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«Acá hay dos autos, Milei y yo, el va primero y yo voy chupada atrás como los autos de Fórmula I. Si llega Milien todo bien, soy la segunda y sino, en el último minuto doy el sorpasso y me le pongo adelante», con esa metáfora automovilística, Patricia Bullrich explica su estrategia política para las próximas elecciones presidenciales.

 

Esto implica que la decisión de estacionar su candidatura presidencial, que anunció por Clarín, fue una jugada táctica. Si Milei llega en malas condiciones al 2027, vuelve. «Ella va a levantar la mano el año que viene», aseguran sin margen de duda en el gobierno de Jorge Macri, que habla con la senadora más de lo que trasciende.

 

Uno de los hombres más importantes del PRO agrega un análisis que explica porque Patricia Bullrich se convirtió en la enemiga pública número 1 de los hermanos Milei. «Cuando ella dice que si Milei no llega bien al 2027, se lanza a presidenta, lo que entienden en la Rosada es que está esperando que a Milei le vaya mal», explica.

 

La confianza se rompió cuando en el pico de la crisis de Adorni, la senadora pidió su renuncia y no le aflojó. Momento preciso en el que activó su candidatura presidencial y a pedido de Paolo Rocca tuvo un acercamiento con Mauricio Macri para coordinar una estrategia. Coordinación que Macri acaba de dar de baja porque tuvo la sorprendente revelación que su ex ministra no es confiable.

 

 

Pero tanto Rocca como Héctor Magnetto, que son sus verdaderos jefes, la mantienen en boxes. La cuidan y el mejor ejemplo ha sido la catastrófica derrota que sufrió en el Senado con la ley de tierras, que por esas maravillas de la Argentina no fue su derrota ni fue importante. Lo destacable es que se consiguió darle media sanción a una importantísima (?) ley de desalojos y lo realmente crítico fueron los enfrentamientos en la calle, exactamente iguales que todos los que ocurren, ocurrieron y ocurrirán, cuando el Congreso trata algún tema que moviliza a la sociedad.

El proceso para lograr la demolición política de patricia Bullrich, o al menos su aislamiento, que busca replicar la medicina aplicada a Victoria Villarruel, ya está en marcha bajo la conducción de Karina Milei, experta en administrar venganzas.

 

Pero en la Casa Rosada no se distraen. El proceso para lograr la demolición política de patricia Bullrich, o al menos su aislamiento, que busca replicar la medicina aplicada a Victoria Villarruel, ya está en marcha bajo la conducción de Karina Milei, experta en administrar venganzas. La hermana del Presidente le impuso la tarea de sacar la ley de tierras y en las horas críticas de la negociación de los votos con los gobernadores la dejo sola. Buscaron y consiguieron afectar su autoridad política. En el medio se cargaron a Sturzenegger, pero esa es una pelea menor.

 

«No voy a mentir, nosotros le pusimos el cuerpo, pero cuando empezamos a negociar con los gobernadores nos sorprendió que del otro lado no aparecieran ni Karina, ni Lule, ni Santiago, ni nadie de la Casa Rosada, como siempre nos pasaba», confesó con realismo -y un poco sorprendido- uno de los seis dirigentes peronistas que operaron para que se caiga la ley de tierras.

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El gobierno sufrió una derrota política inapelable, el gobierno está cayendo en las encuestas, Milei está más desconectado de lo habitual de la realidad cotidiana de la gente y de su propio gobierno, las internas ya son transversales y cada vez más siguen la lógica cruda de peleas por negocios y cajas. Todo eso es cierto, pero habría que tomar con prudencia la idea que la caída del Senado es el inicio de una descomposición política de la alianza de los libertarios con los diez gobernadores que le dieron sustento político hasta acá.

Kicillof cree que le conviene estar lejos de Cristina y Massa y patea las negociaciones a marzo

 

La prueba de fuego es la eliminación de las PASO y las leyes económicas importantes que quedan por delante: Banco Central, zonas frías, inocencia fiscal y presupuesto. Ahí, cuando la Rosada ponga toda la carne en el asador, se verá que tan dañada está esa arquitectura política.

 

La task force peronista que volteó la ley de tierras la integraron Sergio Massa, José Mayans, Máximo Kirchner, Juliana di Tullio, Germán Martínez y Cecilia Moreau. El repaso de los nombres habla bastante del estado de situación del peronismo. La superestructura del movimiento no incluye a Kicillof.

 

Por ahora, ese aislamiento no preocupa al gobernador, que cree que lo beneficia mantenerse lejos de «la rosca», porque su prioridad es crecer en la gente y con ese peso ir a la negociación final con Cristina y Massa, recién en marzo del año que viene.

 

No es un pensamiento novedoso, pero tiene su peso. La política es rosca, popularidad y plata. El secreto del éxito suele encontrarse en la secuencia que mejor articula y equilibra esas variables. Y en la suerte, que es como decir, todo lo que no se puede manejar.

La task force peronista que volteó la ley de tierras la integraron Sergio Massa, José Mayans, Máximo Kirchner, Juliana di Tullio, Germán Martínez y Cecilia Moreau.

 

En ese casillero habría que darle un lugar destacado a la evolución del plan económico de Milei y Caputo, que parece ubicarse en el vértice exacto que divide una transformación exitosa de otro ajuste que se agotó en si mismo. La novedad es que hasta los más convencidos empiezan a reconocer que sólo con campo, minería y energía no alcanza. Y cuando no alcanza se complican las elecciones. Que es lo que preocupa al FMI y motivó nada menos que el traslado de su jefa, Kristalina Georgieva, a Buenos Aires. Porque está todo bien con los chats, pero todavía hay cosas que sólo se pueden entender en el lugar, hablando con humanos.

 

Y el FMI no la tiene fácil, que es lo mismo que decir que Milei no la tiene fácil. Porque quieren que devalúe, para que acumule mas reservas, para que les pague la deuda; pero también quieren que reelija, para que sigan sus políticas. Y en la vida hay que elegir: devaluación es más inflación que es menos votos. Pero ajuste e inflación es muchos menos votos. Eso explica la discusión del gobierno con el Fondo, que fue y es la misma. Por eso el tipo de cambio fijo o semi fijo vuelve una y otra vez. Es el hemisferio político de Milei, que se da cuenta que su activo electoral es la estabilidad de precios. Si pierde eso, pierde todo.

 

Y en esa tensión, en las señales de cansancio del programa, en la caída en las encuestas, florecen los outsiders autopostulados, que ofrecen una salida de «derecha racional», que evite el regreso de los malditos peronistas, si Milei no logra encontrarle el agujero al mate. Macri sería el candidato natural de ese mundo, pero está de joda. Dicho esto con respeto y sin juzgar una decisión que puede ser la más sana, al menos para él.

 

La ex vicegobernadora de Santa Fe, Gisela Scaglia, en la reunión que tiempo atrás Macri tuvo con el gobernador Maxi Pullaro, se lo dijo con claridad: «Si vas de candidato a presidente los gobernadores de lo que era Cambiemos te apoyamos y podemos sumar unos 50 diputados y esto nos permitiría pararnos de otra manera ante Milei y construir para el 2031». Un planteo superprofesional de una politóloga profesional. Pero Macri no quiere perder, aunque signifique ganar después. Y está de joda.

Entonces volvemos al principio, el candidato de relevo de Milei para la continuidad del proyecto ya existe y se llama Patricia Bullrich. Mide más que el Presidente y tiene el apoyo del duopolio que al final del día, le marca el paso al círculo rojo. Por eso, es la enemiga pública número 1 de los Milei.

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