Entre acusaciones de oportunismo e incoherencia, en la mayoría de los casos, y cierta satisfacción por el cambio de postura, en otros. Las reacciones del arco opositor ante el mensaje por cadena nacional de Javier Milei se resumieron en estas dos posiciones. Muchas voces asociaron el pronunciamiento oficial sobre Malvinas con el estado de necesidad del mileísmo: con sus dificultades en materia electoral, con el creciente malestar que registran las encuestas y con el riesgo de desprendimiento de votantes que implicaría para la coalición oficialista (LLA-PRO) una potencial candidatura de la vicepresidenta Victoria Villarruel a partir de la captación del llamado ‘voto militar’.

Desde el peronismo, por lo pronto, hubo réplicas con fundamento, con la simple enumeración de hechos recientes y medidas que ya estaban en curso, vigentes.

A juzgar por las respuestas de las primeras horas, el Gobierno parece haber logrado un primer objetivo, no tan crucial pero sí un primer paso para cualquier estrategia de crisis: recuperó centralidad en la agenda, mostró iniciativa en un tema sensible que permea más allá de las elites informadas (pero no tanto ante la dimensión de la crisis económica y social) y puso a toda la dirigencia a opinar en coro.

En ese punto, el reaparecido gurú Santiago Caputo puede sumarse otro acierto, al menos por el impacto inicial. En su tarea de irradiar por redes y dar eco a las aventuras discursivas del mileísmo, ‘Santi’ contó con la visible contribución de periodistas ideológicamente cercanos y otros que, con mucha presencia en X, juegan un papel clave: la van de críticos pero se suman a la estrategia al propagar los marcos de interpretación que salen de la Casa Rosada.

Para la instalación de Milei sobre Malvinas hubo, además, un contexto preliminar que lo excede largamente (la redefinición de las prioridades geopolíticas de Washington, su endurecimiento y repliegue hacia el continente, los tironeos con Londres) pero que le habilitó el contexto para el giro discursivo en una causa sensible. La ‘ventana de oportunidad’ se fue consolidando con algunos hechos muy recientes y nada casuales.

Tan poco casuales que alimentaron la suspicacia -a esta altura una certeza- de que existió algún grado de coordinación entre la Casa Blanca y la Casa Rosada. Al menos en la última semana. Quizá contactos entre funcionarios de menor rango. O la anticipación de que Trump diría tal o cual cosa en los días subsiguientes: sobre el gobierno laborista de Gran Bretaña, Malvinas y la controversia por soberanía.

Lo concreto es que el lunes pasado, en una rueda de prensa conjunta realizada desde el mismo Salón Oval, el propio Trump recibió una pregunta bastante sugestiva. “¿Está pensando revisar la posición de Estados Unidos sobre las islas Malvinas?”, le interrogó un periodista. “Siempre reviso cada posición. Esa es solo una entre muchas”, fue la respuesta de Trump. La preparación del clima siguió este jueves con otra entrevista, en este caso una exclusiva otorgada a la cadena de noticias británica GB News.

En diálogo con la periodista Beverley Turner, Trump recibió una consulta que apuntaba al eje de la controversia: la entrevistadora le preguntó si EEUU mantendría su posición histórica de neutralidad (o de apoyo a los británicos ante los reclamos de Argentina por la usurpación de su territorio). Su respuesta estuvo lejos de ser enfática: fue, más bien, elusiva y sinuosa.

“Yo estuve allí cuando ocurrió la primera guerra (por la guerra de 1982, NdR). Eso fue hace mucho tiempo y seguí el conflicto muy de cerca. Ustedes (por los británicos) se comportaron muy bien. Las recuperaron (a las islas) con bastante firmeza, pero eso quedó muy lejos. Es un viaje muy largo, un largo camino”, le dijo a la periodista y presentadora de televisión nacida en las afueras de Manchester.

Los mensajes por elevación de Trump, está claro, apuntan a incomodar y presionar al laborismo gobernante, hoy con Andy Burnham y antes con Keir Starmer. Para eso usa un tema sensible, allá y acá (Malvinas). Washington reprocha a Londres una supuesta falta de colaboración en la guerra contra Irán. Lo mismo en el intento (posterior) de ejercer un control total sobre el estrecho de Ormuz. Dicho de otro modo, una presencia permanente, casi colonial, a 12.000 kilómetros del territorio estadounidense.

La posibilidad de amenazar a Londres con un giro ante Malvinas ya había sido anticipada por el Departamento de Estado. En abril de este año, de hecho, hubo una filtración quirúrgica dirigida a la agencia Reuters, y atribuida al Pentágono.

Dentro de la Argentina, la cuestión había sido adelantada por el empresario Daniel Hadad a fines de 2025: en una entrevista con el periodista Jairo Straccia, lanzó que “tal vez el año que viene, o más cerca de las elecciones de 2027” habría un “shock muy fuerte” al conocerse “gestiones muy silenciosas propiciadas por EEUU para acercar posiciones en el tema Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña”.

