La Muni pausó proyecto en una casa histórica
El Ejecutivo municipal pidió al Concejo que le devuelva el expediente sobre la Casa Cullen Poggi, donde se proyecta una torre de 16 pisos.

En el múltiple frente de batalla constructivo – inmobiliario que bulle en Rosario con la venia del Ejecutivo local, uno de los proyectos en danza entró en stand by. La Municipalidad abrió un compás de espera en la construcción de un edificio de 16 pisos en Urquiza y bulevar Oroño, en torno a la histórica casa Cullen Poggi, y solicitó al Concejo que le reenvíe el expediente del convenio urbanístico que había propuesto para habilitar esa obra.
El pedido introdujo una pausa en una discusión que ya había comenzado a tensionar al oficialismo y a parte de la oposición alrededor de los límites entre preservación patrimonial y desarrollo inmobiliario.
La novedad se conoció en la última reunión de la comisión de Planeamiento del Palacio Vasallo, cuando su presidenta, la concejala María Fernanda Gigliani, informó que el secretario de Obras Públicas y Planeamiento municipal, Eduardo Bressán, remitió un correo electrónico en el que solicita la devolución del mensaje enviado por la Intendencia referido al convenio de preservación patrimonial del inmueble ubicado en Urquiza 2228. Sin mayores objeciones, la comisión acordó reenviar el expediente al Departamento Ejecutivo.
La decisión implica, al menos por ahora, un freno administrativo al tratamiento de uno de los proyectos urbanísticos más sensibles de los últimos meses. La propuesta había comenzado a discutirse en abril y planteaba una intervención integral sobre la conocida Casa Cullen Poggi, una construcción de la década del cuarenta ubicada en una de las esquinas más reconocibles de la ciudad, dentro del Área de Protección Histórica de bulevar Oroño.
Acaso el oficialismo procura reformular el abordaje, luego de la reacción con múltiples rechazos de vecinos y arquitectos a otra iniciativa parecida, en avenida Belgrano 548, dentro del Área de Protección Histórica Parque Nacional a la Bandera.
El esquema impulsado por el oficialismo propone conservar y restaurar la casona histórica mientras, en el fondo del terreno, se levantaría un edificio contemporáneo de usos mixtos con viviendas, oficinas y espacios comerciales. El nuevo volumen alcanzaría una altura máxima de 48,45 metros –planta baja más 16 pisos– y sumaría aproximadamente 8.700 metros cuadrados construidos, además de subsuelos para cocheras.
La iniciativa generó resistencias desde el comienzo. Tanto el bloque de Ciudad Futura como la propia Gigliani (Iniciativa Popular) manifestaron reparos frente al alcance del emprendimiento y cuestionaron que la preservación patrimonial quede subordinada a la rentabilidad inmobiliaria. El proyecto reabrió así una discusión recurrente en Rosario: hasta dónde puede crecer la ciudad en zonas históricas sin alterar su identidad urbana.
Gigliani expresó en su momento desacuerdo con la iniciativa y señaló que en un primer dictamen del Programa de Preservación se hacía referencia a tres pisos más de altura del nuevo edificio. Juan Monteverde, por Ciudad Futura, había coincidido con esas objeciones.
Desde el javkinismo defienden el convenio bajo una lógica de “compensación”. El concejal oficialista Fabrizio Fiatti sostuvo en los últimos días que el patrimonio “si no genera valor, no se sostiene en el tiempo”, y argumentó que el desarrollador asumiría la restauración completa del inmueble a cambio de obtener condiciones para construir nuevas superficies en sectores sin valor patrimonial.
De todos modos, en la oposición suponen que la reacción desatada por el proyecto de Belgrano 548 hizo desensillar al oficialismo, aunque el mensaje enviado por Bressán sorprendió en cierto modo.
Según el anteproyecto elaborado por el estudio Laurino Pantarotto Vozzi Malgioglio, la intervención busca diferenciar lo histórico de lo nuevo. La fachada sobre Oroño se conservaría en su totalidad, respetando vanos y materialidad original, mientras que el interior de la casona sería adaptado para un espacio gastronómico. Detrás de esa estructura crecería el nuevo edificio, conectado mediante un “fuelle” vidriado que permitiría distinguir visualmente la construcción original de la ampliación contemporánea.
El proyecto también incorpora terrazas y muros verdes, elementos que el oficialismo presenta como parte de una estrategia de sustentabilidad urbana orientada a mejorar las condiciones ambientales y paisajísticas del entorno inmediato.
Fiatti remarcó además que este tipo de desarrollos evita el deterioro de inmuebles históricos que muchas veces terminan abandonados o demolidos. “Consolida el suelo urbano con prestación eficiente de servicios y genera nuevos usos donde antes había abandono”, argumentó el edil, quien considera que la iniciativa expresa “hacia dónde puede crecer Rosario”.
La devolución del expediente al Ejecutivo abre ahora interrogantes sobre el futuro inmediato del proyecto. En el Palacio Vasallo nadie descartaba este lunes que la Intendencia busque introducir modificaciones para descomprimir resistencias políticas y sociales antes de volver a enviarlo al recinto. Mientras tanto, la discusión sobre qué hacer con uno de los inmuebles más emblemáticos de bulevar Oroño seguirá en suspenso.
