La semana pasada, Greg Bovino, el comandante itinerante de la Patrulla Fronteriza, llegó a Minneapolis envuelto en su tapado SS. Estaba al mando de un escuadrón del ICE, él en el centro, dando órdenes enérgicas con gestos exagerados, como si estuviera actuando de nazi. No estaba actuando, estaba comunicando algo, y provocando. Entonces algo comenzó a supurar.
Bovino apareció después de que Jake Lang, exProud Boys –uno de los grupos que asaltó el Capitolio cuando Trump no aceptaba la derrota– fue sorpresivamente interceptado y corrido por una multitud negra y migrante.
Minutos antes de eso, Lang escupía insultos a los musulmanes: había ido a Minneapolis a quemar en público un Corán.
Fue eso lo que provocó la movilización enorme que lo rodeó y lo encajonó contra una ventana. El gritaba y lloraba. Un líder negro paró lo que podría haber sido un linchamiento si hubiera sido ésa la voluntad popular. Pero no lo era. Todavía no habían aparecido en escena los Panteras Negras reversionados, pero hoy, como en los 60, los afrodescendientes y los migrantes se organizan en la autodefensa, no en el ataque.
Ese día, cuando Minneapolis estaba todavía en shock por el asesinato a sangre fría de Renee Good, el ICE comenzó a moverse a su antojo en medio de la repulsa general y los gritos desgarrados que se escuchan a diario.
Mientras tanto, había comenzado la organización armada de la resistencia espontánea. La vida doméstica norteamericana se volvió una pesadilla. Los estadounidenses ven cómo la fuerza bruta rompe su modo de vida. Cómo detienen salvajemente a sus vecinos de toda la vida, o usan a niños de preescolar para cazar a sus padres y los separan de ellos. Es demasiado. Es insoportable.
Y armarse en EE.UU. no es nada del otro mundo: es lo que les enseñan desde que nacen. Pero miles y miles de armas disponibles y un conflicto social y racial de semejantes proporciones hacen un caldo de cultivo explosivo.
Gente como Billie Eilish ya habla de “terrorismo de Estado”. Es eso, ninguna otra cosa. El dictador Trump lo admite. Cree que éstos son tiempos que necesitan dictadores.
Por eso, ojo acá con el decreto de reforma de la Side (ojo con Palantir). Porque ahora los terroristas no son los terroristas. Son los que Trump o los dictadorzuelos que lo imitan dicen que son. Estamos hablando de gente que tiene crisis de nervios cuando alguien los contradice.
Y Trump quiere Groenlandia, y quiere Canadá, y quiere Venezuela, y quiere México, y quiere Colombia, y quiere todo lo que él dice que es suyo. Y la vieja Europa no aprende, no se para, no se anima, está atorada con su propia náusea decadente. Sin la OTAN se sienten Hansel y Gretel.
¿Colonizadores? Amigo, el tipo dice que todo es suyo porque su barco llegó primero. Es para un programa cómico si no tuviera armas nucleares como falo insigne y uno no temiera por todo tipo de incontinencia.
No es solamente la OTAN la que está rota. Toda esta parte del mundo está tocada, próxima a su hundimiento. Está rota la cúpula, como se vio esta semana, en sucesivas escenas de vasallaje y confusión sin precedentes, con esa maqueta infame de la nueva Gaza mientras ni un solo día Israel ha dejado de matar palestinos.
Cada célula de esta parte del mundo en la que EE.UU. manda está rota y podrida. Están rotos los cuerpos, las mentes, los puentes, los pensamientos, las esperanzas, los contratos.
Quizá por este estado tan alterado de las cosas, el gran momento de Davos fue el discurso del primer ministro canadiense, Mark J. Carney. Fue largo e impecable, pero su gran virtud es que fue un razonamiento geopolítico descarnado, porque tal como él mismo dijo, “vivimos dentro de una mentira” desde hace mucho.
Quizá la frase que quedará latiendo es “el viejo orden no volverá”. Quedó eso resonando en el aire de un mundo que experimenta cambios históricos imparables. No cabe duda de que estamos en presencia de los monstruos del intersticio entre dos órdenes diferentes.
Volviendo al principio, a Greg Bovino y su tapado SS, también da una idea de cómo se exhiben los monstruos. Tratándose de EE.UU., de una historia tan larga de opresión y saqueo económico al mundo bajo su influencia, los monstruos son espectaculares. En el imperio de cartón corrugado ahora hay un dictador senil que se divierte con su propio sadismo. El anciano de pasado Epstein y megaemprendimientos inmobiliarios está llegando al clímax con su proyecto turístico de hiperlujo en la “nueva Gaza”.
Los monstruos de este intersticio conciben la diversión y el placer donde antes reían niños que hoy han sido asesinados.

