La mano que mece la cuna
Silvina Garrido fue criada por la partera Dolly Viale de Garrido, hasta que supo a los 15 años que no era hija biológica. Desde entonces, la mujer tiene recuerdos: militares del Batallón 121 en la casa de zona sur, mujeres embarazadas que llegaban a trabajar en el hogar como empleadas domésticas, los partos que Dolly iba a asistir, partidas de nacimiento irregulares. Y dio su testimonio en la justicia federal.
Silvina Garrido tenía diez años cuando empezó a ver militares llegar a su casa. Vivía frente al entonces Batallón 121, donde hoy funciona la PDI. Los hombres tocaban el timbre y buscaban a Dolly Viale de Garrido, la mujer que la había criado como hija. Casi cinco décadas después, Silvina sostiene que iban a buscarla para asistir partos de mujeres detenidas. También recuerda a más de diez embarazadas que llegaron a la vivienda para trabajar y que después del parto nunca volvieron. Su testimonio forma parte de la investigación federal que ya imputó a Viale por supresión de identidad y que busca determinar si existió un mecanismo de entrega irregular de bebés.
El batallón 121
La historia que Silvina Garrido intenta reconstruir empezó mucho antes de que pudiera comprenderla. Durante su infancia vivió en una casa de Lamadrid y Leiva, en la zona sur de Rosario, literalmente frente al entonces Batallón 121. Allí estaba también Dolly Viale de Garrido, la partera que Silvina llamaba mamá.
A los 15 años, en 1983, Dolly le contó que no era su hija biológica. “Yo no te tuve en mi panza, pero te tengo en mi corazón”, fue, según recuerda Silvina, la explicación que recibió. Una frase dicha con una naturalidad que para aquella adolescente resultó devastadora. No hubo documentación, nombres ni una explicación sobre quién era su madre. Sólo una revelación y, detrás de ella, una vida entera que empezaba a quedar bajo sospecha.
Silvina tiene hoy 58 años y todavía lleva el apellido Garrido. No porque haya dejado de buscar, sino porque nunca encontró a su familia biológica. La búsqueda la llevó con los años a reconstruir escenas de su infancia que entonces parecían normales y que hoy adquieren otro significado. Entre ellas, las visitas de militares a la casa familiar. “Ella siempre estuvo muy protegida por los militares”, afirmó Silvina en diálogo con el programa Trascendental por LT8. Y fue más precisa: “Los militares venían a cualquier hora a tocar el timbre de mi casa para que ella asistiera a partos de algunas detenidas o futuras desaparecidas”.
Es una de las afirmaciones más graves de su testimonio. Y también una de las que ella misma coloca en el terreno de lo que pudo reconstruir a partir de sus recuerdos y de la información que reunió muchos años después.
Silvina era una niña cuando veía aquellos hombres llegar. No sabía quiénes eran las mujeres a las que supuestamente debía asistir Dolly ni qué ocurría con ellas. Pero recuerda la escena. “Los veía a través de una ventana que teníamos en la casa”, contó.
La casa está frente al Batallón 121. La referencia no es lateral en la investigación actual: distintos testimonios incorporados a la causa ubican allí una de las viviendas vinculadas a la actividad de las hermanas Viale.
Para Silvina, esa cercanía permite formular una hipótesis que durante años quedó encerrada en sus recuerdos: Dolly no sólo pudo haber participado de entregas privadas de bebés, sino que pudo haber tenido algún tipo de colaboración con integrantes de las fuerzas armadas durante la última dictadura. “Ella colaboraba a cambio de que los militares la protegieran o la dejaran hacer sus delitos de manera tranquila”, sostuvo.
No dijo que los militares le entregaran necesariamente los bebés a Dolly para que ella los vendiera. Su relato plantea otro esquema. Según su interpretación, los militares habrían tenido sus propios circuitos de apropiación y Dolly habría desarrollado, por fuera de esos circuitos, un negocio particular de entrega de recién nacidos.
“Cuando tenían poder con esos hijos de las desaparecidas, se los quedaban ellos y se los repartían entre ellos –afirmó-. La venta de bebés la hacía en carácter privado. Ella buscaba sus clientes o los posibles clientes, o la buscaban a ella en forma privada”.
Son afirmaciones de Silvina y no hechos establecidos hasta ahora por la causa. Pero forman parte del material que ella intenta poner a disposición de una investigación que ya reúne ocho denuncias relacionadas con la identidad de personas nacidas entre las décadas de 1960 y 1980.
Las mujeres que entraban embarazadas
Hay otra escena que Silvina recuerda con nitidez. Dolly llevaba mujeres embarazadas a la casa para que trabajaran en tareas domésticas. Llegaban con sus embarazos avanzados. Después del parto, desaparecían. “Pasaron más de diez personas embarazadas. Después, a la hora del parto, se iban, desaparecían y no las volvíamos a ver más”, contó.
