Opinión

SABANA

Esta es la versión más disparatada que escuché: «¿Será verdad que la FIFA los obligó a perder por la sábana de las Malvinas? No podían permitirles ganar porque si salían campeones no podían dejar sin sanción lo del cartel. Antes de salir a jugar hubo una gran discusión por eso, porque les reprocharon a los del cartel lo que habían hecho, y algunos se negaban a dejarse ganar». Así se intentaba explicar la arenga de Messi al encarar el túnel para salir a la cancha. Con eso, las redes y los medios de la Argentina conquistaron el campeonato mundial del absurdo. El diario español El Mundo afirmó que la amenaza fue excluir a la Argentina de los próximos dos mundiales y que no se dieron a conocer los partes médicos del Cuti Romero y Licha Martínez. Otra, de alguien con un cargo legislativo, añadió:

 

 

Los delirios necesitan alguna base fáctica para propagarse y esta regla se cumple.

  • La FIFA castiga las manifestaciones políticas y, en este caso tan sensible, contó con la adhesión de las fuerzas de seguridad de la Argentina, Inglaterra y Estados Unidos.
  • En el Mundial de 1990 la Argentina eliminó a Italia en un partido jugado en Nápoles. Diego Maradona había arengado a la hinchada del Napoli a alentar a la Argentina: «Durante 364 días al año los tratan como si no fueran italianos, y ahora les piden que sean italianos para alentar a la selección». Una parte significativa de la hinchada cumplió con el pedido de su máximo ídolo, que además convirtió uno de los goles definitorios.
  • La final en la que Alemania batió a la Argentina se resolvió con un penal cobrado a pocos minutos del final por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, quien además expulsó a dos jugadores argentinos. Maradona, dentro de su abierta hostilidad hacia la dirigencia de la FIFA, lo había sindicado como parcial, pero Julio Grondona no lo impugnó.
  • En los albores del sionismo, a fines del siglo XIX, una hipótesis considerada y desechada fue el establecimiento de un Hogar Judío en la Patagonia. Como si fuera una hipótesis vigente pasado más de un siglo, el antisemitismo local sigue hablando del plan Andinia.
  • Pero se les complica, porque desde el ataque de Hamas de 2023, el gobierno ultraderechista de Israel está intensificando la limpieza étnica que comenzó en 1948, con la Nakba, de lo que El Cohete ha informado en detalle varias veces. El animal mitológico que esto generó es sionista y antisemita.
  • El objetivo de desplazar hacia los países árabes vecinos a la población palestina es ahora inocultable y proclamado en forma abierta por la parte del gabinete israelí, sin cuyo apoyo Netanyahu perdería el poder.
  • Las principales organizaciones defensoras de los derechos humanos del mundo (Amnesty International y Human Rights Watch) publicaron sendas investigaciones en las que califican la práctica del sionismo como de Apartheid.
  • El gobierno argentino de los Hermanos Milei es solidario con esos objetivos criminales, cuando hasta en Estados Unidos y en su propia población judía se manifiestan dudas y críticas al apoyo de Trump.
  • En marzo de este año, la Unión Africana presentó un proyecto de resolución en la Asamblea General de las Naciones Unidas que declaró como un crimen de Lesa Humanidad la esclavitud de africanos secuestrados y vendidos como ganado humano. Reclamaba disculpas y reparaciones. Hubo 123 países que la aprobaron y 52 abstenciones. Sólo Israel, Estados Unidos y la Argentina votaron en contra.
  • Conozco bien el fenómeno. Hace 40 años un novato periodista me entrevistó y usó como título mi frase «Porque soy judío no soy sionista».

 

 

Puedo repetirlo y agravarlo hoy, porque desde entonces, cada gobierno israelí se ha inclinado más a la derecha que el anterior y un fanático religioso sionista asesinó al único que firmó la paz con Palestina sobre la base de dos Estados.

 

  • La vicegobernadora PROcaz de Mendoza, Hebe Casado llamó a la selección francesa «los africanos». El embajador la declaró persona no grata, el gobernador Alfredo Cornejo se disculpó, pero Casado insistió en su agresión.

