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“La primera resistencia peronista fue la nuestra del 55 en Rosario”

José Mármol repasa la revuelta popular en defensa del gobierno constitucional de Juan Domingo Perón ocurrida el 24 de septiembre de 1955 cuando lo hirieron de gravedad en la esquina de Ovidio Lagos y 27 de Febrero

“La primera resistencia peronista fue la nuestra del 55 en Rosario”

José Mármol despliega sobre la mesa los objetos que guarda en su portafolio: recortes de diarios, notas periodísticas impresas, cuadernillos de material pedagógico (por ejemplo, del Archivo Nacional de la Memoria), fotos carnet en blanco y negro (de él, de su esposa, de su suegra), una edición de la revista Mundo Peronista, proclamas y poemas suyos en hoja blanca A4, un libro-reliquia color marrón gastado por los años titulado “Doctrina peronista”, libreta de enrolamiento, licencia de aficionado de Box. Del último objeto, indica: “Leé lo que dice ahí”. En un sellado con tinta azul dice “Segundo plan quinquenal”. “Ese fue el que no se llegó a terminar”, agrega él.

 

Mármol —piel trigueña, ojos marrones, cabello gris, escarapela en el centro del pecho— cumplió noventa años en mayo. Esta tarde nublada, en la esquina de 27 de Febrero y Ovidio Lagos, se dispone a contar lo que le hicieron en este mismo lugar hace 71 años: el 24 de septiembre de 1955, en medio de los ataques de las Fuerzas Armadas contra la población para consagrar el tercer golpe de Estado en Argentina, le dispararon, lo golpearon y lo dieron por muerto. Tenía 19 años.

—Soy el muerto que habla.

Le gustan los títulos. Mármol creció en el barrio República de la Sexta, llegó a terminar la escuela primaria pero trabaja desde los 14 años. Cuando se casó a los 23 se fue a vivir a Villa Constitución, donde vive desde entonces. Hijo de una ama de casa, de un guardabarrera, hermano del medio de cuatro en total. Trabajó de canillita, vendedor de hielo, albañil, taxista, inspector y coordinador de embarques. Se sintió conmovido por las noticias de Perón desde que él tenía menos de 10 años y le leía el diario en voz alta a su madre.

—Antes de Perón, no había derechos, nada. No teníamos juguetes, hacíamos barriletes con papel de diario. Vi todos los derechos laborales que se dieron con Perón. Realmente siempre me sentí un soldado.

Eduardo Lonardi

El 16 de septiembre de 1955, en la ciudad de Córdoba, empezó un levantamiento militar contra el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, quien había sido reelecto con más del 63 por ciento de los votos en 1951. El 23 de septiembre de 1955, la Plaza de Mayo, en Buenos Aires, se llenó de hombres y mujeres —sobre todo, de clase media y alta— que celebraron la asunción de Eduardo Lonardi a la presidencia, sin elecciones ni ningún encuadre institucional.

Pero las noticias no corrían con la velocidad de hoy y Mármol recuerda la inquietud de esos días: ¿Perón había renunciado?, ¿Perón estaba vivo?, ¿dónde estaba? Los cabecillas de las seccionales no daban respuestas, o no las suficientes. Entonces, anuncia Mármol: “Fuimos los primeros piqueteros, lo que hicimos fue un piquete”. Sonríe pícaro mientras lo pronuncia, orgulloso de la gesta de la que fue protagonista: “La jerga de la historia tiene como la primera resistencia peronista la que se dio el 9 de junio del 56 a través de Juan José Valle. Pero la primera resistencia realmente fue la nuestra, la del 55 en Rosario. Después se extendió. Y fue la más sangrienta, no fue la sangre de los milicos sino la nuestra. Porque nosotros no salimos a la calle con armas, ellos sí”.

Para él ni Rosario ni su caso ni sus compañeros son debidamente recordados ni en la historia del país ni en la de su propio movimiento.

Se abría en Argentina una etapa de proscripción y persecución que dejaría fuera del juego al Partido Justicialista durante 18 años y que llenaría las cárceles del país de militantes y ex funcionarios peronistas, además de comunistas.

Perón cuando parte al exilio

Mármol recuerda fechas y números a la perfección, por ejemplo el decreto 4161, dictado en marzo del 56, que determinaba la prohibición en todo el país de cualquier elemento de propaganda, símbolos o ideas del peronismo. Ni siquiera se podían pronunciar en público los nombres Perón o Evita. Ya en noviembre de 1955 se había decretado la disolución del Partido Justicialista.

Trae este decreto una y otra vez a la charla, como pasmado, sin creer del todo que no tengamos tan presente ese decreto que pretendió borrar del mapa y de la memoria colectiva la experiencia justicialista que hubo en Argentina entre 1945 y 1955.

Durante las dos horas de conversación, Mármol despliega con exactitud fechas, nombres, apellidos, calles, recorridos de tranvías y colectivos. A cada respuesta, le da su contexto. Cuesta, entonces, llegar al día de los hechos —en medio recuerda compañeros de militancia, anécdotas familiares— pero cuando llega revive con el mismo nivel de detalle lo que vivió esa mañana en la esquina de la sede del Club Provincial y del Estadio Municipal Jorge Newbery.

