Opinión

Manual de autoayuda presidencial

Milei revive el Cavallo 2001 y amenaza con quedarse hasta que lo saquen «con los pies para adelante»

Tras perder doce votaciones seguidas, el Presidente usó la cadena nacional para mezclar un acting de víctima, amenazas veladas y un déjà vu económico que huele a helicóptero viejo. (Foto: CHATGPT-IA)

El prescindente Javier Milei apareció en prime time como esos cantantes que prometen “temas nuevos” y terminan reciclando los hits de otro. En este caso, el cover fue “Déficit Cero”, versión 2001 de Domingo Cavallo, con el mismo aroma a ajuste eterno y el mismo riesgo de final abrupto.

Lo único original fue la frase “me van a tener que sacar con los pies para adelante”, que sonó menos a firmeza y más a un prescindente hablándole a su espejo para convencerse de que todavía manda.

Perdió doce votaciones en Diputados de un saque, pero en vez de procesar la derrota como un demócrata, decidió sentarse con Toto Caputo al lado, el mismo que duplicó la base monetaria con sus tasas, y acusar al Congreso de genocida por aprobar aumentos a jubilados, universidades y al Garrahan.

El anuncio estrella fue un proyecto para meter presos a diputados que voten presupuestos con déficit. Una idea que, en la práctica, transformaría a medio Congreso en una unidad básica de Ezeiza.

No explicó cómo penalizará a los ministros que regalan retenciones al campo o a los que disparan el gasto con tasas usureras, porque, claro, eso no entra en el catálogo de “delitos” del ajuste sagrado.

El acting incluyó la frase “tomar a los ciudadanos por idiotas”, que, pronunciada por quien prometió que la inflación bajaba sola por obra del mercado, suena como un chiste involuntario.

También repitió que su trabajo “no es parecer bueno, sino hacer el bien”, lo cual, traducido al mileísta, significa “voy a hacer lo que se me canta y ustedes sonrían”.

Para rematar, comparó el gasto social con un plan para “quebrar la economía”, olvidando que su propio modelo de tasas y recesión ya está haciendo ese trabajo gratis.

Y mientras el país vuelve a escuchar nombres y leyes del 2001, Milei juega a ser el último guardián del superávit, aunque la historia argentina tenga un recordatorio cruel: cada vez que un presidente gritó que lo iban a tener que sacar muerto, lo terminaron sacando… pero vivo, y sin que le dejen elegir el transporte.

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