 

Ante una pregunta periodística sobre una hipotética presión recibida en la delegación y un posible conflicto interno, el técnico Lionel Scaloni fue categórico: «No puedo creer lo que me estás preguntando. Ya creo que nos estamos yendo para cualquier lado, chicos, de verdad». Ningún jugador expresó lo contrario. La frase de Messi en el túnel se refería a las críticas formuladas por periodistas y jugadores españoles luego de las victorias agónicas ante Egipto e Inglaterra: «Vamos muchachos eh, tranquilidad, gente, tranquilidad. Lo principal, estemos tranquilos muchachos. Pensemos en jugar nomás, eh. Tranquilidad, olvidémonos de todo, olvidémonos de todo. Eh, sólo juguemos, pensemos en jugar nomás, gente. En jugar, dale». Johnatan Goldfarb, que oculta su judaísmo tras el pseudónimo Joni Viale, difundió en la radio Rivadavia la versión completamente falsa de que el FBI había retenido en el aeropuerto al presidente de la AFA, Chiqui Tapia, y le había secuestrado teléfonos y aparatos electrónicos.

 

A qué sorprenderse

La acusación de racismo contra la Argentina (jugadores, dirigentes, técnicos, público) no debería haber sorprendido como lo hizo, porque había antecedentes frescos. En noviembre de 2020, un amigo del internacional uruguayo Edinson Cavani, que jugaba en el Manchester United, respondió cariñosamente en las redes antisociales a la felicitación de un amigo: «Gracias, negrito» La Asociación Inglesa de Fútbol lo castigó por presunto racismo con una multa de 100.000 libras esterlinas, tres partidos de suspensión y la obligación de tomar un curso sobre diversidad. El goleador explicó que el interlocutor era su amigo y que en el Río de La Plata negrito era una expresión cariñosa, sin connotaciones discriminatorias. Lo confirmó la Academia Argentina de Letras, pero Cavani debió aceptar la sanción para seguir jugando en Manchester, nada menos. Allí la revolución industrial se hizo con algodón cultivado por esclavos negros capturados por traficantes ingleses y holandeses en el Caribe y en Estados Unidos. Proyectaban sobre Cavani el racismo que hizo rica a su ciudad.

En 2022, cuando la Argentina derrotó en la final a Francia, la hinchada y los jugadores entonaron un canto abiertamente racista, que decía:

 

Juegan para Francia,

pero son todos de Angola…


Su mamá es nigeriana,

su papá camerunés…


Pero en el pasaporte:

francés.

 

Pero Messi y Mbappé compartieron durante un par de años el plantel del equipo de la ciudad de París y entablaron una relación más que cordial. El francés dijo que fue un privilegio y que aprendió muchas cosas del argentino, quien también es íntimo del moreno brasileño Neymar Jr. La primera vez que el seleccionado francés presentó un conjunto multiétnico, en el mundial de 1998, el ex paracaidista Jean-Marie Le Pen dijo que ese patchwork no representaba a Francia. Le Pen lideraba el partido racista y antisemita Frente Nacional, que ahora su hija Marine ha pasteurizado para ver si así puede llegar a la presidencia. Aquel conjunto ganó el torneo y desde entonces Francia es una potencia futbolística. Era un equipo del montón cuando la Argentina derrotó a su escuadra blanca como el Camembert en el torneo de 1978.

En 2022, la historiadora texana Erika Denise Edwards escribió en el Washington Post un artículo que tituló «Por qué la Argentina no tiene más jugadores negros en el mundial», basado en su investigación Hiding in Plain Sight: Black Women, the Law, and the Making of a White Argentine Republic. Una de sus explicaciones fue que en el censo de 2010 había un 1% de afrodescendientes, cifra que luego el Post redujo al 0,37%. Pero su argumento principal era que había en el país una larga historia de invisibilización de la población afro argentina y un mito de la «Argentina blanca». Bien lo sabía el clarividente Doctor Fernández: los argentinos descendemos de los barcos (¡).

Otros dos años más tarde, en 2024, la agresión musical contra los franceses se repitió en el ómnibus de los jugadores argentinos que habían vencido a Colombia en la Copa América y fue transmitida en su red antisocial por el jugador Enzo Fernández. La mayoría de los jugadores colombianos también son negros.

La Federación Francesa presentó un reclamo y el Chelsea, donde jugaba Fernández, abrió una investigación. Su compañero Wesley Fofana lo acusó de racismo. Enzo pidió disculpas en una declaración pública y a cada uno de sus compañeros. Nicolas Jackson, delantero senegalés del Chelsea, publicó un video muy tierno de Enzo Fernández jugando y abrazando a un bebé negro vestido con la camiseta del Chelsea. Jackson también subió un puño negro, otro blanco y un corazón. Hasta Fofana, después de un diálogo frente a frente con el acusado, declaró que Enzo no era racista. El episodio terminó sin sanciones y con Fernández como vice capitán del equipo.

