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Llenaremos la calle nuevamente: el feminismo, en pie de lucha contra la cruzada de quienes niegan violencias y buscan desalentar denuncias

El femicidio de Agostina Vera volvió a exponer algo más profundo que la brutalidad de un crimen. Entre el desmantelamiento de las políticas de cuidado, la ofensiva antifeminista y la legitimación pública de discursos misóginos, la violencia por razones de género encuentra condiciones para expandirse mientras el Estado abandona herramientas para prevenirla y perseguirla. La movilización de Ni Una Menos vuelve a poner la mirada sobre esa trama de responsabilidades.

Llenaremos la calle nuevamente: el feminismo, en pie de lucha contra la cruzada de quienes niegan violencias y buscan desalentar denuncias

“Una nena de sonrisa hermosa”, fue la descripción al borde de las lágrimas de la preceptora de Agostina Vera y la imagen quedó como un tatuaje a la altura del corazón de una sociedad entera. Agostina y la sonrisa que ya no iluminará nos falta en todos lados, obliga a las conversaciones a torcerse, a buscar palabras que no se hayan dicho aunque las hayamos dicho tanto. Algo se quebró con el cuerpo desarticulado de esa adolescente de 14 a la que no buscaron a tiempo, a la que no le dieron importancia, a la que pusieron en tela de juicio como pusieron a su madre porque siempre tiene que haber una “mala” para salvar a las “buenas”, para exculpar a los perpetradores que se enceguecen, se dejan llevar, son capturados por la emoción violenta, sus propias víctimas. Esas son las palabras que dijimos mil veces, tantas pero tantas que no alcanzan los once años que pasaron desde ese primer grito en las plazas públicas de todo el país para que las víctimas de la violencia por razones de género dejen de llorarse en privado porque son un problema político. Porque como Agostina, nos faltan a todos, a todas.  

Ahora es como si otra vez se hubiera tocado el cielo del decorado en el que vivía el protagonista de The Truman Show, ese hombre nacido y criado para ser un producto inconsciente de la tele que descubrió que el eterno clima perfecto era un set. Agostina en Córdoba, Dulce María en Misiones, Noelia en Temperley; 14 años, 17, 30. La última asesinada a puñaladas mientras la policía tramitaba la orden de allanamiento para entrar al domicilio donde denunció estar cautiva al 911. Esos nombres ahora no pueden evitarse, no se puede seguir el día tranquilamente porque quedó expuesto con dolor y con sangre que los famosos tres pueblos que se había pasado el feminismo son cartón de escenografía que la derecha extrema en el poder aprovechó y potenció para cosechar votos de la frustración masculina por no poder ser lo que les pide la “normalidad” de este mundo en el que vivimos: proveedores, protectores, potentes. Mal no les salió, porque la mayoría de sus votantes son varones jóvenes, porque incluso ahora que la aprobación al gobierno es más baja que el rechazo, hay un 10 por ciento más de mujeres que alimentan ese límite al que tiene que enfrentarse el relato libertario del éxito por venir.  

 

Y sin embargo, mientras la frustración crece entre los varones, la desigualdad quiebra cada vez más las espaldas de las mujeres, lesbianas y personas trans. Son ellas las que ocupan el 64,2 % de las personas pobres de este país. Un número que ofreció CEPA en febrero de 2026 y muestra un aumento de 1,2% con respecto al año anterior. También padecemos la desocupación y paradójicamente también el pluriempleo, las deudas son de nosotras: 7 de cada 10 hogares sostenidos por mujeres necesitan financiamiento para la vida cotidiana. Todo esto con una carga de horas de cuidado que duplica las que invierten los varones. ¿Cómo no van a darse cuenta al menos la mitad de las mujeres que la democracia está funcionando mal con estos datos? Para los varones es distinto, en los datos que publicó Zuban Córdoba para el último 8 de marzo  , el 48% evalúa positivamente el funcionamiento de la democracia.

Desde que asumió Javier Milei creció la brecha salarial -es de las más altas de la región-, se derogaron cuarenta y siete de 50 políticas de cuidado: desde salarios complementarios, programas de prevención y asistencia de la violencia por razones de género hasta la construcción de jardines de primera infancia. El 43 por ciento de los niños y niñas menores de cinco años no tienen vacantes en ningún lado. ¿Cómo hacen las mujeres para trabajar? Los cuidan otras mujeres, lesbianas o travestis que a su vez son las más precarizadas entre las precarizadas. Pero eso sí, se puede ver ahora a Luis Majul  lamentándose porque a Agostina no la cuidó suficiente su madre de los muchos perfiles que tenía en las redes sociales ¿será que como en tantas familias el tiempo sirve sólo para trabajar, hacer changas, viajar mal, agotarse de cansancio?  

