«Es el grito de los ancianos descartados y abandonados. Es el grito de quienes se enfrentan a las tormentas de la vida sin una presencia amiga. Es el grito de quienes deben huir, dejando la casa y la tierra sin la certeza de un lugar de llegada», planteó.

El Papa llamó a atender la situación «de poblaciones enteras, privadas también de los enormes recursos naturales de que disponen. Es el grito de tantos Lázaros que lloran, mientras que unos pocos epulones banquetean con lo que en justicia corresponde a todos».

Además, en lo que pareció un mensaje para los sectores conservadores críticos de su magisterio, advirtió que ocuparse de los pobres «no es la moda de un pontificado, sino una exigencia teológica».

«La injusticia es la raíz perversa de la pobreza«, sentenció.

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