 

 

Todos recuerdan también la foto de Messi a sus veinte años, bañando al bebé Lamine Yamal para una campaña de UNICEF.

 

 

Ambos se abrazaron al terminar el partido final.

Para el mundial que acaba de concluir, la FIFA sancionó una regla que castiga con la expulsión a un futbolista que para hablar con un rival se tapa la boca. Se le aplicó al paraguayo Miguel Almirón, durante el partido con Turquía. La norma fue establecida a raíz de una denuncia del brasileño Vinicius Jr, contra el argentino Gianluca Prestianni, quien lo habría llamado mono. Vini es el jugador que más insultos racistas ha recibido, o que más ha denunciado, en la Liga Española, donde representa al Real Madrid. Incluso se ha castigado con penas de cárcel a algunos de los agresores. En la final del domingo pasado, Messi pidió que se le aplicara a Marc Cucurella, cuando todos vieron que se dirigía a él tapándose la boca. El árbitro esloveno no le hizo caso.

Las redes antisociales hicieron su trabajo con la eficiencia habitual, de modo que el modelo más exitoso del crisol de razas se despertó convertido en el país más racista del mundo e incluso hubo algunas agresiones físicas contra jóvenes que vestían la camiseta albiceleste en lugares públicos de España. El mestizaje argentino no se dio en ninguno de los países europeos que colonizaron a otros de Asia, África o América Latina y tampoco en Estados Unidos. ¿Por qué entonces tantos cargos y tan feroces sobre nuestro país? Es la pregunta que se generalizó.

Una interpretación plausible es la política internacional del gobierno argentino, alineado con lo peor del mundo. La fascinación presidencial por Israel y su gobierno tiene componentes religiosos, ideológicos y comerciales. La adquisición de parafernalia bélica y policial a empresas israelíes, y la importación de las tácticas brutales que se emplean contra la población palestina producen milagros que tienen pendiente una explicación. ¿Cómo es posible que el actual representante de las empresas que producen esas armas y diversas aplicaciones de espionaje sea quien hace medio siglo organizó el entrenamiento de grupos numerosos de Montoneros en Siria y Líbano y compartió con la Organización para la Liberación de Palestina la fabricación de explosivos, que la OLP usaba contra los ocupantes israelíes y Montoneros contra la dictadura argentina, y que su adlátere de entonces sea ahora la vanguardia de la represión contra las movilizaciones populares? La mudanza de convicciones es habitual, pero es más que extraño que nadie se acuerde de estas cosas ahora que Donald Trump y Marco Rubio convocan a una guerra a muerte contra lo que llaman el terrorismo de izquierda, con referencias a Montoneros, que solo existe como una secta microscópica que se limita a exaltar con nostalgia tiempos mejores. Salvo que lo que vemos sólo sea la punta de un iceberg. Tampoco es por casualidad que Milei cultive la relación con Elon Musk y que Peter Thiel haya instalado su residencia principal en Buenos Aires.

Parte de la prensa local ha descubierto que los aliados israelíes de Milei presionan a Estados Unidos para que favorezca la devolución a la Argentina de las Islas Malvinas, como recompensa a Milei y castigo a Gran Bretaña por no sumarse a las agresiones israelo-estadounidenses contra Irán. Pero El Cohete documentó que esto comenzó antes del gobierno de Milei en la Argentina y de Trump en Estados Unidos. A Washington le apetecería ocupar el sitio inglés en la base militar de las islas, pero es imposible que Londres lo consienta.

En cambio, era previsible que los ideólogos y propagandistas libertarios, como Agustín Laje, Daniel Parisini (a) Gordo Dan y John Doe sindicasen al kirchnerismo como pieza fundamental de «la campaña anti-argentina». Según Laje, «validaron el wokismo que hoy nos acusa de racistas; promovieron la idea de que los jugadores eran desclasados; fomentaron el odio contra Messi; y alimentaron desde la propia Argentina la mentira de que la Selección ganaba gracias a los árbitros y a los favores de la FIFA». Hasta la pintoresca Lilia Lemoine puso su toque de involuntario humor: cree que el racismo empezó en África y que no se le puede cargar al hombre blanco occidental. Que todo es culpa del soviet.

