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LITERATURA. Entrevista a Reynaldo Sietecase

“El oficio de contar es el que me permite conectar periodismo y literatura”

“Cabrón”, su nuevo libro, es la reconstrucción de un padre a partir de las cosas que dejó a su hijo.

Gentileza -, Gentileza Alejandra Lopez

Dice que se propuso narrar una arqueología de Reynaldo Sietecase, su padre, a través de escenas breves, “pedacitos” donde poder contar además a su familia, a Rosario, en un contexto de otro país llamado Argentina. Cabrón (editado por Alfaguara) es el séptimo libro de Reynaldo Sietecase, el hijo, acaso el más personal.

-En el libro hay una frase que bien podría funcionar como una síntesis. “Siempre es bueno tener algo para contar”, dice tu padre, “el cabrón” –pregunta Rosario/12.

-Sí, pero no sólo del libro sino de mi vida. El oficio de contar es el que me permite conectar periodismo y literatura. En un caso narrando “la verdad de los hechos” y, en el otro, con la libertad que te da la ficción. De hecho el recuerdo que más me gusta de mi padre es el que lo ubica en la habitación de infancia contando un cuento antes de que nos durmiéramos. Hay algo vinculado a los relatos que nos define a los dos.

-Hay un “para qué” también, que es una forma de explicar por qué lo escribiste.

-Lo explico a mi modo en el libro, escribí sobre mi padre por necesidad. Para iluminar un vacío, no para llenarlo. Me sentí con derecho a inventar una memoria real donde sólo existe una herida, la presencia de una ausencia muy determinante. Es un libro que se me impuso. Estuve cursando una Maestría de Escritura Creativa (en la Untref que dirige María Negroni) y durante un ejercicio basado en un recuerdo narré una escena de mi padre cantando, el texto me conformó por su precisión, pero me generó una angustia extra: me dí cuenta de que no recordaba la voz de mi viejo. Eso me llevó a buscar una grabación –de las pocas que conservo, ya que en esa época no había teléfonos inteligentes funcionando como cámaras– y lo pude ver y escuchar mientras está comprando una cámara en 1992. En esa filmación el vendedor le hace zoom en los anteojos, el anillo de sello, la lapicera que lleva cruzada en la camisa. Eso hizo que me diera cuenta que esas cosas estaban conmigo.

-Me pareció una originalidad que el libro naciera a partir de los objetos que están presentes en tu casa, que eran de tu padre. Todo un disparador.

-Creo que ese es el aspecto más novedoso que tiene Cabrón. La reconstrucción de un padre a partir de las cosas que dejó. En este proceso leí una decena de libros sobre padres (hay muchos, me animo a decir que se podría hablar hasta de un subgénero literario), pero ninguno está construido a partir de las cosas que quedaron. Hice una suerte de arqueología, desde esos “pedacitos” intentar contar el todo: a mi padre, a mi familia, y por qué no, una época de un país. La tesis de mi Maestría se titula: “Arqueología de mi padre”. Después seguí escribiendo y esa tesis se convirtió en el libro.

-Te habrás preguntado en medio del proceso del trabajo de escritura “a quién le puede interesar la vida de mi padre”.

-Claro. Incluso dudé si tenía un libro o no. Mi editora de Alfaguara, ya hace 25 años que publico en esa editorial, me convenció que lo era. Pasa que se recortaba mucho de mis novelas criminales y yo estoy a full haciendo ficción. Pero entre lo que me dijo ella, Magalí Echebarne, que es una gran escritora, y Juan Boido, director de la editorial, me terminaron de entusiasmar. Además, la mayoría de los libros sobre “el padre” describen a personas comunes. El tema es cómo era esa relación y cómo está narrada. Inevitablemente la figura patriarcal, con lo bueno y lo malo, es determinante en nuestras vidas y el interés radica en eso. Como lidiamos con su presencia, a veces asfixiante aunque amorosa, y luego con su ausencia.

-No había otra manera de escribirlo que en primera persona.

-Creo que no.

-¿Cómo te sentiste navegando por esa literatura?

-Yo no me siento cómodo en ese registro, de mis cuatro novelas solo uno está narrada en primera (No pidas nada), pero en ese caso estoy tan implicado que cualquier otro registro la hubiese tornado irreal o desangelada. Lo que sí cuidé es que no aparecieran historias mías que no tuviesen que ver con la figura de mi padre. De hecho, este libro adelgazó muchas páginas que narraban cuestiones mías, desde mi laburo periodístico, mi viaje a Buenos Aires, la relación con personajes como Lanata o Sabina, algunas oscuridades, pero comprendí que no tenían nada que ver y me editora me ayudó a cortar. El más sano de los ejercicios para un escritor.

– ¿Qué devolución estás teniendo de lectores, críticos y colegas?

-En general muy buenas. Este es mi libro más íntimo y personal, me expongo mucho. De lectores recibo comentarios muy intensos: gente que me dice que le hizo volver a buscar los objetos de sus padres, u otros que me dicen que lograron hacer el duelo después de esta lectura, o que los impulsó a escribir. Los críticos, aunque cada vez hay menos en los medios, en general, ponderan la escritura. Creo que algunos no me habían leído. Yo sigo lidiando con los que, en el mundo de la literatura, no me terminan de validad porque vengo del periodismo. Y no es así, yo vengo de la literatura al periodismo y ya tengo ocho libros de poesía, dos de relatos, cuatro novelas, es hora que me reconozcan como lo que soy, escritor y periodista. Después les pueden gustar o no mis libros.

-Quiero decirte que me gustaba más el título que habías pensado originalmente. “Últimas noticias de mi padre”. Pero, se sabe, los editores siempre tienen la última palabra (risas).

-Mi maestro y amigo Mario Trejo, decía “titular es vender”, en el sentido de atrapar, conquistar, invitar a leer. Pero Cabrón tiene una contundencia definitiva, los títulos con una sola palabra son muy potentes. Me lo sugirió la esposa de mi papá, y creo que lo define y me define. Además con esa foto del servicio militar en tapa calza perfecto. Y, como me llamo igual que mi viejo, y la tapa dice: “Reynaldo Sietecase Cabrón”, ratifica que también yo lo soy.

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