, pero sin respuestas. Y de ahí para abajo no tiene sentido.
—¿Qué perspectiva ves de acá a fin de año? ¿Y cómo estás analizando a la ciudad de Rosario?
—Si nada cambia en cuanto a lo que estamos hablando y no hay ninguna medida para incentivar el consumo, los problemas se van a acentuar. A la ciudad la veo linda; siempre hay defectos para encontrar si uno viaja y ve otras realidades, pero la seguridad ha mejorado un montón, aunque siempre falta. Lamentablemente, la estructura comercial nacional hace que en Rosario también haya comercios del centro que se van corriendo hacia el macrocentro o la periferia, producto de su inviabilidad, pero en líneas generales a Rosario la veo bien, producto del esfuerzo de los propios rosarinos.