La secuencia se puede resumir así: hacia las 10 de la mañana, barrio Parque ya era testigo de una multitud que fue creciendo de a poco en Ovidio Lagos y 27 de Febrero. Hombres y mujeres llegaban de distintos barrios, sobre todo zona sur y norte, para buscar y compartir información. También para hacerse de la calle, su espacio a defender. Mármol advierte que el paisaje no era el mismo que ahora, que ya estaban el club y el hipódromo pero después había calle de tierra, un stud de caballos. Todos entendían que esta esquina era un punto importante de la ciudad para hacerse ver porque era la conexión de Rosario hacia Buenos Aires.

Después del mediodía, recuerda, ya eran muchos más. En eso, envuelto en una bandera argentina, Mármol se subió a una escalera con la intención de colgar del cableado eléctrico estandartes de Evita y Perón. En las notas que fue dando en las últimas décadas —no fueron tantas— repite casi de memoria algunas escenas.

Por ejemplo, que en un camión con soldados del Regimiento 11 de Infantería vio a un amigo suyo, jugador entonces de Rosario Central, que le gritó que se escaparan, que las órdenes desde Monte Caseros eran de matar, que ellos estaban siendo castigados por negarse, que no sabía dónde los llevaban.

—Nosotros no sabíamos lo que era estar en estado de sitio. Antes de que se decretaran ya te aplicaban el 4161, ¿qué significaba? Pena de muerte. Y también te podían detener, como nos pasó a muchos.

Bombardeo a Plaza de Mayo, 16 de junio de 1955

También repite que, colgado de la escalera, gritaba “Viva Perón, carajo” o “La vida por Perón” y fue ahí cuando recibió el disparo que lo tiró al piso. No recuerda haber sentido tanto dolor con la bala pero sí con lo que siguió: un soldado se acercó y con la culata de un fusil lo golpeó tan fuerte que le rompió un riñón.

Cuando recorremos la esquina y esa cuadra, Mármol apunta con el dedo índice y señala los lugares por donde escaparon todas las personas ante los disparos. A él lo subieron a un camión “como si fuera una bolsa de papa” y desde allí vio decenas de detenciones y huidas. Pasó por distintas dependencias públicas de salud, también privadas. Vio salas repletas de heridos. Nunca terminó de encontrar todos los registros de su paso por los hospitales. Pasó las primeras semanas con custodia policial. Su estado de salud fue tan grave que lo tuvieron que operar. Fue de boca en boca, con poquitos datos que su familia consiguió reunir suficiente información para encontrarlo pero eso pasó recién en diciembre del 55, cuando su papá fue al hospital y casi se desarma cuando comprobó que su hijo José Mármol estaba vivo.

Nunca hubo juicio por su caso ni el de ninguno de esos días. Recién en 2019 el Concejo municipal lo homenajeó por su resistencia a la incipiente dictadura.

Pintada en zona sur, Rosario

Días violentos: septiembre del 55

La historia oficial tiende a omitir los hechos de violencia ocurridos en 1955 para dar el golpe. Difícil pirueta considerando los más 300 asesinatos cometidos en la Plaza de Mayo el 16 de junio de ese año, cuando aviones de la Marina bombardearon Buenos Aires con el objetivo de matar a Perón y dar un golpe de Estado. Fueron la Armada y la Fuerza Aérea las que se sublevaron entonces, hacia septiembre lograron sumar a buena parte del Ejército y lograron la destitución del presidente bajo nuevas amenazas y, nuevamente, con bombardeos en Mar del Plata.

Mármol menciona dos asesinatos ese día en la esquina de Lagos y 27 de Febrero, el de Graciela Cope, de 15 años, y de Rubén Gioannini, de 8 años, quienes también fueron homenajeados en el acto de 2019 del Concejo Municipal.

El libro “El golpe que duró más de tres meses”, de Rafael Cullen y Juan Salinas, se detalla lo publicado por medios aquellos días: el 24 de septiembre La Acción publica 15 muertos; La Capital, 3 muertos y 11 heridos pero el 25 de septiembre ya indica que en realidad eran 25 muertos y 55 heridos por acciones militares.

En una entrevista publicada en Página 12 en febrero de 2008, la histórica militante del Partido Socialista y a su vez colaboradora de la resistencia peronista, Beba Carmen Balvé relató:

“Apenas iniciado el golpe contra el gobierno constitucional, los resistentes de Rosario soportaron el embate durante siete días. El general León Bengoa, comandante del III Cuerpo de Ejército con sede en Paraná, sitió la ciudad con armamento y tanques Sherman provocando una guerra civil. Sin alimentos ni armas, las fuerzas leales a Perón, el Regimiento Militar II de Infantería de Rosario, los trabajadores del cordón industrial y el pueblo pelearon contra los sectores civiles enemigos y las Fuerzas Armadas. El enfrentamiento se cobró 500 muertos entre niños, mujeres y hombres, además de cientos de heridos. Vi fusilar a diez pibes; vi cuando desde los tanques ametrallaban a jóvenes que se tiraban al lago del Parque Independencia. Había toque de queda y por las noches sonaban las balas de los francotiradores. Los militares entraban a las radios mientras se emitían los programas: todo el pueblo escuchaba apersonarse al capitán de fragata tal o cual y luego el rugido de la ametralladora. Mataban a todos en el marco de esa insurrección. Ahí me curé de espanto”.

 

El periodista e investigador Ricardo “Patán” Ragendorfer, en una nota publicada en Tiempo Argentino en 2025, escribió que según “una investigación efectuada en 2017 por el Archivo Nacional de la Memoria, entre el 16 y el 21 de septiembre hubo no menos de 157 vidas truncadas por los insurrectos al mando de Lonardi, Rojas y el general Pedro Eugenio Aramburu”.

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