El incendio en la Amazonia provocó desde la semana pasada un corredor de fuego que se extiende por el Medio Oeste, Sudeste y Sur de Brasil y alcanza a países vecinos como la Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia. El área arde con un agravante: la política del presidente Jair Bolsonaro, que insiste en desmantelar las políticas ambientales.
Los incendios tienen comenzaron el 10 y 11 de agosto, jornadas denominadas como “Día del Fuego”. Los grandes terratenientes incrementaron en esos días la quema de la selva: talan árboles, prenden fuego a lo que queda y abren el suelo para plantar soja y para la pastura del ganado.
Cinco estados brasileños han padecido un aumento del número de incendios desde el comienzo de 2019. En Mato Grosso del Sur, el área afecxtada creció el 260 por ciento. Le siguen Rondonia (198), Pará (188), Acre (176) y Río de Janeiro (173).
De acuerdo al Instituto Brasileño de Investigaciones Espacilaes, el aumento de la deforestación amazónica es la mayor de la historia, y se debe principalmente al recorte del 95 por ciento en el presupuesto para combatir el cambio climático.
En comparación con 2018, los incendios en Brasil aumentaron un 82 por ciento. Solamente en 2019 hubo 71.497 focos, contra 39.134 del año pasado. Además, se han quemado 32 unidades de conservación y 36 territorios indígenas.
Con el aumento de la quema y la deforestación, hay una disminución en la evapotranspiración de la selva amazónica y, en consecuencia, una disminución en los ríos voladores, que son responsables de gran parte de la lluvia que cae en el continente. Como consecuencia de esto hay sequía; falta de lluvia; aumento de las temperaturas, sobre todo en las ciudades, problemas en el suelo, que obstaculizan su productividad; problemas respiratorios en la población, debido a la baja humedad; y posible caída en el índice fluviométrico del río Amazonas, debido a la falta de lluvia.
