Hubo un tiempo en que buena parte de la UCR, gran parte del socialismo santafesino y los republicanos del PRO hablaban de la Ley de Lemas como si fuera la peste bubónica de la democracia. Era el símbolo del atraso, del feudalismo, de la trampa electoral, del “vale todo para quedarse con el poder”. Era de “lo mas rancio del peronismo que vinimos a combatir”.
Cada elección en Formosa, Santa Cruz o cualquier provincia donde existiera un mecanismo de arrastre, era la oportunidad perfecta para dar una clase magistral de republicanismo.
Pero la política tiene una virtud extraordinaria, nunca deja que un principio sobreviva a una buena oportunidad. Y ademas, el federalismo permite que mismos partidos politicos piensen en forma distinta en cada provincia y ni que hablar en la legislatura nacional.
Hoy, la alianza Unidos para Cambiar Santa Fe propone una reforma donde la lista de gobernador arrastre la conformación de la Legislatura provincial. No se preocupen, no es una Ley de Lemas. Es una Ley de Lemas con perfume republicano y un toque de olor a rosas, que dieron a llamar “gobernabilidad”.
Porque, al parecer, cuando el arrastre beneficia al adversario es una degeneración institucional, pero cuando beneficia al oficialismo, es innovación democrática, donde la alquimia es maravillosa, mismo mecanismo, mismo efecto político, otro marketing.
El PRO, que todavía publica comunicados denunciando estos sistemas en otras provincias como prácticas feudales, descubre que en Santa Fe el arrastre tiene propiedades republicanas mágicas. Capaz sea que los dirigentes del PRO santafesino son superiores a los de otras provincias donde no “entienden” los beneficios del sistema.
La UCR, históricamente obsesionada con los pesos y contrapesos institucionales, concluye que el mejor control al Poder Ejecutivo es… el propio Poder Ejecutivo.
Y el Partido Socialista, que durante años hizo de la calidad institucional un patrimonio político, parece haber descubierto que Montesquieu estaba un poco exagerado con eso de la división de poderes (no mucho, solo un poco). Total, tres siglos después tampoco hay que ser tan rígidos.
El argumento oficial será conocido, «necesitamos gobernabilidad.»
Porque gobernabilidad parece significar que quien gana la Gobernación también debería llevarse una porción generosa del Poder Legislativo. No porque los ciudadanos así lo elijan sino porque el sistema los ayuda a elegir «correctamente».
Es una democracia asistida, como las bicicletas con rueditas, donde el papá o la mamá le enseñan al pequeño (el votante santafesino) que si quieren que al gobernador le vaya “bien” tienen que votar a los legisladores de la misma alianza, pero como el votante puede hacerlo por si solo, le ponemos “rueditas” para que puedan aprender. No vaya a ser cosa que el votante cometa el terrible error de elegir un gobernador… y un legislador que piense distinto.
Eso sería peligrosísimo. Obligaría a dialogar. A construir consensos. Y eso es republica antigua.
Es mas, todos sabemos que esas son costumbres son incompatibles con la eficiencia moderna.
Lo más entretenido de esta historia es que el Partido Justicialista ni siquiera está impulsando esta idea.
La paradoja merece un premio.
Durante veinte años se denunció al peronismo por utilizar mecanismos electorales que favorecían el arrastre. Hoy, quienes levantaban la bandera republicana parecen discutir cómo diseñar uno propio.
La diferencia, claro, es semántica.
Si lo hace el peronismo, es una maniobra feudal, o como le llaman ahora, la “casta politica”.
Si lo hace Unidos, es una política pública.
Si lo hace el PRO en otra provincia, es un escándalo.
Si lo hace el PRO en Santa Fe, es responsabilidad institucional.
Porque el verdadero republicano moderno no cambia de principios. Solo cambia el GPS.
Y así llegamos al gran descubrimiento de la ciencia política del siglo XXI: no existe la Ley de Lemas. Existe la Ley de Lemas… de los otros. La propia siempre tiene un nombre más elegante…
