Ya debería acostumbrarme pero el Sr. Malandro y sus apariciones no dejan de perturbarme. Habla a mis espaldas y no sé por dónde entró.
-Veo que está trabajando. ¡Y por lo que descubro es que está como siempre del lado de los ganadores!
En mi mesa sobresale la cara de Macri y de Milei a las que le estoy adosando unos bigotitos previsibles hitlerianos y unos cuernitos. -¿Qué te pasa? -lo tuteo para descalificarlo- ¿Ya estás tan viejo que no respetás la privacidad ajena? Hace caso omiso a mi frase y se queda cotejándome.
-¡Oh la lá! ¡La batalla cultural a pleno! ¿Con estos afichitos va a destruir al Minotauro? Muy setentista: hoy se usa ser un youtuber o el trolleo. ¿No se enteró? ¿O su partido no le paga por ese trabajito?
-No tengo partido y estoy en mi estudio, en mi lugar de trabajo y usted viene a romperme las pelotas sin siquiera golpear la puerta.
-Vea, vea no se rechifle que le envío una maldición y se queda pelado del todo o su equipo se va al descenso, ¿estamos? -sonríe- Dígame, ¿cree que van a ganar? ¿A parar la máquina de mentir, agrandar, asustar, prometer solamente con buena voluntad y afichitos? ¿Van a detener una motosierra con decretos y apelando a la historia sacrosanta del bien común, la democracia, los derechos adquiridos, la liturgia de los bombos y el Viva Perón? No se olviden que entre otros, ustedes dejaron crecer la peste que se avecina. Y deben cambiar ahora sí o sí, de lo contrario no existen más. Ja.
-Ja, la puta que te parió. Al menos yo creo en algo. Usted anda por la estratosfera sin nadie a quien querer, solo como un perro con sarna, cuestionando y burlándose de todos. ¿Quién se cree que es? Dígame, che boludo.
-Recuerde que la vez pasada -me mira- se puso a llorar en mi hombro como una Ornella Mutti defraudada en amores y hoy me putea. Sea coherente: Milei ganó en poblados donde todo es del Estado y si desaparece, ellos también lo hacen. Hay algo que está pasando que no entienden. ¿Cómo se dejan manosear por un tipo que dice tener asistencia divina? ¿Y la viveza criolla, y la sorna argentina para destruir al adversario? Si se tranquiliza le voy a confiar la fórmula ganadora para derrotar eso que usted dice combatir. Siéntese, deje la trincheta y relájese que le voy a contar un cuentito. Al menos, si no es una solución se pegará gratis un buen viajecito.
Me siento y penetro en un sueño inducido.
***
Sentado a horcajadas de un inodoro gigante hay un rey gordito, enojado, vestido de arquero. Se levanta, hace el paso de la gallinita de Jagger mientras arroja al aire volantes del Papa que lleva impresos en su toga la hoz y el martillo. La multitud que tiene los ojos cegados lo vitorea sin verlo, aúllan las sirenas de la policía y detrás, como en un mercado, soldados vestidos de rosa a lo Inter de Miami fusilan gente que cae a una picadora y salen convertidos en salchichas como en The Wall. Hay un concurso tipo La Voz pero al que logra afinar lo arrojan a los chanchos. Periodistas conocidos de TN y otros de su especie tartamudean de gozo y lloran emocionados, salpicados de sangre y excrementos. Lotocky expone culos de vedettes que cambia por órganos expuestos como en un mercado de Oriente que la gente ofrece en bolsas de nylon. Bonadío resucita y clava otra pila de acusaciones contra la luna por no mostrar su cara. Videla, vestido de Caperucita, ofrece un espectáculo para niños y en un predio minado se vende Malvinas al mejor postor. Tinelli conduce el evento, Fantino baila abrazado a Lanata sobre una cuerda floja y Majul disfrazado de cocodrilo los espera abajo en la ciénaga donde sobrenadan el Baby, Leuco, Viale y sus secuaces. En el aire hay olor a pochoclos recién horneados y tufo de camisetas sudadas de un Boca campeón. Detrás, los campos de Goya, los aquelarres, El Grito de Mund, el Guernica, los cuadros de Brueguel, esqueletos gordos de Bottero, campos de maíz incendiados de Van Gogh y Minies y Mickeys desangrándose a piñas sobre un cuadrilátero. Hasta donde alcanza mi vista todo se complejiza con rostros, astros y artes conocidas.
Miro al Sr. Malandro: -Muy previsible todo este mundo berreta ¿Cree poder impresionarme con esto?
Apoyado en cuatro chicas Play Boy larga una carcajada: -Lo lamento, es lo único que tengo a mano, vea, contemple, disfrute que es el mundo imaginario que le preparé con mucho amor, zoncito, zurdito con pretensiones, gil a cuadros.
-No me ofenda.
Voy disparado para golpearlo y se me aparece la cara de mi madre. Me detengo, le paso mis dedos por su frente, la consuelo. -Hola má-, le digo y la abrazo.
Veo un refucilo. El Sr. Malandro está a mis espaldas echándome humo de hachís. -Que buen hijo resultó- y se esfuma como un demonio. Siento un tirón y despierto.
***
-Bon, bon, bon, este es mi mundo y soy feliz así, dándote a ti lo mejor de mi…- El Sr. Malandro tararea aquella cancioncita de Donald mientras me ofrece café humeante. -¿Y? ¿Le gustó el viajecito? Como en el tema de Piazzolla es lo que vendrá, amiguito. Yo me recompongo con la bebida. Está sufriendo el jet lack. Pero mire, piense un poco. No tiene un lugar a donde ir. En todos lados será igual. Europa arde, Africa explota, el Caribe se seca, los paraísos de los mares, las islas de Oceanía están repletas de turistas desesperados y de plásticos nucleares. Las selvas se desvastan, los músicos se mimetizan en inteligencias artificiales y su novia lo dejó. Su equipo no gana, la plata no le alcanza y Evita no vuelve más. Tampoco le queda matarse que sabe es la solución momentánea: un dolorcito en las sienes y luego aparecerá en otra era donde todo será peor. Se lo aseguro.
Estoy con la cabeza gacha mirando la taza vacía de café. -Está bien me ha vencido. ¿Qué tengo que hacer?
El Sr. Malandro se alisa el pelo, enciende uno de sus cigarritos: -Remember: la violencia física está siendo reemplazada por las técnicas de propaganda, por las drogas con permiso del oprimido, saltando su lado racional y haciendo que amen su esclavitud. Pero esto es como cuando los gobiernos cesan en la búsqueda de desaparecidos en el mar. O en las montañas. O en los chupaderos. Sus parientes jamás olvidan. Recuerda, oh argentinito angustiado, que la madre de Marita Verón tardó décadas en encontrar a los culpables ya identificados. ¿Capishi? Es todo lo que tengo para decirle hoy, grumete de este naufragio momentáneo. Ahora, venga, póngase ese saco negro y sencillamente acompáñeme a un sitio mejor, al verdadero Paraíso en la tierra: una barra con buen alcohol, un bar en penumbras con música de Miles Davis. Invito yo. Discépolo es el barman.
Por Adrián Abonizio
