Declaraciones

Por su ideología y sus fracasos, el PRO no puede encabezar un frente programático»

El histórico dirigente del PS Juan Carlos Zabalza planteó que el Frente Amplio Progresista representa una alternativa a la grieta

A los 81 años, el histórico dirigente del socialismo Juan Carlos Zabalza está en campaña como un militante más. Sobreviviente de la vieja guardia del PSP, el ex secretario de Gobierno de la Municipalidad de Rosario y ex diputado nacional apoya a Clara García y Mónica Fein en su pelea por llegar al Congreso. Incluso, sostiene que el 11% que logró el Frente Amplio Progresista en las primarias del 12 de septiembre “es bueno”, teniendo en cuenta el mazazo que venía de sufrir el PS con la muerte de Miguel Lifschitz, el candidato natural para el Senado y último gran líder del partido de la rosa.

En diálogo con La Capital, Zabalza analiza los reacomodamientos en el FAP, reivindica a la alianza progresista como alternativa frente al peronismo y Juntos por el Cambio, y plantea que los liderazgos se definen por su capacidad de resolver los problemas sociales.

—Se lo ve muy activo participando de actividades, ¿Qué lo motiva a los 81 años para estar en campaña?

—La verdad es que a una altura determinada de la vida cuando uno siente lo que hace lo ayuda mucho a vivir. Por otro lado, me pone muy feliz ser escuchado en el seno del socialismo, fundamentalmente por quienes van a tener que asumir las responsabilidades de su conducción, toda una capa dirigente de personas bastante más jóvenes, en las que verdaderamente creo, porque hay entusiasmo. A pesar de que la sociedad líquida en que vivimos viene con disvalores, hay un apego en primer lugar a la necesidad de la transparencia y la honestidad en la gestión pública, y también la necesidad de estudiar. Estar en política no es una aventura -la vida puede transformarse en una aventura maravillosa- y si uno no estudia uno no puede aportar efectivamente a través de lo que tiene que hacer, que es construir con la sociedad políticas públicas para transformar la situación.

—Dice que se siente escuchado por las nuevas camadas dirigentes del partido, ¿qué les aconseja?

—Más que aconsejar, vivo aprendiendo: a nosotros los más grandes la virtualidad nos ha metido en otro balurdo, en el que es necesario practicar. De alguna manera sugiero lo que hace falta hoy en un partido político; hoy los partidos políticos están complicados, están lesionados en su integridad, hay una tendencia a una cierta anarquización, donde se ha perdido una idea de disciplina democrática. Me refiero a que si hay una mayoría que define una determinada forma de actuar, el resto tiene que acompañar a la mayoría, porque para eso se vota las autoridades. Ese es un aspecto; el otro es que en la Argentina y la provincia de Santa Fe hemos tenido claro que el socialismo no es un dogma, es una teoría que puede ayudar a mejorar la situación de la sociedad mediante el uso de políticas públicas desde los gobiernos, siempre pensando en las necesidades de la gente y no las de los dirigentes. Debemos definir un rumbo que significa entender que es bueno ser gobierno, pero no pasa nada si uno es oposición. Esa es la regla del sistema democrático, y dentro de la oposición hay que actuar constructivamente para encontrar una salida que satisfaga las necesidades de vida y de igualdad de las mayorías en la Argentina.

Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital

—Hace pocas semanas el FAP sacó 11 puntos en las Paso, ¿Les preocupa que los vientos políticos estén soplando para otro lado?

—Los vientos están más del lado de la hiperpolarización que vive el país, pero también estoy convencido de que mucha gente está muy cansada con lo que está viviendo. No hay que ser un gran estratega para darse cuenta de que unos y otros no resolvieron los problemas del país. Si no hay un pacto nacional para llegar de alguna manera a un acuerdo sobre qué políticas públicas implementamos no hay futuro.

—¿Ve en los gobiernos nacional y provincial voluntad de llegar a ese acuerdo?

—Lamentablemente no lo veo. Por ejemplo, el gobierno nacional estructuró el Consejo Económico y Social pero fue un anuncio. Además, siguiendo algo que planteó Clara García el otro día, aquí hay un modelo agotado nacionalmente. Hay que descentralizar económica y políticamente el país, hay que democratizar las relaciones. Hoy la relación es clientelar, de arriba hacia abajo: bajo plata y disciplino a los gobiernos. No va más esa forma de gobernar. Es una responsabilidad de los partidos políticos y también de la sociedad, por eso desde el socialismo insistimos con la necesidad de participación popular a todo nivel.

—Le consulto por dos terrenos que conoce bien: la Legislatura y el Frente Progresista, ¿cómo analiza la salida del grupo de Pullaro del bloque del FAP?

—Con el radicalismo hemos tenido una coalición muy virtuosa en Santa Fe. Desde el socialismo no compartimos el camino que han asumido determinados correligionarios pero no cerramos la posibilidad de nuevos acuerdos. En democracia no somos partidarios de hacer acuerdos anti, ni anti peronista ni anti PRO; somos partidarios de hacer acuerdos programáticos. Hoy el FAP tiene una responsabilidad sobre muchos municipios importantes, como Rosario, Santa Fe y Villa Gobernador Gálvez, además de muchas comunas.

—¿Se puede pensar un acuerdo programático en 2023 que incluya al PRO?

