Santa Fe Provincia

La baja de recaudación fiscal aumenta la conflictividad estatal

La caja está flaca y el conflicto va para largo

La caída de la coparticipación y de los ingresos propios presiona las cuentas santafesinas y alimenta pujas salariales en educación, salud y seguridad.

marcha de gremios docentes publicos y privados y organizaciones sociales contra el ajusto de Pullaro y Milei
Amsafe Sadop
Foto Andres Macera
Docentes públicos y privados, pero también fuerzas de seguridad y trabajadores de la salud piden recomposición salarial. Andres Macera

La discusión salarial entre el gobierno de Santa Fe y los gremios estatales suele presentarse como una disputa sectorial. Docentes que reclaman por la pérdida de poder adquisitivo y lanzan su Carpa Blanca itinerante, profesionales de la salud que rechazan las ofertas oficiales o policías que denuncian salarios insuficientes y amagan a un acuartelamiento, aparecen como capítulos aislados de una negociación permanente. Pero el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) propone una lectura más amplia, a través de un estudio reciente: detrás de la conflictividad laboral que atraviesa a buena parte de las provincias argentinas existe una crisis de financiamiento estatal vinculada a la caída simultánea de los recursos nacionales y de la recaudación propia.

El estudio, titulado La contracara de la caída de la recaudación provincial: el incremento de la conflictividad laboral, analiza la evolución de las finanzas provinciales y releva más de un centenar de conflictos registrados durante los primeros meses de 2026 en todo el país. La conclusión es que la retracción de los ingresos públicos impacta directamente sobre los sectores que concentran la mayor parte del gasto provincial: educación, salud, seguridad y sistemas previsionales.

Santa Fe aparece en ese mapa como un caso representativo. La provincia gobernada por Maximiliano Pullaro y aliados recibe una porción importante de sus recursos a través de las transferencias automáticas de la Nación. Según los datos recopilados por CEPA, las transferencias tributarias de origen nacional representan, en promedio, más de la mitad de los ingresos provinciales. En Santa Fe, la coparticipación federal y otros envíos nacionales constituyen una fuente central de financiamiento.

El problema es que esa fuente comenzó a reducirse. Durante abril de este año, los Recursos de Origen Nacional (RON) registraron una caída real del 3,3 por ciento para el conjunto de las provincias, mientras que la Coparticipación Federal de Impuestos descendió 3,8 por ciento interanual en términos reales. No se trata de un episodio aislado. Enero, febrero y marzo también mostraron retrocesos importantes, por lo que el primer cuatrimestre cerró con una caída promedio de 5,6 por ciento en los recursos nacionales y de 7,2 por ciento en la coparticipación.

La explicación remite al enfriamiento de la economía. Los impuestos que alimentan la masa coparticipable, especialmente IVA y Ganancias, dependen del consumo y de la actividad económica, ambas variables en franco retroceso. Cuando ambos indicadores se retraen, también disminuyen los fondos que llegan a las provincias.

A ese fenómeno se suma otro factor que agrava la situación. CEPA sostiene que los recursos de origen provincial también vienen en baja desde diciembre de 2023. En promedio, las provincias recaudaron un 16 por ciento menos en términos reales durante la gestión de Javier Milei respecto del período previo. La desaceleración de la industria, el comercio y los servicios permite advertir una tendencia semejante en Santa Fe.

La consecuencia aparece del lado del gasto. La Casa Gris destina el 73,9 por ciento de su presupuesto a servicios sociales. La educación absorbe el 31,2 por ciento del total; la seguridad social, el 16,4 por ciento; la salud, el 14,5 por ciento; y la seguridad, el 11,8 por ciento. En otras palabras, casi tres cuartas partes de los recursos se destinan a áreas intensivas en empleo público y con fuerte peso salarial.

Cuando los ingresos se reducen, la tensión se traslada inevitablemente a esos sectores. Para CEPA, allí reside una de las claves para comprender por qué los conflictos laborales se multiplicaron en todo el país. El relevamiento contabiliza al menos 101 conflictos estatales desde comienzos de 2026 y señala que más de dos tercios permanecen abiertos.

En Santa Fe, el informe identifica focos activos en educación, salud y seguridad. En el caso docente, menciona la Carpa Blanca itinerante impulsada por Amsafé y recuerda que, aunque –plus por presentismo y descuento de haberes por días de paro mediante– se alcanzó un acuerdo salarial, persisten las discusiones sobre la evolución de los ingresos frente a la inflación y está prevista una nueva instancia de negociación.

En salud, la situación exhibe diferencias entre organizaciones gremiales. Mientras Amra aceptó la propuesta oficial, Siprus la rechazó y mantiene sus cuestionamientos a la política salarial del gobierno provincial. El conflicto incluye también reclamos vinculados con las condiciones laborales y el funcionamiento del sistema sanitario.

La seguridad constituye otro frente sensible. El informe recoge denuncias de efectivos policiales jóvenes que afirman percibir salarios de entre 700 mil y 900 mil pesos mensuales, además de cuestionamientos por jornadas laborales extensas y problemas en la cobertura de la obra social.

Como en tierra de ciegos el tuerto es rey, Santa Fe se encuentra entre las provincias que conservaron una situación fiscal relativamente más sólida que otras jurisdicciones. Durante el primer cuatrimestre, recibió 3.000 millones de pesos en Adelantos del Tesoro Nacional, muy por debajo de los montos girados a provincias como Misiones, Corrientes o Mendoza. Sin embargo, el CEPA advierte que esos fondos representan una porción marginal de los ingresos provinciales y no constituyen una solución estructural.

La lectura del centro de estudios es que se configura un círculo difícil de romper. Menos actividad económica implica menos consumo; menos consumo genera menor recaudación nacional y provincial; la caída de recursos limita la capacidad de los gobiernos para responder a las demandas salariales y, como consecuencia, se multiplican los conflictos en los sectores donde se concentra el grueso del gasto público.

El informe sugiere que detrás de las protestas y las paritarias tensas asoma un problema más profundo: una estructura de financiamiento sometida a la retracción económica y con cada vez menos margen para absorber demandas crecientes.

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