Por qué Milei tiene el rechazo de una amplia mayoría
La economía recibe una oportunidad externa excepcional por la energía, la minería, el agro y el endeudamiento corporativo. Sin embargo, el gobierno de Milei enfrenta un rechazo social mayoritario porque solo crecen los enclaves exportadores, mientras la industria, la construcción, el comercio y el empleo están muy castigados.

Pocas veces el sector externo está ofreciendo un horizonte tan despejado como el que está disfrutando el programa económico de Javier Milei. Sería una oportunidad extraordinaria para construir las bases para proyectar un sendero de desarrollo integral con inclusión social. Sin embargo, el programa libertario no lo considera de este modo, puesto que está sustentado en promover economías de enclave.
Vamos primero con las cifras para exponer esta dinámica económica que sólo garantiza el atraso relativo y el deterioro social. En el frente externo, en abril, el superávit comercial fue de 2.710 millones de dólares, el saldo más elevado para ese mes en más de 20 años y supera en doce veces el de abril del año pasado (214 millones). Se acumulan así veintinueve meses de superávit comercial desde diciembre de 2023. En el primer cuatrimestre, el saldo comercial totalizó 8.275 millones de dólares, seis veces más alto que los 1.275 millones de igual periodo del año pasado.
La consultora Abeceb estima que, por la cosecha récord, el impulso minero, y los mayores precios de la energía las exportaciones podrían alcanzar el récord de 100.000 millones de dólares este año, con un superávit de casi 20.000 millones —con importaciones deprimidas por la debilidad de la actividad económica general—. Estos resultados están por “encima de todas las expectativas previas y casi duplicando el superávit comercial de 2025, que fue de 11.320 millones”, afirma.
En el plan de Milei, el alivio externo no sirve para un proyecto de desarrollo, sino que fomenta una economía concentrada y primarizada, sin que una mayoría social reciba parte de los beneficios que genera.
Una economía de dos velocidades
En el indicador sobre la marcha de la economía, el EMAE registró en marzo una suba del 5,5% respecto del mismo mes de 2025 y una variación desestacionalizada del 3,5% frente a febrero. Ambos registros representan una mejora significativa en la dinámica reciente y más que compensan la fuerte caída del mes previo, cuando la variación mensual había sido de -2,7%.
La consultora Vectorial explica que, a pesar de la mejora observada en marzo y de la recuperación transitoria en buena parte de los sectores, la estructura productiva continúa exhibiendo una característica distintiva de la economía bajo la actual gestión: la dinámica de «dos velocidades», donde conviven sectores muy dinámicos (Energía, Minería, Agro) que crecen por encima del promedio general, con un amplio conjunto de actividades rezagadas que, tras 27 meses de gobierno, todavía operan por debajo de los niveles de noviembre de 2023.
En ese sentido, el dato de marzo no altera esa configuración, sino que tiende a profundizarla. “Los sectores dinámicos continúan alejándose del promedio de la economía, mientras que el crecimiento agregado sigue mostrando una velocidad más cercana a la de los sectores rezagados que a la de aquellos vinculados a exportaciones, finanzas y recursos naturales”, destaca el informe de Vectorial.
Por caso, en el PIB del 2025, el sector de explotación de minas y canteras creció un 8% interanual, por lo que fue uno de los componentes más dinámicos del rebote económico. En tanto, impulsado por el desarrollo de los no convencionales (Vaca Muerta), la producción de petróleo crudo mantuvo tasas de incremento anuales superiores al 10%.
El último reporte de PxQ, la consultora de Emmanuel Álvarez Agis, precisa que, en comparación con noviembre de 2023 —que constituye de por sí un punto de partida malo—, la Construcción se ubica en -20%, la Industria en -3,2% y el Comercio en -3,0%. Este comportamiento derivó en que “en 2025, mientras que la actividad económica creció, el empleo cayó, dándose así una combinación rara vez observada en la historia reciente argentina”, destaca el informe.
La lluvia de dólares
Las cifras son contundentes acerca de la consolidación de esta matriz productiva y del relajamiento de la restricción externa. Esto último se reforzó con el ingreso de dólares financieros, ya sea para especular con el carry trade como por la emisión de deuda corporativa y de las provincias.
El volumen acumulado de Obligaciones Negociables superó los 37.000 millones de dólares entre 2024 y abril de 2026. Este ciclo marca un récord histórico, impulsado fuertemente por el sector energético, que captó cerca del 50% del financiamiento privado. Entre enero y abril de este año, las empresas continuaron con este ritmo de endeudamiento, sumando alrededor de 4.000 millones en colocaciones .
