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La vida en barrio Centenario: «Las balaceras se escuchan todo el dia»

​Esta mañana en el edificio que en el que funciona la escuela Nº 1.258 “Simón Bolívar”, el taller Nº 198 y el Jardín de Infantes Nº 73 “Nélida Bottai de Boente” comenzaron las actividades con la única custodia de una mujer policía dentro de un vehículo del Grupo de Operaciones Especiales de las fuerzas de seguridad provinciales. Entrada la mañana en el barrio Centenario se podía sentir una «tensa calma», según describieron docentes de la institución educativa, vecinos y trabajadores del Centro de Asistencia Familiar  en el lugar.

Al caminar ​​cerca de las 10 ​por las calles ​de tierra que rodean la escuela, se podía ver a algunos vecinos haciendo pequeñas compras, en trayectos cortos y ​sin fijar la mirada hacia ningún otro lugar que no sea el espacio por donde se avanza.

Si bien las rejas tanto de la Simón Bolívar como del CAF –ambos espacios ubicados sobre Islas Malvinas– permanecen sin llaves, las puertas de ingreso están cerradas y el personal que recibe a quienes llegan está resguardado en el interior de cada edificio. Mientras, del otro lado de la ciudad, en​ la Regional IV de Educación en​ pleno barrio Candioti​, ​el director de Policía Ricardo Motta advertía a la misma hora que la seguridad se había reforzado y las instituciones contaban ahora con dos efectivos policiales y un móvil.

En este sentido, desde la escuela afirmaron a este medio que desde principio de año solicitan custodia en la puerta de la escuela. «A veces vienen (policías) un rato al comienzo de clases pero acá hay actividades todo el día, entonces no alcanza. Desde hace cinco años que percibimos que la situación con la inseguridad y la criminalidad es cada vez peor, pero este año en particular se acentuó. Se lo comunicamos permanentemente a las autoridades correspondientes», apuntaron.

«El miedo es generalizado, lo charlamos continuamente con la escuela y el jardín»

«Necesitamos custodia permanente para resguardar tanto a los chicos que vienen a estudiar y a comer como para quienes venimos para trabajar», afirmaron docentes de la institución. Y describieron: «Los tiros se escuchan durante todo el día. Pueden empezar a la mañana, a la tarde o a la noche. La escuela abre a las 7 y cierra pasadas las 18, el CAF también. Tenemos miedo de las balas perdidas porque no se sabe dónde pueden terminar. Le puede dar a un niñito, a cualquiera», exclaman.

Al mismo tiempo relataron a UNO Santa Fe que los que no son del barrio están viendo la manera de reorganizarse para llegar al lugar. «Vine en colectivo a trabajar, la sensación es de mucho miedo porque me bajé a varias cuadras de acá. Entonces vas caminando con preocupación porque no sabés lo que puede pasar, qué se puede desatar de un momento a otro. Porque esto no es que sucede desde el lunes, sino que ya data de varios meses que vemos que esto no para de empeorar». ​Comentan que cuando escuchan tiros, aplican el protocolo del Ministerio de Educación donde resguardan la seguridad de todos dentro del edificio y llaman al 911.

​Desde el CAF describen: «El temor por los niños, las familias que asisten y nuestros trabajadores es que una bala impacte en alguno de ellos. Somos una institución de puertas abiertas y recibimos a la comunidad para ofrecer distintas actividades que buscan promover derechos. Esta situación lo que hace es que tengamos que tener las puertas cerradas, tener recaudos para entrar o salir, nos pone en alerta. El miedo es generalizado, lo charlamos continuamente con la escuela y el jardín».

Y agregan: «Hace más de un mes que las balaceras son continuas. Venimos solicitando por notas hace tiempo más seguridad, tener otra vez a la policía comunitaria. Necesitamos resguardar la seguridad, si bien hay conflictos que así no se solucionan de raíz, necesitamos pensar cómo garantizar un camino seguro para instituciones con niños y familias».

Allí asisten menores, adolescentes y adultos que participan de talleres y otras instancias formativas como también acceden al desayuno, la merienda o viandas. Se trata de un espacio crucial para el crecimiento social y cultural del barrio ya que se detectan en esas actividades posibles vulneraciones de derechos y se brindan herramientas para revertir esa situación.

Con este contexto, la asistencia al CAF baja considerablemente: «Por eso necesitamos seguridad, que haya un resguardo continuo porque de las 7 hasta las 18 entra y sale gente todo el día. En el día a día en general no hay. Hoy estuvo esa camioneta, pero no es lo que pasa siempre. Cuando aparece alguna seguridad es para la escuela y el CAF queda relegado. Hemos hecho varios pedidos para los caminos desde los colectivos, pero no tenemos una respuesta».

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