El riesgo país sube pese a las señales promercado de Milei y Caputo. Los inversores observan reservas insuficientes, dificultades para refinanciar la deuda y una economía que no mejora las condiciones materiales de la mayoría. Pero, sobre todo, descubren la debilidad política del Gobierno y las dudas sobre su continuidad en 2027.
Alfredo Zaiat

El riesgo país superó los 500 puntos. Este martes, llegó a 511, después de haber tocado 403 puntos el 10 de julio pasado, el nivel más bajo desde 2018. En poco más de un mes subió más de 100 puntos, casi 27%. El movimiento contradice la narrativa económica de Javier Milei y Luis Caputo porque no ocurrió después de una crisis económica o financiera. Fue exactamente al revés: durante estas semanas hicieron casi todo lo que, según el manual liberal-libertario, debía entusiasmar al mercado.
El ministro de Economía presentó un programa financiero para demostrar que tiene cubiertos los vencimientos de deuda de 2026 y 2027. Milei y Caputo recibieron a Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, que viajó a Buenos Aires para brindar un respaldo político y financiero explícito. En lo que va del año, el Banco Central compró casi 14.000 millones de dólares y el equipo económico anunció que pretende sumar otros 10.000 millones antes de las elecciones de 2027. Además, renovó el swap con China y extendió su plazo de tres a cinco años.
Esas señales financieras, por lo visto, no fueron suficientes. Milei sumó mensajes políticos del tipo de los que los financistas reclaman, como la ratificación de que mantendrá el ajuste fiscal sin importar el costo social. En ese sentido, descartó cualquier auxilio a las familias asfixiadas por deudas, pese al salto de la morosidad. Manuel Adorni dejó la Jefatura de Gabinete y fue reemplazado por Diego Santilli, un dirigente de la política tradicional, integrante de esa casta que Milei dice repudiar, con el objetivo de ampliar la capacidad de negociación con gobernadores y legisladores.
Además, las tres principales calificadoras de riesgo (Fitch, Moody’s y Standard & Poor´s) mejoraron la nota de la deuda pública. La inflación se mantiene alrededor del 2% mensual y Milei volvió a prometer que no habrá “Plan Platita”, al tiempo que envió al Congreso una reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que apunta a prohibir el financiamiento monetario al Tesoro.
Esta batería de medidas debería haber empujado el riesgo país hacia abajo, pero eso no ocurrió. ¿Por qué, entonces, está subiendo el riesgo país?
¿Qué más quiere el mercado?
Los financistas pueden celebrar privatizaciones, reforma laboral, apertura comercial, desregulaciones, caída del gasto público y un Banco Central impedido de financiar al Tesoro. El riesgo país no mide adhesión ideológica, sino cuánto rendimiento adicional exige un inversor para mantener deuda argentina frente a un bono del Tesoro de Estados Unidos de igual duración. En esa cuenta pesan el resultado fiscal y la inflación, pero también las reservas disponibles, la capacidad de refinanciar vencimientos, la estabilidad cambiaria, el crecimiento y, cuando se acerca una elección presidencial, la posibilidad de que la política económica pueda sostenerse.
Ahí aparece la principal debilidad del experimento liberal-libertario. Milei puede prometer que no cambiará el rumbo, pero no puede garantizar que será reelegido en octubre de 2027 ni que contará con la fuerza política suficiente para mantener su programa. Más que las señales financieras y económicas, el mensaje político que están recibiendo los financistas es que el gobierno de Milei muestra debilidad, no consigue mejorar las condiciones materiales de la mayoría de la población y esa combinación pone en duda su continuidad después de las próximas elecciones presidenciales.
La city no confía en el plan financiero de Caputo
El programa financiero presentado por Caputo buscó neutralizar la incertidumbre acerca de la capacidad de pago de la deuda. El equipo económico calculó necesidades de financiamiento en moneda extranjera por 19.200 millones de dólares en 2026 y 24.900 millones en 2027. Para cubrirlas prevé emisiones en el mercado local, créditos de organismos multilaterales, privatizaciones y otras fuentes. La apuesta oficial es llegar al año electoral con un colchón de dólares y sin necesidad de colocar nueva deuda en el exterior.
La presentación produjo inicialmente el efecto buscado. El riesgo país cayó hasta 403 puntos, pero el entusiasmo duró poco. El propio programa deja en evidencia que la fragilidad financiera no desapareció, ya que para atravesar 2027 requiere una sucesión de refinanciamientos, desembolsos de organismos, colocaciones domésticas y recursos de privatizaciones.