Bastaron pocos días para que comenzaran las explicaciones y los pedidos de disculpas por parte de personalidades que habían dicho o que les habían atribuido alguna barbaridad: Patti Smith, Rosalía, Javier Bardem, entre ellos. “Dije que me parece injusto que, debido a las actitudes de Milei y del apoyo incondicional —y, a veces, muy orgulloso— que ha demostrado por el criminal de guerra Netanyahu, mucha gente apoye al equipo contrario”, aclaró Bardem. Es decir, todo lo contrario. «Nunca dije ni diría que la Argentina es un país xenófobo o racista. Eso nunca salió de mi boca y nunca saldrá, porque yo por la Argentina no tengo más que mucho cariño, mucho respeto, mucha gratitud y mucha admiración. […] La Argentina es una inspiración para mucha gente en mi país por el proceso que se hizo de reparación para traer justicia a las víctimas de la dictadura. Un proceso de reparación que, por ejemplo, en mi país no se hizo, desgraciadamente”, agregó Bardem.

Nada fue más asombroso que la sentencia del actor Samuel L. Jackson, que llamó a la Argentina el país más racista del mundo. En este caso es evidente la asociación de nuestro país con Trump, a quien en la revista Rolling Stone del 20 de junio de 2023 execró por su racismo.

 

 

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Que el actor de Pulp Fiction caiga con tanta facilidad en las redes de la desinformación es una advertencia sobre lo que se puede esperar para la próxima campaña electoral.
Siempre preciso con los datos, Rosendo Fraga minimizó el fenómeno, porque sólo ocurrió en países occidentales que en total no tienen más del 15% de la población mundial. En cambio, no penetró en los tres mil trescientos veinticinco millones de habitantes de China, Bangladesh, India y Pakistán donde es enorme la popularidad de Messi y la simpatía por la Argentina. Pero incluso en España, María Becerra fue aclamada el jueves cuando hizo flamear una bandera argentina.
Milei criticó en su estilo zafio a los jugadores por la bandera, hasta que Trump los elogió por ese acto de libertad. Estaba sentado junto a Infantino, a quien propuso para presidir las Naciones Unidas. Entonces Milei viró a la obsecuencia y les ofreció la Casa Rosada vacía de gobernantes y funcionarios para que festejaran y con escasa comprensión de los roles de cada uno, explicó que Scaloni y sus jugadores decidirían cuándo y cómo hacerlo. Cosechó la misma negativa que el Doctor Fernández. Messi ni siquiera llegó a Buenos Aires en el avión de la comitiva. Voló directamente a Rosario, en su propia aeronave.

Pruebas al canto

La sección humorística del diario deportivo Olé, del Grupo Clarín, desmontó los argumentos de la «conspiración intergaláctica». Para evitar confusiones, su columnista Diego Macias comenzó por reconocer que España jugó mucho mejor y ganó la final en forma inobjetable. Recién entonces enumeró los «irrefutables» argumentos del complot. Algunos de ellos:

  • Madonna subió a su show a Ronaldo y Ronaldinho, porque hubiera sido too much dos cracks españoles.
  • Para disimular, Lamine Yamal recibió órdenes claras y precisas: regalale la pelota al arquero rival si tenés un par de mano a mano y perdé 9 de 10 contra Tagliafico.
  • El FBI y la CIA le entregaron al Dibu Martínez una botella que tenía pegado un machete con la data de dónde iría cada remate español. En el tiro 20 estaba previsto que dudara en salir a romper en el área chica. Todo calculado.
  • El árbitro sabía que no debía sacar la roja al inicio, porque la Argentina se hizo fuerte en los últimos tramos de los partidos. Podría haber cargado a varios con amarillas, pero esperó y esperó hasta que le guiñó el ojo a Enzo Fernández. El argentino fue, revoleó a Cubarsí casi para roja directa, y así la Selección se quedó con uno menos.
  • Senesi, que se incorporó unos días más tarde, fue a buscar el centro de Simeone con el empate en la cabeza. Cubarsí tenía toda la data. No llegó al cruce porque es un crack de 19 años que juega con la experiencia de uno de 30, ni porque hizo un Mundial en un nivel superlativo. Claro que no. Sabía dónde iría el centro, estaba todo calculado.
  • El show del medio tiempo iba a ser más largo pero eso podía favorecer a la Selección. Justin Bieber se enojó cuando le acortaron la canción y se quedó solo con la guitarrita tocando mientras el huracán Shakira aparecía. Todas mini versiones para que no hubiera descanso para la Scaloneta. Ni el entretenimiento escapó al plan.
  • Diego Simeone exageró la patada de Beckham cuando finalmente echaron al inglés en el Mundial 1998. Giuliano debía pagar esa deuda y si le quedaba una pelota picando en el área debía revolearla a ManhattanNo tendría que ver ni que la bocha estaba muy alta, ni el tobillo que se había doblado minutos antes o que no le pegara bien y listo. Como desconfiaron de él, hackearon el chip de la pelota para que no entrara nunca al arco español. La tecnología también hizo su aporte.
  • Scaloni no podría zafar de las presiones. Por eso descartó a Lautaro que venía de ser clave en las levantadas con Inglaterra y Egipto. Todo estaba escrito.
  • El cierre debía ser creíble. Ayala practicó el día previo el “correctivo” a Olmo, Paredes probó con varios cómo agarrar del cuello de García, Molina sabía bien en qué momento desencajarse a los empujones. Trump, Donald para nosotros, había pedido alguna escena de partido de hockey sobre hielo, así bien tumultuosa. El espectáculo tenía que cerrar en alto.
  • Las lágrimas de Messi no tienen que ver con su último partido en un Mundial, en su Selección. No cuentan los 50 días concentrado sin estar cerca de los suyos en momentos de dolor. No tiene que ver con su corazón tan amateur como competitivo. No se quedó inmóvil mirando a su gente, desolado y sin consuelo, sino que le dio la espalda al poder que le hizo perder adrede una final de Copa del Mundo… Obviamente.