Si los antecedentes están claros, lo que es una incógnita es qué pasará con los anuncios de Milei. Lo que va más allá de las declamaciones: el -siempre incómodo- plano de lo concreto. ¿Qué pasará con la explotación petrolera del proyecto Sea Lion que está en marcha en la cuenca norte de Malvinas? ¿Cuál será el grado de participación de EEUU en la construcción de la base naval integrada de Tierra del Fuego? ¿Está en gestación un enclave binacional que con el tiempo derive en una suerte de ‘Gibraltar’ estadounidense pero en territorio fueguino?

Voces variadas se pronunciaron desde el campo opositor. Una opinión autorizada en este punto, el último ministro de Defensa del peronismo Jorge Taiana, recordó que las obras para la construcción de una “base naval integrada en Ushuaia” se iniciaron en 2022. Esas mismas obras, denunció, fueron paralizadas por el propio Milei “durante tres años”.

“Hoy, ante el creciente interés de la causa Malvinas, las reactiva. No es estrategia geopolítica, es oportunismo electoral”, sentenció Taiana, hoy diputado nacional.

Otro aporte fue el del economista y exministro Matías Kulfas: compartió en X un link del canal Youtube con una conferencia pública de los directivos de la petrolera israelí Navitas (una de las empresas participantes del proyecto Sea Lion) dirigida a inversores y accionistas. Es una videoconferencia de marzo de este año.

En el mensaje, realizado en hebreo y con momentos en inglés, las autoridades de la compañía aseguraron que Milei no veía la extracción de crudo en esa cuenca al norte de Malvinas “como una cuestión política” y que el gobierno argentino no había puesto “ninguna interferencia”.

También sobre Sea Lion, el exembajador en EEUU Jorge Argüello advirtió que el “decreto reglamentario” y el “proyecto de ley de Defensa de la Soberanía Nacional” anunciados por Milei “no atacan ni resuelven el problema central”.

“La explotación no puede ser detenida mediante decisiones adoptadas exclusivamente el ámbito interno. Hay que internacionalizar la respuesta”, recomendó Argüello. Y habló de recurrir a la ONU y apelar a lo que establece la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.

En representación de la provincia de Buenos Aires, en tanto, el ministro de Gobierno Carlos Bianco sostuvo que Milei tardó “267 días” en cumplir la ley 26659, que -recordó- “prohíbe participar, financiar o prestar servicios para actividades hidrocarburíferas no autorizadas” en la plataforma continental. Bianco posteó desde X que la PBA se opuso públicamente y “desde el primer día” al proyecto de la petrolera Navitas, que prevé producir 50 mil barriles diarios.

Por último, el legislador del Parlasur Gabriel Fuks (UxP) advirtió que Navitas “ya anunció que el proyecto se mantiene” y dijo que ve improbable que “EEUU o nadie” vaya a imponer “sanciones económicas” a la empresa israelí. “La exploración petrolera en la zona es un proyecto muy caro, que no se puede reemplazar fácilmente. El gobierno ya dijo que va a aplicar la ley: habrá que ver cómo”, señaló en diálogo con Tiempo.

En cuanto a la base naval de Ushuaia, Fuks planteó que el objetivo de Milei en ese punto es instalar “una lógica o justificación” para el alineamiento creciente con Washington y su presencia cada vez mayor en la región. “El gobierno, tangencialmente, busca que su cooperación con EEUU en las zonas marítimas, militares y seguridad tenga una justificación”, dijo.

Fuks, de todos modos, vaticinó que la repentina convicción ‘malvinera’ de Milei dejará de tener centralidad en un plazo bastante breve. “Lo más probable es que en siete días se vuelva a hablar de las deudas familiares y se deje de lado esta discusión. Está claro que el intento del Gobierno es correr el debate”, evaluó.

Por otro lado, el parlamentario del Mercosur llamó a los dirigentes opositores a “no ser lineales” ante este ‘regreso’ de la cuestión Malvinas. Dijo que se trata de un debate que intenta ser captado por la Casa Rosada pero que -bandera del Mundial mediante- viene empujado por una sensibilidad colectiva.

“Siempre sirve que el debate de Malvinas vuelva a estar, y que se demuestre que no es un debate blanco o negro, negro o blanco. En mi generación, cuando la dictadura genocida entró en la confrontación militar (con el Reino Unido), muchos de nosotros nos ofrecimos de voluntarios (para ir a las islas) porque había que ponerle un componente de participación popular”, contó. Pero enseguida agregó: “Y eso que con esa dictadura teníamos una deuda de sangre.”

Por último, llamó a la dirigencia política a entender que por el reclamo de Malvinas “nunca hay que despreciar ningún elemento” o los “portales” que se pueden abrir de modo imprevisto, por algún cambio en la situación internacional. “Lo de Trump es parte de una maniobra extorsiva (hacia Gran Bretaña) y Milei está usando esto para correr otras discusiones. Pero Milei pasará. No hay que despreciar nunca los portales que se abren, por más extraños que sean”, recomendó Fuks.