Silvina no sabe qué ocurrió con todas ellas. No pudo identificar sus nombres ni asegurar que cada una haya sido víctima de una apropiación. Pero con el paso del tiempo empezó a relacionar esas escenas con otra práctica que atribuye a Dolly. Según su relato, se publicaban avisos en los diarios destinados a mujeres embarazadas que no tenían vivienda ni trabajo. Se les ofrecía casa, comida y empleo. Dolly, sostiene, utilizaba ese mecanismo junto con otras parteras. La hipótesis que Silvina construyó con los años es que algunas de esas mujeres podían haber sido captadas de ese modo y que sus hijos podían terminar en manos de otras familias.
También recuerda que Dolly trabajaba en el Hospital Roque Sáenz Peña y que, si algún parto se complicaba, las mujeres podían ser trasladadas allí. “Estaba todo muy vinculado en esa época”, resumió.
La Justicia investiga actualmente si hubo una operatoria sistemática de separación de recién nacidos de sus madres biológicas y posterior inscripción con identidades diferentes. La imputación contra Dolly Viale se originó en un caso de 1970 y la Fiscalía sostiene que la maniobra pudo repetirse durante años.
La historia que Dolly repetía
Cuando Silvina comenzó a preguntar por su origen, Dolly tenía una respuesta preparada.
Le habló de una mujer joven que había tenido un bebé, que había muerto y que había quedado sola. Dolly, según Silvina, se había presentado como quien aparecía para “rescatar” al niño. Con el tiempo, Silvina escuchó relatos similares de otras personas que buscaban su identidad. “Ella se encargaba de decirles a las personas a las que vendía los bebés que contaran la misma historia que me contaban a mí”, sostuvo. La explicación era siempre parecida: una joven, un bebé muerto, una madre que no podía hacerse cargo y una partera que aparecía para resolver la situación.
Para Silvina, no era una casualidad. “Era parte de una estrategia”, afirmó. La sospecha que plantea es concreta: que algunas madres pudieron haber sido engañadas con la noticia de que sus hijos habían nacido muertos, cuando en realidad los recién nacidos eran entregados a otras personas.
Es una hipótesis que también aparece en los relatos de otros buscadores de identidad vinculados a la causa del que dio cuenta Rosario/12. Roberto Fargioni, por ejemplo, se preguntó públicamente si algunas madres pudieron haber recibido esa información falsa para evitar que reclamaran por sus hijos. La investigación deberá establecer si ese mecanismo existió y en qué casos.
Las otras parteras
El relato de Silvina no termina en Dolly. Menciona a Silvia Viale, hermana de Dolly y también partera del Roque Sáenz Peña. Cree que pudo haber intervenido en la confección de partidas de nacimiento que considera falsas. “Dolly le habrá pagado para que ella firmara estas partidas”, sostuvo.
También nombró a Antonia Nieto de Cialdela, ya fallecida, y a otra partera de nombre Josefina, cuyo apellido no pudo recordar. Según Silvina, Dolly tenía “socias” en distintos puntos de Rosario y recurría tanto a otras profesionales como a amigas que le facilitaban viviendas. “Algunas eran médicas y otras eran amigas que le prestaban la casa para hacer ciertos delitos”, afirmó. Entre esos delitos mencionó abortos y venta de chicos.
Otra vez, son afirmaciones de una denunciante que deberán ser verificadas. Pero el dato central ya no pertenece sólo a su historia personal: la investigación federal reúne denuncias contra Dolly y también contra Silvia Viale, y busca establecer si existió un patrón común en distintos nacimientos.
Silvina dice además recordar que, durante años, más de veinte personas llegaron hasta la casa para reclamarle explicaciones a Dolly. Ella estaba allí. Era la hija de la casa. Y todavía no sabía que también podía ser una de las víctimas.
Una hija que busca a su madre
Silvina empezó a buscar en 1983. Tenía 15 años, acababa de enterarse de que era hija adoptiva y el país recuperaba la democracia. Pero no encontró respuestas. “Con mi poca edad nadie me tomaba en serio. Todos me decían que no había ninguna información”, recordó. Pasaron los años. Las preguntas no desaparecieron. Ahora la Justicia ordenó la extracción compulsiva de ADN de Dolly Viale para determinar si existe vínculo biológico con Silvina. También dispuso medidas de control sobre la imputada, que no declaró en la audiencia.
La prueba genética puede responder una pregunta puntual: si Dolly es o no la madre biológica de Silvina. Pero hay otras preguntas que una muestra de ADN no puede contestar.
Quién fue la mujer que la tuvo. Qué ocurrió con ella. Por qué Silvina terminó en aquella casa frente al Batallón 121. Quién decidió que Dolly fuera su madre. Y, sobre todo, qué significaban aquellos militares que tocaban el timbre mientras una niña los miraba desde una ventana.
Silvina hoy no tiene una sospecha concreta sobre la identidad de su madre biológica. Tampoco sabe si alguna de las mujeres que recuerda embarazadas en aquella casa pudo haber sido quien la dio a luz. Tiene, en cambio, una certeza sobre su propia historia: durante décadas le contaron una versión de su origen que ya no cree.
