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El presidente de la FIFA, entre la reelección y la llegada a la ONU

Infantino, el virrey del mundo

El ítalo-suizo se sometió ante Trump, pero le sirvió para sumar poder. Con su eventual continuidad asegurada, su futuro puede tener por delante un cargo más grande.

Infantino-Trump, una sociedad que no para de construir poder. MANDEL NGAN. AFP

El extinto Julio Grondona solía equiparar su cargo en la FIFA a ser “el vicepresidente del mundo”. ¿Qué sentirá entonces Gianni Infantino, el abogado ítalo-suizo titular de la entidad, quien de promesa de cambio una década atrás pasó a encarnar lo más deplorable de la corporación futbolística? Ahora navega entre una reelección prácticamente asegurada en la multinacional del fútbol y la posibilidad de un cargo más grande, algo que lo emparente verdaderamente con la ambiciosa idea de ser “presidente del mundo”.

Su impúdica sumisión a Donald Trump -a quien comenzó a seducir entregándole el Premio FIFA de la Paz en diciembre pasado- le ha proporcionado dividendos muy tangibles. Para empezar, los mejores resultados económicos de una hipercomercializada Copa del Mundo.

Las previsiones de beneficios por 13 mil millones de dólares quedaron cortas; se calcula que, con precios de entradas a la final de 20 mil dólares en promedio más adicionales suculentos en ingresos VIP, la cifra rondaría los 15 mil millones.

A lo largo del torneo, Trump molestó poco en los estadios; solo se lo vio en New Jersey, durante la final. Su intromisión descarada durante la fase decisiva, cuando llamó a Infantino para interceder por el delantero Folarin Balogun, no causó más daño simplemente porque, sintiéndose perjudicado, el seleccionado de Bélgica cumplió con su juramento de eliminar a los Estados Unidos en octavos de final, goleándolo 4-1, y el escándalo se extinguió allí.

El disparador de aquella acción contraria al sentido deportivo de la competencia fue el titular de la fuerza de tareas de la casa Blanca en el Mundial, Andrew Giuliani, fue el mismo que justificó el episodio de la bandera sobre Malvinas tras la victoria de Argentina sobre Inglaterra sobre la base de la primera enmienda de su constitución. “Los jugadores argentinos tienen la oportunidad de hacer uso de un derecho a la expresión aquí en los Estados Unidos”, había señalado.

Giuliani fue quien advirtió a Trump, apenas terminado el partido Estados Unidos-Bosnia, en San Francisco, en el que Balogun fue expulsado, que había que protestar la sanción aludiendo al pasado “un poco sospechoso” del árbitro brasileño Raphael Claus. Es probable que el POTUS creyera que, a causa de una tarjeta roja cuyo significado desconocía, su seleccionado estaba obligado a jugar los octavos con diez futbolistas.

Acaso agradecido por aquella acción –de la que Infantino se desligó, apuntando a la Comisión de Disciplina- que, según versiones, estaría a punto de proponer a Infantino para que se haga cargo de las Naciones Unidas. El portugués Antonio Guterres, secretario general de la ONU desde 2017, dejará de serlo en diciembre. Esa sería una posición en la que el suizo acaso no se haya soñado nunca, pero que indica la profundidad del sueño imperial de Trump, decidido a reinar globalmente con Infantino como su virrey.

En cualquier caso, el polémico presidente de la FIFA cuenta de mínima con una tercera reelección en su sillón en Zurich. Los comicios tendrán lugar en marzo próximo, en el 77° Congreso FIFA en Marruecos, cuando los organizadores esperan que, como guiño al continente africano y a los 54 miembros de la Confederación continental (CAF), Infantino anuncie que la final del Mundial 2030 se dispute en territorio marroquí y no en España, como muchos fanáticos del flamante campeón mundial esperaban.

Acaso por esa razón el presidente de la Liga española, Javier Tebas, dio la nota disonante, al pedirle la renuncia tras acusarlo de “destruir la industria del fútbol” por priorizar la Copa del Mundo, que reporta ganancias a FIFA, en desmedro de las competencias nacionales.

A Tebas se le sumó, de manera no muy sorprendente, el antecesor de Infantino, Joseph Blatter, que llamó a “aficionados, jugadores y asociaciones nacionales a recuperar el fútbol y devolverlo a sus raíces con un liderazgo renovado”.

Los sucesos del Baur-au-Lac en 2015, cuando pareció que FIFA encontraba la posibilidad de una purificación tras 17 años de controvertida presidencia de Blatter, no condujeron a nada. Infantino asumió la presidencia en febrero de 2016, con el 55 por ciento de los votos en segunda vuelta; en 2019 y 2023 fue reelecto sin oposición. Ahora, con el explícito apoyo de Trump, ni siquiera siente cosquillas.

Tebas reconoce que su pedido será estéril. “Tiene el apoyo del sistema, de las federaciones, no hay un candidato opositor, nadie quiere presentarse para perder”, admitió. “El núcleo del sistema está podrido”.

El escándalo Balogun pudo haber causado mucho daño de no haberse desactivado de manera tan inmediata, tras la goleada belga. Fue por entonces que FIFA filtró que más de 200 asociaciones nacionales respaldan la tercera reelección de Infantino. Esa cifra representa el 95 por ciento de las 211 afiliadas a la entidad. “Solo un pequeño número de asociaciones europeas están entre los disidentes, con Alemania la asociación de más alto perfil que todavía no ha provisto apoyo oficial”, señala The Guardian.

La FA inglesa envió su carta de adhesión mucho antes del inicio de la Copa del Mundo. Uno de los últimos actos del primer ministro británico Keir Starmer en su cargo fue reclamar a la FIFA investigar el episodio de la bandera de Malvinas, reclamando sanciones. Pero la entidad desoyó el pedido, al menos de manera inmediata, el lunes próximo Starmer dejará de ser el premier y la FA continuará apoyando la reelección.

“Algunas asociaciones”, agrega el periódico, “están sujetas a una persistente presión de la FIFA para confirmar su adhesión (a la reelección). En teoría, eso es inadmisible bajo el Código de Ética de la institución”.

No sorprendería que en el Congreso de Marruecos se anuncie de manera oficial que la próxima Copa del Mundo en 2030 sea disputada por 64 selecciones, algo así como el 30 por ciento de los representantes de las asociaciones afiliadas, lo que despertará una ola adicional de adhesiones de países a los que, en otras condiciones, les sería casi imposible disputar una Copa del Mundo.

En ese panorama, parece imposible que surja algún candidato opositor pasible de sufrir una derrota catastrófica. El próximo 18 de noviembre se cerrará de manera oficial la postulación de candidatos. La de Infantino, desde ya, se descuenta. Acaso una de sus primeras decisiones en un eventual cuarto mandato sea nominar nuevamente a los Estados Unidos como anfitriones de una Copa del Mundo, en este caso la de 2038, la próxima cuya sede resta designar, dado que en octubre de 2024 se decidió que la de 2034 se juegue en Arabia Saudita.

Pero quizás Infantino no llegue a la elección si Trump insiste en promulgarlo secretario general de la ONU. En cualquier caso, tendrá demasiadas razones como para creerse, efectivamente, el virrey del mundo.

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