En uno de los últimos jueves llega a la Ronda de las Madres de la Plaza 25 de Mayo una mujer desesperada, su presencia fue una muestra de fidelidad a las Madres, por su lucha sin violencia en la conquista de derechos; si sus primeros pasos habían sido infructuosos la mujer ahora estaba en la Ronda depositando su confianza y su desamparo. Me acompañó por casualidad, caminó a mi lado, recién iniciada la marcha la mujer me dijo que estaba asustada; le pregunté qué le pasaba y me dijo que su ex pareja la amenazaba, que por eso no atendía el celular que sonaba. Apagó el celular y lo volvió a encender, dijo que la amenazaba de muerte por whatsapp, que había cambiado de celular varias veces pero que la ubicaba igual. Contó que había hecho varias denuncias sin resultado, que en una oportunidad la derivaron a una oficina cerca de Tribunales que se ocupaba de problemas de género, pero que la mujer que atendía le prestó poca atención, que fue dos veces, que la mujer estaba siempre ocupada con demasiados papeles; cuando en la comisaría pidió protección perimetral la derivaron a la ubicada a la vuelta del domicilio de su ex porque así correspondía, ella desistió espantada. No recordaba nombres ni tampoco muchos datos, su información era imprecisa, era evidente que había ido a la plaza a buscar apoyo, estaba muy asustada. Tan rápido como llegó desapareció de la Ronda, en ningún momento dijo su nombre, solamente que tenía 26 años. El Teléfono para atención y contención de mujeres en situación de violencia: línea 144, mediante el cual reciben información y refugio, debería haberlo obtenido en la primera Comisaría donde radicó su denuncia, eso no pasó. Es una información indispensable, si la primera acción en defensa propia de una mujer en riesgo es ir a la comisaría, no puede irse de ahí sin ese dato determinante.
Miedo es lo primero que siente una mujer amenazada, siente mucho miedo, cuando una amenaza afecta su vida, su confianza en ella, sufre terriblemente, su alrededor se vuelve muy peligroso, sin paz ningún sitio es seguro, ni siquiera el interior de las cuatro paredes que conoce. La mujer amenazada aunque quiera escapar a la idea de un mundo hostil y tétrico, no puede hacerlo, debido a la cantidad de víctimas fatales de hombres que sienten tener el poder de quitarles la vida. Mujeres que fueron sorprendidas un día por la muerte por obra de un violento que arbitra los limites de sus acciones a su antojo; para la mujer amenazada un destino así no es una posibilidad remota, tiene que cargar con esa presunción: le puede pasar .
Se trata de un drama a dos puntas, y ambas necesitan atención. Poner a resguardo a la víctima es lo que debe hacerse de inmediato, una mujer amenazada de muerte necesita urgente tanto cuidado como control de su entorno. Pero debido a su estado, el victimario también necesita atención, si quiere ejercer una violencia que no esconde y avisa que va a matar, cómo no aislarlo, cómo no tratar esa intención que ostenta como si fuera legítima, justa. Intervenir puede aliviar la situación dramática, no es posible no intervenir, no avanzar con los dos protagonistas para tratar de desactivar el drama. Actuar anticipándose genera una esperanza, desarmar con anticipación un hecho trágico con alta probabilidad de producirse además de evitarlo puede rescatar tanto a la víctima como al victimario, librarlos. Libre de la amenaza la mujer puede continuar con más autonomía y seguridad su vida.
La violencia no se detiene, más bien todo lo contrario, parece recrudecer y desafiar las marchas de Ni Una Menos, y cualquier manifestación de los diversos colectivos de género, pero todes siguen la lucha en la calle contra el patriarcado, una lucha que pretende demoler las estructuras del odio y la desigualdad, todo tipo de desigualdad. México: específicamente Ciudad Juárez, era la referencia dolorosa cada vez que se hablaba de femicidio por la cantidad de casos, hoy Argentina lo está superando. En lo que va del año un relevamiento de «La Nación» contabiliza 41 mujeres asesinadas, cuarentaiún mujeres argentinas, entre las cuales dos santafesinas murieron en menos de una semana, durante el primer mes del 2019: Danisa Canale, 38 años, en Gálvez; Agustina Imvinkelried, 17 años, en Esperanza; todas víctimas de un hombre violento, víctimas que en muchos casos dejan niñas y niños huérfanos. Santa Fe ocupa el segundo puesto en violencia de género en el país. Según datos del equipo de género de la concejala Norma López, durante el 2018 de los 302 femicidios ocurridos en el país 38 se registraron en Santa Fe, 18 de los cuales ocurrieron en Rosario. Dieciocho rosarinas engrosaron la lista. En Santa Fe alrededor del 50% fueron con armas de fuego. De acuerdo al Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación y los datos que brinda la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMac) los varones registraron un 98% del total de las solicitudes, mientras que las mujeres solo un 2%. Se accede sin dificultad a un arma, es un negocio rentable.
¿Se seguirán contabilizando muertes mes tras mes, año tras año, siempre superando el número del año anterior? Los recortes en la ley de Presupuesto nacional 2019 agravan las cosas. Si se quiere proteger la vida de la mujer hay que actuar mucho antes. El funcionamiento del ESI en Santa Fe, «De ESI se habla», en el marco de la Ley nacional de Educación Sexual Integral 26.150, promulgada en el 2.006, es un paso de los tantos que tienen que darse en ese sentido. ¿Cuál es el próximo? ¿Cómo se sigue con este crecimiento continuo de violencia verdaderamente espeluznante?
Por Gloria Lenardón
