El conductor de La Cornisa hizo de anfitrión del de Debo Decir y juntos -como en los secadores de cabello de una peluquería- se dedicaron a lapidar a la diputada Carrió.
El intercambio de opiniones se convirtió de pronto en un ejercicio de chusmerío barato donde Lilita fue lapidada –eso sí, con buenos modos y palabras bonitas- por sus exabruptos, sus pretensiones de superioridad y sus destratos.
