En toda historia de poder siempre aparece un romántico heredero. En Santa Fe, algunos empiezan a preguntarse si ese lugar lo ocupa Oscar Dolzani, el senador más joven de la Legislatura. El niño mimado del príncipe.
Tiene todo para el casting, juventud, exposición y una empresa de materiales para la construcción que tiene contratos con empresas adjudicarías de obras públicas del gobierno de Santa Fe y un lugar privilegiado dentro del oficialismo.
Pero, como suele pasar en política, el currículum también tiene anexos que rogamos no se encuentren.
Primero fue el accidente en la Ruta Provincial 1. Recién electo senador, todavía presidente comunal de Alejandra, terminó chocando una camioneta oficial contra un vacuno. Por suerte no hubo heridos y no iba solo. Lo acompañaba un amigo.
Después llegaron las crónicas políticas. Mientras muchos oficialistas sufrían el avance libertario, Dolzani era presentado como el hombre que había blindado San Javier. El alumno ejemplar. El protegido. El que siempre parecía caer parado.
Hasta que la agenda empezó a cambiar. Aparecieron denuncias públicas vinculadas a presuntas incompatibilidades y conflictos de intereses, una denuncia penal en su contra, acusaciones cruzadas, audios, una causa por presunta extorsión contra quien lo denunció y un clima político que terminó involucrando a distintos actores institucionales. Todo ello deberá resolverse por las vías correspondientes y será la Justicia la que determine lo que corresponda.
Parecía haber llegado la tranquilidad, el senador “INFLUENCER” volvía a la normalidad, con sus rutinas de gimnasio, fútbol amateur, días de pesca, combinadas con las sesiones en la cámara de senadores. Y cuando parecía que la novela necesitaba un descanso, llegó el capítulo vial.
No porque chocó. Porque decidió filmarse manejando en plena ruta con una mano en el volante, el mate, el celular buscando música… y, otra vez, acompañado. ¡Por suerte!
El problema no fue únicamente la imprudencia. El problema fue subirla a las redes.
Las críticas fueron tan contundentes que terminó grabando otro video para pedir disculpas y reconocer públicamente que había hecho algo que no debía hacerse.
No todos los días un senador publica primero la infracción y después el arrepentimiento.
Y entonces aparece la pregunta que muchos empiezan a hacerse.
¿Qué tiene Oscar Dolzani para seguir siendo uno de los dirigentes más protegidos del oficialismo?
¿Qué hay entre el senador, el niño mimado del gobierno de Unidos, y el príncipe?
Porque una coincidencia puede ser casual. Dos también. Pero cuando las polémicas se suceden y la protección parece inalterable, las preguntas empiezan a pesar más que las respuestas.
Al final, la incógnita ya no pasa por la ruta. Pasa por la política.
¿Qué hay entre el príncipe y su niño mimado?
