La renovación del Concejo Municipal dejó un claro mapa político de la ciudad. El oficialismo conservando sus espacios, el fin de la ilusoria unidad del peronismo y el batacazo libertario engordando su bloque por encima de las expectativas. Límites partidarios y barreras de intereses que se dibujan por encima de acuerdos ideológicos más extendidos. En efecto, el peronismo luce atomizado pero en términos de interbloque constituye una fuerza que obliga a negociar y que actuará como barrera -incluso en parciales acuerdos con la bancada del intendente- para frenar cualquier arrebato libertario en el territorio. El PRO y el socialismo, los más menguados en representación.
Los que atribuyen el crecimiento mileista en Rosario a la incomprobable pericia política de la diputada nacional Romina Diez, no ven la remake de aquella película del 2017 cuando la ola amarilla del macrismo hizo ganar a cualquiera que tuviera ropajes de ese color, sin importar cómo se llamara. Lo único que tiene Diez es su lealtad infinita a Karina Milei, por eso el surgimiento de Juan Pedro Aleart -que cosechó votos propios por encima de la fuerza- representa una amenaza para la diputada jefa en Santa Fe. El exconductor televisivo ahora es vicepresidente segundo del Concejo.
El escenario legislativo local se pone lindo porque entre sus asientos hay al menos tres potenciales candidatos a intendente para el 2027. La presidenta del cuerpo, ratificada en la poltrona por séptimo año consecutivo, María Eugenia Schmuck, Juan Monteverde de Ciudad Futura en las alianzas que alcance con el peronismo, y el propio Aleart con su reciente cosecha de votos, aunque atado a la suerte presidencial para ese futuro cercano.
Schmuck hace años se prepara para que le toque el turno de la disputa. Sabe que tendrá que ganárselo dentro de Provincias Unidas y que deberá transformarse en opción para Pablo Javkin pero, principalmente para el gobernador Maximiliano Pullaro que querrá en el puesto alguien que le traccione votos de Rosario para su reelección en la provincia.
Para ese casillero, Pullaro había pensado en Federico Lifschitz, pero el concejal rompió rápido con el socialismo y cultivó desde el arranque un discurso antipolítico de derecha que lo pone en una franja ya ocupada por los libertarios. Sólo le quedó el apellido, del que también parece escindido teniendo en cuenta la gravitación política y la jefatura que ejerció su padre.
Por su lado, el peronismo le mostró a Monteverde las dificultades venideras para consolidar su liderazgo. Las astillas de la ruptura con el Movimiento Evita -el sector que primero arrimó a Ciudad Futura al peronismo- tras el cierre de la lista para candidatos a diputados nacionales, parece definitivo. El concejal Mariano Romero le baja todo el tiempo el tono al abismo abierto entre ambas agrupaciones y apuesta a los acuerdos legislativos coyunturales. Ciudad Futura se quedó con una banca nacional para Caren Tepp pero no fue a costo cero para el proyecto en Rosario.
Una ciudad diferente
El proceso de pacificación local que abrió las puertas a una nueva puesta en valor de Rosario le dió nuevos aires al intendente Javkin y a su gobierno. La posibilidad de encarar obras postergadas y el regreso de los vecinos a las calles, reconstruyen un escenario que había sido dinamitado por la pandemia y la violencia criminal. Se abrieron las puertas para la promoción del Tricentenario -una celebración inteligentemente armada- y el proceso de autonomía que habilitó la nueva Constitución provincial renovaron las expectativas en un tiempo en el que éstas no abundan. No es poco en un contexto de caída de los grandes relatos y ausencia de esperanza.
Sin embargo, la reconfiguración exigió una excesiva dependencia del gobierno provincial que es quien tiene a su mando las fuerzas del orden y domina la trama judicial que acusa en los procesos. Y también los recursos que llegaron redoblados para alcanzar los objetivos. En ese camino, Rosario ganó muchas cosas pero irremediablemente perdió gravitación política propia. Llevará otro tiempo más recuperar esa centralidad en la provincia que no sólo tiene que ver con el peso poblacional.
El principal castigo a la ciudad es la política nacional, obviamente no sólo Rosario sufre las consecuencias, pero esta ciudad tiene un entramado pyme y comercial que la hace mucho más sensible a los cambios económicos: Así como se recupera a gran velocidad cuando la actividad se mueve, también cae muy rápido cuando la recesión ataca sin piedad.
Las deudas que vienen
Esta semana, el gobierno provincial colocó deuda pública por 800 millones de dólares en Wall Street. Se suman a los 150 millones de dólares de la Comisión Andina de Fomento (CAF), con tasa más blanda, para infraestructura portuaria en el Gran Rosario y otros 75 millones de dólares para obras de los Juegos Odesur 2026.
Si bien se considera que se trata de un endeudamiento “bueno” porque su destino es la infraestructura; la inestabilidad económica argentina siempre representa un contexto de riesgo a la hora de cumplir con los compromisos. Hay que recordar que en el caso de los 800 millones de dólares de los 1.000 que autorizó la Legislatura, no contaron en su momento con el apoyo de la oposición.
En un escenario de sequía absoluta de fondos nacionales, esos dólares conseguidos afuera servirán también para asfaltar el camino de una gestión provincial que pretende afianzarse hacia el 2027, mostrando un costado distinto al de la administración nacional que sólo toma deuda para tapar los agujeros financieros y tiene totalmente paralizada a la obra pública.
Pullaro inició después de las elecciones un proceso más profundo de reconversión política: Menos esfuerzos destinados a denostar el pasado peronista y más concentración en marcar las diferencias con un gobierno que, aunque ganó las elecciones, muestra debilidades estructurales a diario. Aún después de la derrota de Provincias Unidas, el gobernador de Santa Fe se dispone a seguir abriendo un espacio en medio de la polarización.
