También afirmó que «acatar la Constitución» es «no sólo hablar de división de poderes, sino respetarla en la práctica, sin nunca querer influir en las decisiones de los jueces o en las votaciones de los legisladores», dijo el Presidente que reclamó, y logró, la prisión preventiva de los dueños de medios opositores; desplazó a los funcionarios judiciales que intentaron investigar sus negocios familiares, incluido el escándalo de los Panamá Papers, el Curreo Argentino, los peajes y los convenios energéticos.

Macri definió como “generación valiente” a los convencionales electos el 10 de abril de 1994, que comenzaron su labor el 25 de mayo de ese año y culminaron el 22 de agosto con la promulgación de la Constitución que reemplazó a la de 1853 y fue jurada dos días después, hace hoy 25 años. El mandatario no dudó en decir que se trató de «una apuesta a nuestra madurez, a nuestra institucionalidad y a nuestro sistema electoral para que sea más representativo».

En el cierre, dijo que «la posibilidad de seguir transformando para siempre la Argentina está en nuestras manos», algo que «depende de nosotros y de nadie más», en palabras que parecían más bien dirigidas a suplicar por la fidelidad de su golpeado electorado de cara a octubre.