Una vez más, las calles de Rosario y de cada rincón de la provincia se poblaron de docentes, trabajadores de la salud y empleados estatales que salieron a reclamar por salarios dignos frente al ajuste impulsado por el gobierno de Maximiliano Pullaro. Y, una vez más, el silencio de los grandes medios fue más contundente que cualquier titular.
En el día de ayer, en plazas, accesos y centros cívicos de distintas ciudades, miles de trabajadores expresaron su malestar ante la pérdida del poder adquisitivo y la falta de respuestas oficiales. Fue una escena repetida en toda la provincia. Guardapolvos blancos, guardias hospitalarias, pancartas improvisadas y una consigna común atravesando el territorio.
Sin embargo, mientras las plazas se llenaban, las pantallas permanecían ajenas. Los noticieros centrales, las portadas digitales y las radios de mayor alcance eligieron mirar hacia otro lado. No hubo móviles en vivo, no hubo análisis, no hubo debate. La protesta quedó confinada a las redes sociales y a los medios locales más pequeños, como si la magnitud del reclamo no alcanzara el estándar de “noticia relevante”.
El silencio también comunica. Cuando informar deja de ser prioridad, lo que queda en evidencia es una decisión editorial. No cubrir una movilización masiva no es neutralidad, es tomar partido. Es contribuir a la construcción de una agenda donde el conflicto social pierde centralidad y el ajuste se naturaliza.
En tiempos donde el periodismo reivindica su rol como cuarto poder, la pregunta vuelve a imponerse: ¿a quién le hablan los grandes medios cuando callan? Porque mientras los trabajadores alzaban la voz en cada plaza, los micrófonos apagados también dijeron algo. Y lo que dijeron fue demasiado claro.
