Víctor Hugo hundió la reforma laboral de Milei y los empresarios
En su editorial, el periodista y conductor de La Mañana apuntó contra los medios de comunicación que apoyan la regresiva normativa laboral que busca imponer el Gobierno de Javier Milei en el Congreso.
Los aumentos de salario en enero son por debajo de la inflación, una vez más. Jubilados 2.4, estatales 1.6, salud 1.5, construcción 1.3, comercio 1 por ciento. Ministros de Milei, 90 por ciento.
El salario mínimo es el más bajo de la región. Todos los países están arriba. Pero todos. Uruguay 629 dólares, Chile 565, México 536, Colombia 532, Belice 519. Ecuador, Bolivia, Honduras, Paraguay, El Salvador, bastante más de 400. Argentina está en 232 dólares de salario mínimo.
La mafia de Clarín puso en tapa ayer el número de juicios laborales empujando a su viejo caballo de batalla, la reforma laboral. Tomaron el número de más de 300 juicios diarios, sin contexto, en bruto, mintiendo hasta cuando dan un número que está bien.
¿370 en mil trabajos? Sería una locura, sí. ¿370 en 10 mil? Sigue siendo demasiado. 370 en 12 millones de trabajadores es el uno por ciento. El 1,04 por ciento es nada. La doctora Valeria Carreras toma la cifra del SIPA: de cada cien trabajadores UNO hace juicio cuando lo echan.
Gansterilmente el diario extorsiona a la opinión pública y sobre todo a los legisladores con un número fuerte. Militan a muerte la reforma que liquida la dignidad de los trabajadores.
Telefónica es para la mafia lo que para Trump es el premio Nobel. Cualquier cosa pueden hacer, por las buenas, como en estos días de apoyo irrisorio al gobierno, o por las malas, si Milei se hace el loco, es decir, si exagera.

Se viene la votación. Estamos en la cuenta regresiva. Los legisladores del pueblo contra los de las corporaciones. Lanzaron ya los tanques de los títulos falsos, y ahora se espera la caballería ligera de los gobernadores y la infantería de diputados traidores.
Nora Merlin escribe en La Tecla Ñ que “la atomización social y el auge de algoritmos de nicho parecen no tener techo. En este escenario de la muerte de lo social, ¿cómo construir una voluntad colectiva cuando las identidades están tan dispersas?”.
¿Nos alcanzará en esa última madrugada de votación? ¿Será suficiente el pueblo ahí afuera, cantando frente al parlamento? No sabemos, pero otra no hay.