“Esto no se soluciona con bancos rojos ni con lenguaje inclusivo -dice el provocador Emmanuel Danann – se resuelve con una bala en la cabeza”. Este tipo que se envalentona usando el lenguaje de otros caídos como él del ecosistema libertario, un lenguaje de guerra y bien machote, parece abonado en el canal Crónica, el que se supone más popular, donde los casos policiales ocupan el 70 por ciento de la programación. Ahí también apareció Diego Recalde, uno de los asesores de la Fundación Faro, dirigida por Agustín Laje, para decir que a Agostina se le notaba que no era virgen. Cuesta escribirlo, pero lo cito  porque así le echa fuego a la misoginia, al odio a las personas lgbtiq+ desde el principal think tank del neofascismo gobernante. Laje, vale la pena recordar, fue el que escribió el discurso de Milei en Davos 2025, ese que desató la gigantesca marcha del Orgullo Antifascista y Antirracista. Allí el presidente también habló de la figura de femicidio, para nombrarla una aberración. Y ya no se puede pasar por alto, ya sabemos que no es una cosa menor, la sonrisa que nos falta de Agostina nos los tiró en la cara. Ese clima cultural no queda en las redes ni en los estudios de televisión. También busca convertirse en ley.

En este 2026, la cruzada para proteger no a las víctimas sino a quienes cuestionan la existencia misma de la violencia por razones de género tiene nombre propio: Carolina Losada, Senadora del PRO que en alianza con la ex ministra de Seguridad y jefa del bloque libertario en el Senado, Patricia Bullrich, tiene listo el proyecto de “denuncias falsas” para ingresar al recinto donde el oficialismo tiene mayoría automática. El proyecto promueve el agravamiento de penas para quienes denuncien falsamente violencia por razones de género, violencia sexual, violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes. El Consejo Federal de Política Criminal examinó 8 millones de causas en 17 provincias, detectó que las denuncias falsas en estos casos son el 0,09% de los casos. El proyecto no viene a resolver ningún problema urgente sino a desalentar las denuncias . Como si hubiera necesidad; como si la temporalidad de los procesos judiciales, la falta de interés en resolverlos o de producir prueba sumado al costo de pagar el patrocinio legal no fueran suficientes para desalentar las denuncias.

¿Qué hubiera pasado si el fiscal que tenía que entender en la causa por la desaparición de Agostina hubiera tomado en cuenta el antecedente con relación a la violencia de género que cargaba el ahora imputado por femicidio Claudio Barrelier? Una mujer había escapado semidesnuda y con las manos atadas de la casa de este tipo un año antes de que matara a la nena de 14, ¿no ameritaba sospecha? ¿Urgencia por allanar la casa donde sucedieron los hechos, por lanzar el alerta Sofía de inmediato? ¿En qué estaba pensando el fiscal Raúl Garzón? ¿Habrá sido por su impericia que decidió dejarle la resolución del caso a los canes de la policía provincial? Garzón habló de “homicidio” en la conferencia de prensa que dio después del hallazgo de los restos de la adolescente, aunque ya sobraban las razones para nombrar así el caso, dijo que no lanzó la alerta Sofía porque la madre no dijo que alguien se la había llevado; Garzón desconoce deliberadamente protocolos existentes elaborados con perspectiva de género. Esa falta de perspectiva sólo provocó sufrimiento en la familia de Agostina, en la sociedad entera.

Y es que no se disminuyen ni se previenen ni tampoco se persigue judicialmente los femicidios y los transfemicidios si se descarta la perspectiva de género, si con toda intención se pretende tratarlos como cualquier otro delito. Patricia Bullrich viene haciendo alarde de su perspectiva de “ley y orden” -de mano dura, para entenderlo correctamente- desde el año pasado, apropiándose de una baja de los números que ofrece la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. “No es politiquería barata del feminismo berreta”  tuiteó saltándose el dato que la mayor baja se dio en la Provincia de Buenos Aires -20 casos de 28 que se restaron- y que, como analizó la titular de la UFEM  , Mariela Labozzeta, la mayoría de los femicidios suceden dentro de las casas y los transfemicidios en las comisarías. No se puede aplicar la perspectiva securitista en estos casos sino la perspectiva de género.

“Vamos a ir con las vecinas de la cuadra”, me dice una mujer al teléfono. Con los compañeros de trabajo, cuenta un amigo que maneja como puede una incomodidad masculina que por suerte se empieza a ver y escuchar en las redes, también en algunos medios. Un albañil se filma caminando por la calle y dice “la estamos cagando, hermanos”. Los sindicatos, los partidos políticos, trabajadorxs de la cultura, docentes, estudiantes, la enumeración es acotada porque siempre sería incompleta. Este 3 de junio una nena de sonrisa hermosa despertó una sensibilidad que anuda la garganta, pero también descorrió un velo que nos saca a la calle, en todo el país, masivamente: van dos años de políticas públicas destruidas y son esas condiciones las que le hacen el caldo de cultivo a la violencia por razones de género, a los femicidios y transfemicidios. No sólo no se puede mirar a otro lado, hay que mirar a la fuente del daño. Hay que apuntar al poder. Ni Una Menos.

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