Un adulto rosarino necesitó $408.480 para no estar bajo la línea de pobreza durante el mes de junio, mientras que la línea de indigencia quedó en torno a los $147.800. El relevamiento, realizado por la Usina de Datos de la Universidad de Rosario (UNR), arrojó un aumento en el precio de los alimentos, impulsado por las subas en productos como las verduras, el pan y las carnes. A su vez, una familia compuesta por dos adultos y dos menores, que no deben pagar un alquiler, requirió $1.214.741 para no ser pobre y $459.659 para satisfacer sus necesidades alimentarias básicas. Además de la suba de precios, desde la organización pusieron el foco en otro problema que se agrava: la pérdida del poder de compra de los salarios. «Lo que se observa desde hace un tiempo es que el costo de las canastas tuvo un salto de nivel y han quedado en valores muy elevados en relación a los salarios promedios», evaluó Paula Durán, coordinadora del organismo.

Según el informe, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) para un adulto rosarino ascendió a $147.800 en junio. La cifra representa un aumento del 4,5% respecto a mayo, mientras que en la comparación con junio del año pasado el aumento llegó al 12,7%. Durante el primer semestre del año, la canasta que sirve para fijar la línea de indigencia acumula un aumento del 5,4%.

En tanto, la Canasta Básica Total (CBT), que incluye bienes y servicios no alimentarios, quedó en el orden de los $408.480. El monto representa un incremento del 5,7% respecto a mayo y se trata del salto mensual más importante en lo que va del año. La variación interanual fue del 12,4% y, en lo que va del 2025, la canasta que establece el umbral de la pobreza acumula una suba del 3,9% en Rosario.

El relevamiento de la Usina de Datos destaca que la suba de junio se explica a partir de un aumento en los precios de los alimentos frescos, que impulsó la canasta alimentaria hacia arriba. Entre los productos que más aumentaron aparecen verduras y hortalizas (16,1%), el pan (15,5%) y las carnes (8,7%), mientras que algunos rubros experimentaron bajas considerables como las frutas (-6,4%), los lácteos (-5,3%) y las bebidas y jugos (-5,3%) . En tanto, la suba de la CBT se vincula a los gastos relacionados con la vivienda.

«En junio, tanto la Canasta Básica Alimentaria como la Canasta Básica Total aumentaron en relación a mayo mucho más de lo que lo venían haciendo los meses anteriores», indicó Durán a Rosario/12. «Esto se debió, en el caso de la canasta alimentaria, al aumento de los alimentos frescos, que son los que tuvieron mayor variación. En cuanto al resto de los bienes y servicios, lo que impactó fue el aumento del costo de la vivienda y los servicios asociados al hogar, fundamentalmente el alquiler», añadió.

Uno de los puntos fuertes del informe aborda la situación según distintas composiciones familiares. Así, una familia integrada por dos adultos y dos menores, que son propietarios de una vivienda y no deben abonar alquiler, necesitaron $1.214.741 para cubrir la Canasta Básica Total y $459.659 para saldar las necesidades alimentarias básicas. En tanto, un adulto que debe sostener un hogar monoparental con dos hijos menores, afrontando un alquiler, necesitó $987.981 para no ser pobre y $320.727 para no caer en la indigencia.

La medición también toma el caso de una pareja de jubilados propietarios de su casa, que necesitaron $591.952 para mantenerse arriba de la línea de pobreza y $221.700 para no caer en la indigencia. Por último, dos jóvenes que conviven en un hogar, sin ser propietarios, necesitaron $929.272 para costear la Canasta Básica Total y $301.512 para cubrir la canasta alimentaria.

Para Durán, el informe de la Usina de Datos muestra «una fotografía preocupante» de la situación económica que atraviesan los hogares rosarinos. «Lo que se observa desde hace un tiempo es que el costo de las canastas tuvo un salto de nivel y han quedado en valores muy elevados en relación a los salarios promedios. Los ingresos corrientes de los hogares han perdido mucho poder adquisitivo y en muchos casos quedan por debajo de las posibilidades de cubrir el costo de estas canastas», señaló y agregó: «Eso pone en jaque la posibilidad de un gran número de familias de sostener un nivel de vida digno».

En ese marco, Durán puso el foco en la cuestión salarial, más allá de las subas registradas a lo largo del informe. «Hay que mirar con atención otro problema que se agrava, que es la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos, el aumento del desempleo y también del subempleo. Es decir, hay más personas que o bien no consiguen trabajo, o bien consiguen trabajos precarios, con pocas horas, baja remuneración y sin derechos laborales», detalló. «Esta combinación —precios altos e ingresos insuficientes— está ampliando las brechas sociales y dejando a una parte cada vez mayor de la población en una situación de vulnerabilidad estructural», advirtió.