Después de dos años y medio de un gobierno que hizo del alineamiento con el capital financiero una bandera, la economía de Milei sigue sin acceso al mercado internacional de crédito a tasas razonables.
La segunda señal que observa el mercado es la calidad de las reservas. El Banco Central superó los 13.500 millones de dólares de compras acumuladas a comienzos de agosto. Pero comprar dólares no significa que todos esos dólares queden disponibles. Una parte se utiliza para cancelar deuda y el stock de reservas, además, convive con pasivos del propio Banco Central.
La renovación del swap con el Banco Popular de China, cuyo plazo fue ampliado de tres a cinco años, ayuda a sostener el stock bruto y reduce tensiones financieras, pero no convierte automáticamente ese respaldo en reservas netas de libre disponibilidad. Esta diferencia entre reservas brutas y reservas efectivamente disponibles es clave para un acreedor. El mercado valora que el Banco Central compre divisas, pero analiza cuántas quedan después de pagar la deuda.
La política empieza a ocupar el centro de la escena
La explicación preferida de Caputo para desligarse de su responsabilidad apunta a la gestión del ala política del gobierno. Sin embargo, las cotizaciones de los bonos argentinos comenzaron agosto con un desempeño peor que el promedio de los mercados emergentes. Cuando los mercados internacionales mejoran, los activos argentinos acompañan poco; cuando empeoran, caen más que sus pares regionales. Este es el resultado del “riesgo Milei”.
El mercado empezó a operar en “modo 2027” y observa un gobierno que, pese al triunfo legislativo de 2025, sigue teniendo dificultades para convertir ese respaldo electoral en una mayoría política estable. La reciente batalla por la denominada ley de tierras fue una señal. El oficialismo tuvo que retirar capítulos centrales de su proyecto para evitar una derrota en el Senado. La media sanción salió recién después de eliminar la liberalización de la extranjerización de tierras y los cambios en la ley de manejo del fuego.
Para el mercado importa menos el contenido puntual de esa ley que comprobar que el Gobierno no pudo imponerlo. La salida de Adorni y el ascenso de Santilli pueden presentarse como una movida pragmática, pero también revelan una debilidad. Milei llegó al poder prometiendo terminar con la casta y, a medida que necesita gobernabilidad, recurre a dirigentes de la política tradicional para conseguir votos en el Congreso y acuerdos con gobernadores. Y ni aun así los consigue.
Caputo ya había utilizado la excusa del «riesgo kuka» para explicar la dificultad de perforar el riesgo país. Es una lectura política y económica que ya no convence porque coloca toda la incertidumbre fuera del Gobierno. Pero la duda que hoy aparece en los precios de los activos es bastante más amplia. No se trata solamente de quién puede derrotar a Milei, sino de si él puede construir las condiciones económicas y sociales para ganar.
Una parte importante de la economía no arranca: consumo, industria, construcción y comercio muestran debilidad, mientras los sectores más dinámicos —minería, agro y energía— no tienen la relevancia suficiente para arrastrar al conjunto. El propio Caputo habló de la necesidad de “reactivar” y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, admitió que la economía “crece menos de lo esperado”.
La deuda de los hogares no es una cuestión separada de la macroeconomía. Es una señal del deterioro de la capacidad de pago y la dupla Milei-Caputo responde que no habrá salvataje porque los contratos entre bancos, fintech y deudores son un asunto entre privados. Esa posición puede satisfacer al núcleo ideológico libertario y a una parte del sistema financiero, pero los financistas saben que si el ajuste fiscal, la apertura importadora y las tasas elevadas destruyen empleo, ingresos y empresas, la consecuencia política aparece después en las urnas.
Ese es el punto que empieza a inquietar a los inversores. La estabilidad cambiaria necesita de validación social. Milei hizo casi todo lo que el mercado quería. Ajustó el gasto, desreguló, abrió importaciones, prometió no asistir a deudores, acumuló reservas, consiguió respaldo del FMI, recibió mejoras de las calificadoras y anunció una reforma del Banco Central diseñada según la ortodoxia monetaria. Sin embargo, el riesgo país no perforó los 400 y, en lugar de seguir bajando, empezó a subir.
La explicación es que el mundo de las finanzas no evalúa solamente el programa económico, sino que analiza su sostenibilidad. El mercado que Milei idealiza no tiene lealtades ni agradece sacrificios pasados. El gobierno promercado necesita convencer a los financistas de que tiene la fortaleza política para mantener el actual rumbo del ajuste permanente, y el mercado está ansioso por saber si la sociedad está dispuesta a soportarlo hasta 2027.

