El show del “equilibrio fiscal” duró lo que un billete de 1000 pesos en el supermercado. En junio, el gobierno del prescindente Javier Milei volvió a meter al país en déficit y lo hizo con ganas: 2,7 billones de pesos de agujero financiero, según la Oficina de Presupuesto del Congreso.
Sí, los mismos que venían a fundar un nuevo orden económico terminaron incendiando las cuentas públicas en tiempo récord.
Después de cinco meses con superávit (base caja, bien trucha), el verso se cayó a pedazos. El déficit primario fue de 1.019.024 millones de pesos, pero si sumás los compromisos de deuda que nadie puede ignorar, el descalabro sube a 2.743.781 millones de pesos. Todo mientras te siguen vendiendo que estamos ante el «mejor gobierno de los últimos 100 años».
El gasto se les disparó como dólar blue en crisis: el pago de aguinaldos, los ajustes mínimos a jubilaciones y el final del Impuesto PAIS les rompieron el Excel. Entre sueldos públicos y jubilaciones quemaron 2,3 billones de pesos más en un solo mes. O sea: ajustaron durante seis meses para después hacer agua por todos lados.
Los números reales dicen otra cosa: los ingresos se desplomaron más que los gastos, y el equilibrio prometido es otro eslogan berreta. El Impuesto a las Ganancias cayó 12,9 por ciento, lo que dejó a las provincias en la lona.
El Impuesto PAIS, que venía salvando la recaudación, se evaporó. Y todo esto mientras la inflación vuelve a levantar vuelo: el IPC de CABA ya lo anticipó, y los precios se están escapando otra vez.
¿La frutilla del postre? La base monetaria creció 17,7 por ciento en junio. Sí, el mismo Milei que juró no emitir ni un peso, terminó metiendo más billetes que los que decía detestar. Con eso, alimentó la inflación, que él mismo había prometido exterminar. Una contradicción más, una tomada de pelo más.
Y por si hacía falta otro numerito de la estafa: mientras bajan las jubilaciones reales, los que más aportan a sostener la recaudación son las retenciones del campo, que están en plena liquidación. ¿No era que venían a liberar a los productores? Bueno, gracias al «campo libre», el ajuste les entra por la ventana.