También ingresan dólares por emisión de deuda de provincias. En el primer cuatrimestre de 2026 hubo colocaciones internacionales que sumaron casi 2.000 millones de dólares con bonos de Córdoba (800 millones), de Entre Ríos (300 millones) y Chubut (650 millones). La carrera de endeudamiento no se detiene: el 6 de mayo pasado, el gobierno de la Ciudad emitió 500 millones de dólares de la serie 14 del Bono Tango.
Qué es una economía de enclave
Con el indicador de la actividad económica con signo positivo y con el ingreso extraordinario de dólares el clima social debería ser otro en relación a la aceptación de la gestión de gobierno, de Milei y de las expectativas de la población para los próximos meses. Sin embargo, el consenso de todas las encuestas de opinión pública refleja un rechazo mayoritario.
El mundo libertario queda desorientado por la reprobación. Milei se sumerge entonces en interpretaciones conspirativas que apuntan a periodistas, medios, políticos y empresarios, sin poder identificar el origen del rechazo. El motivo es fácil de encontrar si se tiene la capacidad de evaluar cuáles son las consecuencias socioeconómica y laboral de una economía de enclave, como la que está impulsando el proyecto liberal-libertario.
Una economía de enclave es un modelo productivo en el que empresas extranjeras y grupos económicos locales controlan actividades orientadas exclusivamente a la exportación. Estos enclaves operan de forma aislada, sin integrarse al mercado local, y extraen las ganancias y materias primas sin generar un desarrollo económico sostenido a nivel general. Milei no debería sorprenderse porque ha elegido a tres sectores (Energía, Minería, Agro) que, sin regulaciones de integración local, consolidan una economía de enclave.
Para el ministro autopercibido inteligente, ignorante del inmenso aporte al saber económico de Aldo Ferrer, el concepto de economía de enclave fue creado hace unos sesenta y cinco años por la corriente económica estructuralista. Entre sus miembros más conocidos se encuentran los brasileños Celso Furtado y Fernando Henrique Cardoso, además del propio Ferrer. Como ese ministro, Federico Sturzenegger, habla sin saber, estos economistas aplicaron esta categoría para estudiar los sistemas productivos de países de América Latina caracterizados por la monoproducción de algún cultivo o por una actividad originada en la minería a comienzos del siglo XX.
El RIGI funciona como una arquitectura legal para ese modelo. Facilita la dependencia de capitales externos, debilita los encadenamientos productivos locales, habilita la transferencia de ganancias al exterior y aumenta la vulnerabilidad frente a los precios internacionales. No es un régimen de desarrollo nacional, sino que es uno de privilegios para enclaves exportadores.
Las consecuencias de un proyecto de la desigualdad
Este modelo genera una profunda desigualdad económica y social. Por un lado, crea núcleos de modernización en el enclave, con infraestructura propia y mejor calidad de vida para los trabajadores. Por otro lado, margina y debilita a los sectores vinculados al mercado interno, que compiten en desventaja y terminan desplazados.
En los hechos, el impacto socioeconómico de una economía de enclave se caracteriza por generar un crecimiento económico aislado, que no se traduce en el desarrollo del conjunto. Esto es así porque las ganancias generadas por la explotación de recursos naturales no se quedan en el país, sino que se transfieren al exterior. Se crean dos economías paralelas dentro de un mismo país: un sector moderno y tecnificado (el enclave) y un sector interno desvinculado de esa bonanza. De esta forma, la economía local se vuelve extremadamente dependiente de los precios internacionales de las materias primas de exportación. En el caso argentino, depende del petróleo, del gas, de los minerales (oro, plata, litio), y de los granos y oleaginosas.
Las actividades tradicionales desaparecen, se construyen ciudades (por ejemplo, Añelo, en Neuquén) o campamentos de la empresa con servicios de alta calidad solo para los directivos, rodeados de comunidades locales postergadas. Otro efecto es la pérdida de soberanía política, porque las grandes corporaciones adquieren tanto poder económico que logran presionar a los gobiernos locales y al gobierno nacional para cambiar leyes laborales y ambientales a su favor.
Milei no sabe o no entiende qué está haciendo
El crecimiento sobre la base de economías de enclave es difícil que pueda capitalizarse en términos políticos en Argentina, más aún con la estructura productiva y sociolaboral sedimentada en un siglo de industrialización, organización gremial y concentración poblacional en centros urbanos.
El rechazo social y político que hoy recibe Milei se concentra precisamente en los centros urbanos y no tanto en las zonas de desarrollo de las economías de enclave.
Milei se ha embarcado, con el indudable respaldo de los grupos económicos favorecidos y de Estados Unidos, en la transformación estructural del funcionamiento económico, social y laboral del país. Estos factores de poder registran el repudio social que está generando Milei y, por este motivo, se han lanzado a buscar un reemplazante, pero sin modificar el proyecto de economía de enclave.