—Yo estoy convencido de que con la ideología que tiene el PRO no puede ser la cabeza de un acuerdo, además por el fracaso estruendoso de sus gobiernos. Como socialista democrático me siento bastante liberal político, pero una cosa es ser liberal político y otra neoliberal en lo económico. Me parece que eso es antagónico con nación y las mayorías populares.

«Desde el socialismo no compartimos el camino que han asumido determinados correligionarios pero no cerramos la posibilidad de nuevos acuerdos»

—Hace dos años el PS perdió la interna con Javkin y también la provincia, ¿Por qué se agotó ese ciclo? ¿Es el paso del tiempo, fallas en la gestión?

—Esa es una pregunta con la que me he ido varias veces a la almohada (se ríe), pero como frente tuvimos casi treinta años el gobierno de Rosario y doce el de la provincia, somos parte de una estructura política que nació muy de abajo y que fue creciendo al calor de la militancia y también del fracaso de otras realidades. Evidentemente cuando uno llega al gobierno se sienten determinados desgastes, pero son las reglas de la democracia y hay que aceptarlas. Antes me preguntaste sobre el 11 por ciento del FAP y creo que es bueno, porque venimos del fallecimiento de Miguel, que era nuestro candidato seguro. La irrupción de Clara ha sido muy positiva y con muchos aportes concretos. Es necesario que el electorado de Santa Fe entienda que esta elección para el Senado no es para que no gane uno o que gane el otro, sino para tener una representación genuina, que defienda los intereses de Santa Fe y que sea capaz de ser parte de una nueva idea de integración en el país. Eso es el FAP: una estructura alternativa a las políticas en pugna en la grieta nacional.

—Más allá de esta elección, ¿la ve a Clara Garcia asumiendo un papel de liderazgo en el socialismo y el frente?

—La verdad es que no lo sé. Insisto: el frente tiene una potencialidad muy grande con los intendentes y es muy importante que los rosarinos apoyen la lista del FAP encabezada por Ciro Seisas, que nosotros también integramos. El proceso de conformación de liderazgos se va estableciendo en el desarrollo del proceso político. Querer ser líder puede ser una apetencia personal, a lo mejor de varios, pero los liderazgos se definen por su rol y, sobre todas las cosas, por su capacidad de resolver los problemas de la organización política y fundamentalmente de la sociedad que nos toca gobernar.

—Lo ve a Javkin también en ese camino.

—Sí, totalmente, cómo no lo voy a ver.

«Los liderazgos se definen por su capacidad de resolver los problemas que nos toca gobernar»

—Algún integrante de su espacio dijo que estaba llamado a ser el nuevo Lifschitz y eso no cayó bien en el socialismo.

—No lo escuché nunca, pero además no se puede hacer política tomando cada cosa que dice cada uno, sobre todo hoy con las redes. Creo que hay que tener trazos gruesos y tener claro el rumbo, que es consolidar el FAP como propuesta alternativa.

—Hablando de rumbo, usted fue fundador del PSP y del PS unificado, ¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre ambos partidos?

—Es todo un proceso: el PSP fue una maravillosa aventura, porque cuando uno es joven lo vive de otra manera. Además, se ha destacado habitualmente el rol legislativo del socialismo, que ha sido extraordinariamente positivo, pero además en Santa Fe el Partido Socialista fue un partido de gobierno. Nosotros hemos ayudado a democratizar, a descentralizar; no comprendo la actitud de Perotti de suprimir los nodos, es un error profundo que lleva al fracaso.

Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital

—Este año el partido tuvo una interna para elegir autoridades, ¿tuvo miedo de que pasara como en los ‘90, cuando fue la ruptura de Cavallero?

—Por lo que fuimos conversando no era esa la sensación, al contrario. Personalmente pensé que había que tratar que las internas no existieran, pero es imposible, sobre todo cuando pasan los años y hay experiencias de gobierno concretas. En la sociedad en que vivimos actualmente hay mayor autonomía del ser humano y eso es positivo, siempre y cuando esa autonomía logre congeniar con un proyecto colectivo. Hay que hacer un esfuerzo porque para los socialistas lo más importante sigue siendo la unidad.

—En poco tiempo el PS perdió a dos figuras muy importantes como Binner y Lifschitz. Usted los conoció mucho a ambos, ¿en qué momentos se los extraña más?

—En lo personal, con Hermes extraño los diálogos, la bonhomía, el cariño de los niños (se emociona) y tantas cosas. De Miguel (se vuelve a emocionar) se extraña esa sensación de arremeter para adelante para seguir avanzando. En el gobierno de Miguel se hicieron cosas muy importantes, que lamento profundamente que el gobierno actual no les haya dado continuidad. Me refiero a las políticas sociales: el Plan Abre, el Nueva Oportunidad, el Vuelvo a Estudiar. Eran políticas pensadas para que la gente fuera la protagonista de la transformación. Esto es lo que hace falta para salir de lo clientelar, y es el mayor mérito de Binner con los centros de salud acá: que la gente asuma la salud como un derecho pero que peleara. Si la gente abandona los centros de salud nos quedamos sin políticas de salud pública. Esta es la realidad: lo que la gente no toma se debilita y desaparece. De arriba para abajo no hay cambio.

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