 

Las dos Argentinas

Quien tomó el tema con la mayor seriedad fue el cura católico en opción por los pobres, Eduardo de la Serna, cuyo escrito comenzó por descalificar la «supuesta campaña anti Argentina». Comienza refiriéndose a los chistes sobre argentinos:

  • el mejor negocio del mundo es comprar un argentino por lo que vale y venderlo por lo que él dice que vale»;
  • «un argentino se suicida tirándose desde su ego hacia la realidad»;
  • «cuando hay una tormenta y hay relámpagos los argentinos sonríen porque creen que Dios les está sacando fotos».

Afirma que «hay muchos argentinos que son realmente así» y alude a un hombre de la cultura porteña que sostenía que «si no fuera por Buenos Aires, la Argentina sería América Latina».

Pero también le consta que hay muchísimos argentinos que no se parecen en nada a ese estereotipo. La otra Argentina, además, es mayoritaria. Pero «los argentinos que viajan al exterior no son los pobres, los campesinos, los indígenas, los villeros, los de los barrios populares». Sería falso ignorarlo. Cuando se habla de los argentinos se habla de «esos sujetos detestables».

De la Serna recuerda que «la dictadura cívico militar con bendición eclesiástica hablaba de la campaña anti argentina en el exterior, la cual no era, ni más ni menos, que un reflejo de la verdad de lo que estaba ocurriendo en la noche oscura de la dictadura. Por lo tanto, más que hablar desde una posición victimal, de cómo no nos quieren tales o cuales, sería sensato pensar de qué argentinos están hablando, porque, al menos en mi caso, no tengo la más mínima disposición de defender ese modo de ser. Nada de esto quita que muchos, particularmente en Europa, no parecen tener demasiada autoridad para hablar de racismo, colonialismo o aires de superioridad. Los que hablan de los latinoamericanos como ‘sudacas’, por ejemplo, no parecen dechados de tolerancia y solidaridad. Los países que han colonizado medio mundo tampoco. Pero es bastante insensato hablar de los ciudadanos de un país e ignorar que hay, en ellos, otros muy diferentes. Personalmente creo que así como hay una grieta que divide dos Argentinas muy distintas, casi antagónicas, no es difícil de entender que pueda ocurrir lo mismo en otras localidades. Además de todo, es bastante sensato saber que una cosa es la crítica destructiva y otra cosa es la burla, habitual, por ejemplo, después de un partido de fútbol. Más que enojarnos, añade, sería sensato mostrar con todas nuestras posibilidades y capacidades que hay otra Argentina muy distinta que esa que un grupo bastante detestable muestra al mundo. Es ignorante desconocer que hay una Argentina que se ha visto siempre reflejada en Europa y otra Argentina que se ha sentido siempre latinoamericana». Concluye que cuando hablan críticamente de la primera Argentina, él coincide, pero que se siente ofendido, discriminado y rechazado si lo hacen de la segunda.

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