Opinión

Los riesgos que genera el Gobierno por relajar los préstamos en dólares

El fantasma del 2001 y una decisión apurada

La medida, en una economía atravesada por devaluaciones, vuelve con el interrogante sobre la estabilidad futura del sistema. El peligro del descalce entre activos y pasivos.

Dolares volando
El tipo de préstamo podría alimentar la dolarización o la fuga de capitales. Archivo -. BillionPhotos.com – stock.adobe.

La decisión del Banco Central de habilitar créditos en dólares para empresas que no generan divisas de manera directa difícilmente produzca un salto significativo en el volumen de préstamos, según coinciden distintos economistas consultados por este diario. Sin embargo, la medida tiene implicancias que van más allá de su impacto inmediato sobre el financiamiento: flexibiliza una regulación creada tras la crisis de 2001 para evitar “descalces” entre activos y pasivos bancarios en distintas monedas, uno de los factores que históricamente amplificó las crisis financieras argentinas. En un país atravesado por recurrentes episodios de devaluación, se vuelven a instalar interrogantes sobre la estabilidad futura del sistema.

El Banco Central aprobó el jueves pasado una nueva norma que relaja la operatoria de los créditos en en moneda estadounidense, profundizando el desarme de las regulaciones implementadas tras la salida de la Convertibilidad. A partir de ahora, los bancos podrán otorgar financiamiento en moneda extranjera a empresas que no generan dólares de manera directa, siempre que cuenten con una garantía otorgada por una firma exportadora con capacidad suficiente para respaldar la operación.

El regreso del riesgo cambiario

Consultado por Página/12, Alejandro Vanoli, ex presidente del Banco Central, cuestionó la decisión por considerar que debilita una regulación macroprudencial que permitió preservar la solvencia del sistema financiero durante más de dos décadas. Según señaló, el Decreto 905, sancionado tras la crisis de 2001, ayudó a atravesar episodios de fuerte volatilidad —desde la crisis financiera internacional de 2008 hasta las corridas cambiarias de los últimos años— sin comprometer la estabilidad bancaria.

Aunque reconoció que la flexibilización actual tiene un alcance acotado, advirtió que establece un precedente para futuros levantamientos de restricciones. “En un país altamente dolarizado y con una larga historia de crisis cambiarias, abandonar estos resguardos implica asumir riesgos importantes”, sostuvo.

El principal peligro es que una futura devaluación incremente abruptamente el peso de las deudas en dólares sobre empresas cuyos ingresos permanecen nominados en pesos, reproduciendo los problemas de repago y los descalces de moneda que motivaron la creación de estas previsiones hace más de dos décadas.

Un cambio riesgoso y con impacto limitado para la reactivación

El diagnóstico oficial es que el financiamiento privado continúa mostrando escaso dinamismo luego del endurecimiento monetario aplicado durante 2025 y que los elevados niveles de liquidez en moneda extranjera no encuentran suficiente demanda por las restricciones regulatorias vigentes.

“Si miramos el ratio de stock de préstamos sobre depósitos privados en dólares, todavía no alcanzó el último pico de 2018”, señaló Lorena Giorgio, economista jefe de la consultora Equilibra. De modo que existe espacio para una mayor expansión del crédito en dólares. Sin embargo, “la dificultad radica en que cuanto más cerca estemos de las elecciones presidenciales habrá mayor tensión cambiaria y, con ella, expectativas de devaluación, desalentando la demanda de este tipo de préstamos”, agregó la especialista.

Para Giorgio, el impacto de este cambio normativo será limitado. Buena parte de las empresas que podrían cumplir con el requisito de presentar garantías son subsidiarias de compañías exportadoras, por lo que las operaciones tenderían a realizarse dentro de un mismo grupo económico. En ese contexto, resulta difícil imaginar que la medida genere un aumento significativo del endeudamiento agregado del sector privado.

El Gobierno ya había flexibilizado el Decreto 905 a comienzos de 2025 al permitir que los bancos utilizaran dólares propios, obtenidos mediante colocaciones de deuda, para otorgar créditos en moneda extranjera.

La medida tuvo escaso impacto sobre la expansión del crédito, lo que sugiere que las restricciones regulatorias no son el principal obstáculo para la demanda de financiamiento en dólares.

Más dólares para el mercado

Para el economista del Centro Cultural de la Cooperación, Estanislao Malic, la medida también apunta a expandir la liquidez y monetizar la economía. Pero al mismo tiempo adviertió que detrás de esa decisión existe además un objetivo financiero vinculado a la estrategia de financiamiento del Tesoro: “Si la empresa que toma el crédito en dólares luego vende esas divisas en el mercado, el Banco Central las comprará a cambio de pesos. Eso es absolutamente necesario para asegurar el roll over de la deuda en pesos del Tesoro, porque implica una mayor cantidad de pesos circulando y buscando alternativas de inversión”.

El especialista remarcó además que, en principio, esta operatoria no modifica el nivel de reservas internacionales, ya que los dólares utilizados para otorgar los créditos ya se encuentran depositados y encajados en el Banco Central. De todas maneras alertó que si la autoridad monetaria no absorbiera esas divisas y la empresa decidiera venderlas en el mercado o transferirlas al exterior, podría producirse una salida de dólares manteniéndose inalterado el stock de depósitos en dólares. El riesgo, por lo tanto, es que los préstamos terminen alimentando procesos de dolarización o fuga de capitales en lugar de financiar inversiones productivas.

Por su parte, Haroldo Montagú, economista jefe de la consultora Vectorial, interpretó la decisión como un nuevo intento del Gobierno por ampliar la oferta de divisas en el mercado cambiario sin recurrir a a una generación genuina de dólares. En ese marco, explicó que el aumento de la morosidad bancaria registrado entre fines de 2025 y comienzos de 2026 llevó a las entidades financieras a restringir el otorgamiento de créditos, por lo que la medida apunta a ampliar el universo de empresas elegibles y facilitar la colocación de préstamos en moneda extranjera. “De modo que los bancos prestan con más cuidado ahora, y esta medida facilita la posibilidad de que los bancos presten”, detalló.

No obstante, aclaró que el mecanismo no implica un ingreso neto de divisas para la economía, ya que los dólares involucrados ya se encontraban dentro del sistema financiero. “Cuando esos préstamos se liquiden, pasarán a engrosar la oferta de dólares en el mercado y eso ayudará a contener presiones cambiarias, pero no a engrosar reservas por una vía de generación genuina de divisas”, remarcó.

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