El femicidio como analizador social.
En las últimas jornadas se produjeron una serie de hechos atroces que tienen una marca en común se trata de femicidios.
En la provincia de Córdoba Agostina Vega de 14 años fue secuestrada permaneció desaparecida durante más de una semana, luego sus restos fueron hallados desmembrados.
En Misiones, Dulce Beatriz Candia de 17 salió de su casa para una iglesia a la que nunca llegó, su familia realizó la denuncia a la policía, que no registro el hecho ni realizó búsqueda alguna, días después, apareció muerta en una cámara séptica en el barrio El Tucán.
La cifra de femicidios se acrecentó de manera exponencial desde el año 2025.
Contrastan los números oficiales con los organizaciones de la sociedad civil.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación afirma una disminución en los casos consumados a nivel país, registrando 1 víctima cada 44 horas. En contraposición La Casa del Encuentro y el Observatorio MuMaLa reportan un alarmante incremento en los intentos de femicidio y advierten sobre la vulnerabilidad de las mujeres ante el desmantelamiento de programas de asistencia, estimando un promedio cercano a 1 víctima fatal cada 31 a 35 horas.
Es posible plantear que la persistencia de la violencia de género es parte de la ideología patriarcal capitalista que ve en los cuerpos meros objetos manipulables, explotables.
Los mismos que se oponen a Educación Sexual Integral son los que de una u otra manera amparan la trata de personas.
Los femicidios, los travesticidios, los lesbicidios son la expresión explícita de la cruela embozada en la explotación de la fuerza de trabajo y el padecimiento cotidiano de las niñas y niños desposeídos de lo elemental, alimentos prestación sanitaria, vivienda, acceso a una educación digna para emanciparse.
Un sistema perverso y filicida que vigila domina y castiga y contra el que hay que luchar sin tregua.
Carlos A. Solero
