Canción guardada en las pancartas
La reunión de artistas de diversos estilos tuvo la presencia final de 40 músicos en escena, con Fandermole y Chiqui González.
Del Paraná vino el sonido de una bocina que saludaba, de una embarcación que quiso, desde su lugar de tránsito, navegando el río querido, participar a su manera. La fiesta fue para todxs; sí, el derecho a celebrar la memoria es un acontecimiento festivo, algo que estuvo presente desde la muchedumbre y el escenario montado a la vera del río, de cara a un Monumento vestido de luces celestes y blancas. El escudo de la nación fulguró multicolor; así como las voces plurales que hablaron y cantaron.
Mientras las primeras presentaciones transitaban con rememoraciones, canciones, adhesiones, tras el escenario se daban cita quienes vendrían después. Un abrazo temprano entre Pichi de Benedictis y Juancho Perone fue admonitorio del clima de afecto, sensible, que sobrevendría a lo largo de toda la noche.
Con la presencia de una madre de Plaza de Mayo de cartapesta, enorme como cabezudo de carnaval; un hallazgo realizado por Documenta Granadero Baigorria, que luego de ser parte de una breve e intensa puesta en escena, quedó recortada contra la fronda de los árboles, entre banderas y alegría. Una postal muy bella.
También frases, mezcladas y yuxtapuestas. “¿Cómo un niño puede ser enemigo?”, “Que digan dónde están”, “Sin racismo nos queremos”, “Florecerán pañuelos”; remeras, grupos familiares, sindicales, pibxs.
Así como con la versión de “No podrán”, de Susy Shock, tuvieron en las voces de dos pibas muy jóvenes una arenga vitalista: “No podrán generales ni enemigos, ni los cuentos heredados y pequeños. No podrán, aunque escupan nuestros pasos, ni aunque llenen de vidrios los canteros”.
El espíritu de la murga se hizo presente con Ojo al Piojo, en una selección musical que tuvo alegría, y por supuesto denuncia. Con ellos y otras voces al micrófono, se señalaron otras cuestiones, todas concomitantes, respecto de un sistema económico que es el que llevó adelante la última dictadura y que es el que ahora continúa con otras caras y modos.
Por su parte, Madrugada Candombe le puso un brío notable a los números musicales, desde su puesta en escena, la mixtura rítmica y las voces rapeadas. Además, con sus letras lograron un relato histórico, de vejámenes sufridos en otros lugares, siempre por los pobres, siempre por los negros.
La pantalla que acompañó cada presentación musical ofreció un relevo semántico, destinado a lograr una comprensión diferencial, con frases tan precisas como irrenunciables: “No perdonamos”, “No nos reconciliamos”.
Nasir y Fasiolo trovaron con “Argentina 78”, y pintaron un clima de época horrible y de fútbol negro, con la mirada lúcida de los dos músicos. Hizo también lo propio Kaysi, en su hip hop de denuncia y alerta: “se sigue matando gente”, dijo y cantó.
El rap mutante de Amor Underground brilló con una furia necesaria. Que fuerza extraordinaria la de este grupo, particularmente desde la presencia adhesiva y dinamita de Lucía Méndez, capaz de desplazarse por el escenario a una velocidad solo acorde con la de su voz. “Dejen de subir flyers, salgan a la calle”, cantó atinada.
Pero todo hay que decirlo, la fiesta se estiró demasiado. Amor Underground prolongó también su presentación, mientras el predio quedaba habitado por una cantidad menguante de gente, antes multitudinaria, luego aterida de frío.
La previsión horaria no fue la estipulada, una falla de cálculo -y ojalá que de aprendizaje- para una logística que deberá tenerlo presente en próximas oportunidades. Porque lo que siguió fue demasiado hermoso, debió ser toda la gente que estuvo presente la que escuchara lo que comenzó desde la voz de Chiqui González, maestra de una ceremonia de amor en la forma de canciones.
Al costado del escenario –luminosa como es, Chiqui todo lo llena de brillo-, junto a los 40 músicos que conforman al Frente de Músicos por la Memoria, la iniciativa de Jorge Fandermole. “¿Podemos hacer un silencio bello, nuestro”?” (…) “Entusiasmarse con la vida a pesar del genocidio (…) y sostener la terquedad de ser voz, juicio, relato (…) en un hoy atormentado”, prologó Chiqui a la primera de las canciones: “Como la cigarra”.
Seguirán “Todavía cantamos”, “Los dinosaurios”, “La memoria”, “Canto versos”, “Solo le pido a Dios”. Chiqui cantó junto a todos, y logró que los asistentes se reunieran, abrazaran, y sintieran un calor compartido, capaz de subvertir la falta de abrigos.
El colectivo de músicos convocado por Fander está integrado por que reunió a Rocío Basualdo, Pablo Andrés Pino, Julia Pistono, Coki Debernardi, Juan Trapani, Fernando Silva, Vicky Alancay, Sandra Corizzo, Myriam Cubelos, Juancho Perone, Héctor De Benedictis, Jorge Fandermole, Marcos Migoni, Leonardo Vega, Aldana Moriconi, Vanesa Baccelliere, Mati Vant, Noelia García, Vicky Durand Mansilla, Maia López, Raúl Rey, Irene Rodríguez, Ike Parodi, Matías Belmonte, Ciro Spizzirri, Clara Bertolini, Natalia Gómez Alarcón, Mercedes Borrell, Neyen Morra, Liza Polichiso, Julián Venegas, José Santucho, Diego Petrelli, Gianni Iazzetta, Mauricio Cuesta, Julián Cerdán, José María Blanc, Gabriela Rivoira, Martín Neri, Dani Lesté, Tomás Bozzano, Ale y Gabriel Cepeda, Camilo Salvatierra.
Reunirse a cantar, a reiterar estribillos que acompañan la vida, y que logran transgredir lo horripilante. Sobrevivir. Por los 30.000.
